ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Reynaldo González, Premio Nacional de Literatura. Foto: Mederos, Aldo

El narrador, ensayista, periodista y editor Reynaldo González acaba de cumplir 75 años y a pesar de ese paso que siempre nos parece bre­ve del tiempo, no debemos olvidar que se trata de uno de nuestros escritores que más huellas perdurables ha dejado en la exploración de lo cubano.

Es por ello quizá que, al prologar ese extraodinario libro de ensayos que el autor tituló Con­tradanzas y latigazos, el ya fallecido historiador Manuel Moreno Fraginals expresara que con este volumen el autor “ha hecho un aporte muy importante a la cultura cubana” respondiendo, añadía, “a la necesidad de comenzar a decir, de expresar criterios soslayados, manipulados en la historiografía tradicional”.

La irreverencia de Reynaldo es una virtud de su escritura. En cada uno de sus libros, que se acercan a la veintena, su ojo entrenado para desa­cralizar nos ofrece una mirada nueva y siempre original de los fenómenos a los que se acerca como ensayista pero también como el autor de novelas transgresoras e impecables en su lenguaje, como su trascendente Al cielo sometidos, un texto que en mi opinión se encuentra entre los mejores publicados en Cuba en los últimos 40 años.

En el autor de Llorar es un placer (1989) lo “culto” y lo popular se conjugan de manera dialógica y muy personal. Por ello lo mismo incursiona en el complicado mundo de José Lezama Lima que se acerca a la menospreciada obra de un Félix B. Caignet, poniendo los puntos sobre las íes a aquellos que solo miran a lo canonizado por las historias de la literatura y ciertos académicos un tanto alejados de los tan importantes fenómenos de la cultura de masas.

Su cubanía esencial no le permite a este intelectual de salidas sorprendentes e ingeniosas, consideraciones personales que lo hagan alejarse de lo que una parte del pueblo considera su patrimonio, aun cuando sea para hacerlo reflexionar sobre lo que últimamente se ha dado en llamar “consumo cultural”.

De igual modo ha estudiado el cine, el tabaco, a Cecilia Valdés, al mismo tiempo que nos ha regalado un único y bellísimo libro de sonetos, Envidia de Adriano, transgresor y atrevido como el propio Reynaldo, un hombre sin pelos en la lengua, aficionado a llamar a las cosas por su nombre aunque ello moleste a los que preferirían una actitud más conciliadora y diplomática.

Eso no va con una personalidad que hay que aceptar con sus desplantes y su, a veces, desmesurada sinceridad.
Miembro de la Academia Cubana de la Len­gua, Premio Nacional de Literatura y de Pe­rio­dismo Cultural, siete veces reconocido en los certámenes anuales de la crítica cubana y traducido al inglés, al francés, al italiano y al polaco, este constante trabajador de la palabra tiene últimamente un reconocimiento más.

Se trata de la excelente revista que dirige, La Siempreviva, una verdadera joya que contiene muy serios y rigurosos artículos a la vez que estimula algo tan necesario como la crítica puntual de los libros que se van publicando en Cuba, sin olvidar las páginas dedicadas a la creación literaria propiamente dicha.

Todo lo que en esa revista aparece es discriminado por el juicio sin concesiones, por la excelencia formal y conceptual.

Admirador y gran conocedor de la música tradicional cubana, del filin, de la Nueva Trova y de todo lo que tiene que ver con nuestra identidad, sumerge y completa la pasión de este escritor por una Cuba a la que ha ayudado a dar a conocer al mundo tanto por su obra creativa como por la infinidad de conferencias que lo han llevado a un montón de ciudades, donde su voz ha podido escucharse más allá de los tópicos, sin asomo de dogmatismo y con fidelidad a los principios que sustenta, sin dejarse seducir por los cantos de sirena que le han debido llegar para que desista en esa terca y no negociable lealtad.

Llegar a los 75 años con ese currículum vitae y con toda su labor a favor de la cultura cubana no es empresa fácil, más si se piensa en algunas épocas tormentosas que le tocó vivir y que él supo convertir en años fructíferos, al tiempo que evitó los resentimientos contra los que un día intentaron alejarlo de la vida cultural de su país.

Es por eso que he querido dedicar estas líneas a tan feliz aniversario. El de un cubano que declara: “soy solamente un escritor” aun cuando estoy convencida de que él es mucho más que eso. Porque en Cuba solo tenemos un Reynaldo Gon­zález, inatrapable en su multiplicidad de facetas: un cubano a toda prueba, una conciencia al servicio de las mejores causas.

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nyls gustavo ponce seoane dijo:

1

9 de octubre de 2015

07:10:42


FELICIDADES PUES !

Diego (España) dijo:

2

9 de octubre de 2015

12:52:13


Felicidades, Reynaldo. Espero celebrar pronto contigo este cumpleaños, aunque sea con cierto retraso. La cronista se olvida de su libro "El bello habano", uno de los ensayos mas completo que se ha escrito de la historia del tabaco. Saludos.