
CIENFUEGOS.–La doctora Darehyne Ávila Piña, especialista de Primer Grado en Epidemiología y en Medicina General Integral, siempre ha estado en la primera línea. Laboró como la epidemióloga del centro de aislamiento de Villa Perlazúcar, un espacio que cambió el bullicio de lo recreativo por el silencio y el color verde de los límpidos trajes de protección que usan los trabajadores. Pero ya antes, ella había estado en la zona roja de otros dos centros de aislamiento, en la etapa más intensa de transmisión en Cienfuegos.
A la pregunta de Granma, responde: «¿La familia? Por ellos tenía fuerzas todos los días, me cuidaba y los cuidaba, aun en medio de jornadas agotadoras.
«Tengo una hija, Alisson, que cursa el cuarto año de Medicina, quiere seguir mis pasos; y un par de jimaguas de 17 años, Adrián y Areley, varón y hembra. A pesar de estar en la adolescencia, han asumido con mucha responsabilidad las tareas hogareñas; claro, con la supervisión de mi esposo Arley, también médico, especialista en Medicina Interna. Ellos son mi retaguardia segura», dice, con la humildad y sencillez que la caracterizan.
Orgullosa de su profesión y referente entre sus compañeros, cree en lo que hace y por qué. Nadie la obliga a nada, salvo su conciencia y sentido del deber.
Sabe que cada sacrificio de un médico cubano es un acto de consecuencia con el proceso social en el que se formó y con la historia misma de la Revolución, a la cual ella se debe y venera. La doctora Darehyne Ávila Piña es uno de los tantos ejemplos que distinguen a la Medicina cubana.






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Pilar Bustos dijo:
1
18 de diciembre de 2020
07:10:44
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