ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Luis Mariano Carbonell siempre ha estado ahí. Primero con sus mangas guaracheras, las estampas chispeantes de humor y ese epíteto a cuestas que lo representa como el Acuarelista de la Poesía Antillana.

No advertíamos entonces, cuando en el show televisivo se anunciaba ocupaba un lugar privilegiado, que la etiqueta le quedaba grande, que Luis era todo menos un tópico del folclor.

Él mismo era, es, será, un poeta. Un creador en toda la extensión de la palabra. Un apwon iluminado con la gracia de saber llegar al corazón y a la inteligencia con una inflexión, un acento, un simple gesto de sus manos o la leve mutación del rostro.

Después sabríamos mucho más de él y recibiríamos sus entregas multiplicadas en la escena y la tertulia familiar, o a través de otros a los que aconsejaba y definía repertorios y estilos musicales. Porque también Luis ha sido uno de nuestros más encumbrados (y ocultos) músicos.

El 26 de julio de 2013 cumplió 90 años y ahora, que se preparaba para celebrar los 91 con nuevos proyectos, el cuerpo no resistió más. Fueron varias y complicadas las dolencias en los últimos meses, enfrentadas por él con el mismo espíritu de resistencia que le permitió sobreponerse hace una década a un accidente cerebrovascular.

Pero no voy a hablar de su muerte en la madrugada del sábado 24 de mayo, ni de la consternación popular ante su partida, ni de los honores que recibe por parte de sus colegas de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (El viernes 23 conversó con el poeta Miguel Barnet con el dolor de quien intuía cercano el final y sin embargo había trazas de optimismo en su voz).

Voy a contar entonces de su origen, de los días iniciales en Santiago de Cuba, cuando en el seno de una familia de maestros, soñó con ser pianista, y se aplicaba bajo la tutela de Josefina Farrés. Fue un sueño que no abandonó al mudarse a La Habana, pospuesto sin embargo cuando su modo de recitar lo llevó a consagrarse (y revolucionar) la declamación.

Lo hizo a partir de un riguroso conocimiento de la métrica y el ritmo interior de los versos que aprendía y de las estampas que fue incorporando a su repertorio, hasta definir un aire, una proyección, un estilo.

La poesía ya era desde Santiago parte de su vida. Una de sus hermanas decía versos y Luis aseguró que de haberse dedicado a ello profesionalmente sería hoy reconocida.

El gran salto de Luis tuvo lugar en 1947 cuando se presentó en Estados Unidos y unió su carrera a las de Ernesto Lecuona, Gilberto Valdés, Ester Borja y las luminarias que formaban parte de la empresa artística del autor de María la O.

La lírica que reivindicó los aportes del negro a la cubanía comenzó a formar parte de su memoria íntima: Nicolás Guillén, Emilio Ballagas, José Zacarías Tallet, Eugenio Florit, Marcelino Arozarena, y de ahí comenzó el viaje hacia otras zonas de la poética caribeña, con admiración particular hacia el puertorriqueño Luis Palés Matos.

A comienzos de los años 60, su nombre era imprescindible no solo en Cuba sino en otros países de la región y en Estados Unidos. Recibió proposiciones para emigrar por gente que no sabía que Luis Mariano había hecho un pacto irrenunciable con su tierra, su identidad y la vocación de justicia social que comenzaba a ser realidad entre los suyos.

Voy a contar entonces de ese segundo aire de Luis Mariano, el que lo llevó al emplearse a fondo en el montaje de la Elegía a Jesús Menéndez, de Nicolás Guillén, y de los oriki de Miguel Barnet, y de los cuentos del mexicano Juan José Arreola, y de las miniaturas satíricas del venezolano Aquiles Nazoa, o ahora poco El baile, de Virgilio Piñera.

Y de un tercer aire, el de su sentido de la ubicuidad en espectáculos, teatros, puestas en pantalla, de la escena a la escuela y de la escuela a la escena, en coloquios y talleres con un sentido de la participación social que habla de su verticalidad cívica.

Y un cuarto aire que nunca ha dejó fuera de sí, la música, la orientación de repertorios, el pulimento de estilos en cantantes líricos y populares o agrupaciones que recorren la escala de Los Cañas a Los Papines.

Único e irrepetible. Como Bola de Nieve y Rita Montaner. Siempre aquí estarás, Luis Mariano. Como una palma real.

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ILEANA MARRON dijo:

1

24 de mayo de 2014

23:41:29


siento mucho la gran perdida de un gran artista y maestro de generaciones donde tuve el honor de ser su alumna y compartir esenarios que siempre estara en nuestro corazon el gran maestro mis condolencias a su familiares

Doris dijo:

2

25 de mayo de 2014

08:46:11


Carbonel con tu partida dejas un vacio en la cultura, pero al mismo tiempo tus enseñaszas quedan y seguiran aportando sus frutos. Gracias por haber sido un CUBANO DIGNO. Paz eterna.

Julián Naranjo F dijo:

3

25 de mayo de 2014

12:56:27


Se fue, pero a la vez, quedó en nuestros corazones, el más grande, simpático, genial y profesional, de la declamación cubana, un coloso, entre los gigantes de nuestra cultura y nuestra nacionalidad.