
Lo que bien comienza, mejor termina. El Segundo Encuentro de Jóvenes Pianistas acaba de confirmar su altura y pertinencia en el panorama musical cubano: casi un mes de recitales y jornadas sinfónicas marcadas por el rigor y con invitados internacionales de primera línea en pleno desarrollo para un público que incluyó a jóvenes y estudiantes de música.
Para el epílogo de este ciclo, organizado por la Oficina del Historiador de la Ciudad, el director artístico del proyecto, el profesor Salomon Gadles Mikowsky, reservó a dos jóvenes que frisan la treintena de años, el chino Jie Yuan y el cubano Marcos Madrigal, en una velada efectuada en el teatro Martí con la participación de la Orquesta Sinfónica Nacional conducida por el maestro Enrique Pérez Mesa.
Jie es una de las nuevas cartas de triunfo de su país en los circuitos internacionales de la música de concierto. En sus presentaciones en todos los continentes, desde Australia hasta Estados Unidos, desde Japón hasta Argentina, tanto en conciertos sinfónicos como en recitales, ha ido conquistando a públicos diversos. Con Mikowsky ha comenzado una nueva etapa de perfeccionamiento en la Music School of Manhattan.
Para su última comparecencia habanera escogió el Concierto no. 2, de Chopin, obra en la que el compositor polaco, que no las tenía todas consigo a la hora de orquestar, concentró en la parte solista su proverbial genio pianístico. En especial, el segundo movimiento le permitió a Jie desplegar su costado más lírico, antes de que en las piezas fuera de programa, con que mostró su gratitud al público, desatara su virtuosismo mediante la imaginativa versión de Liszt sobre la Marcha nupcial, de Mendelssohn, y la supersónica digitación que demanda El vuelo del moscardón, de Rimski-Kórsakov.
Recién titulado Máster en Música por el Conservatorio de Lugano (Suiza) bajo la atención del pedagogo norteamericano William Grant Naboré y con la memoria de sus años de formación tutelada por Teresita Junco, Madrigal desembarcó con el Concierto en La menor, del noruego Edvard Grieg.
Revisada siete veces por su autor antes de plasmar en 1907 la versión definitiva, esta obra clasifica entre los conciertos para piano de mayor permanencia en el repertorio y más gustados por el público, pese al reparo de cierto sector hipercrítico que suele compararlo con la obra de igual tonalidad escrita antes por Schumann y motivó en su día al compositor nórdico.
Madrigal ofreció una interpretación disfrutable no solo por la intensidad romántica, sino también por la dinámica de los planos sonoros y la empatía con la masa instrumental de la OSN.
Para sellar su paso estelar por la escena del Martí, Madrigal ofreció una inusual recreación pianística del pasaje más conocido de la ópera El barbero de Sevilla, de Rossini, y recaló en las aguas ibéricas de Lecuona.











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Javier dijo:
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2 de julio de 2014
08:25:47
Jayku dijo:
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2 de julio de 2014
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Juan Miguel dijo:
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2 de julio de 2014
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2 de julio de 2014
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Alejandro dijo:
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13 de julio de 2014
11:19:03
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