ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
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Una vez dentro del salón de inmigración del aeropuerto, se procede a revisar la declaración de sanidad de los viajeros. Foto: del autor

CAMAGÜEY.–Justo a la hora señalada aterrizó en el Aeropuerto Internacional Ignacio Agramonte Loynaz, de esta ciudad, la aeronave que concretaba el décimo vuelo desde que el 20 de octubre pasado la instalación reinició los servicios, tras siete meses de inactividad provocada por la pandemia de la COVID-19.

En su fuselaje, el nombre de la aerolínea mexicana: Viva Aerobús, encargada de cubrir el trayecto Cancún-Camagüey, la misma a la que en marzo último correspondió la nada agradable tarea de cerrar las operaciones en la terminal aérea, ante la propagación de la peligrosa enfermedad en el país.

Una vez vencidos los trámites iniciales de rigor a bordo por parte de los especialistas del Control Sanitario Internacional, comenzó de inmediato el proceso de desembarque de los viajeros, quienes, bajo una tenue llovizna mañanera, apuraron sus pasos para vencer la distancia que los separaba de la edificación.

Entre los primeros en acceder al salón de inmigración estaba la joven Migdalia Proenza López: «Viajé a México por razones personales y allí me atrapó el cierre por la epidemia. Fueron muchos meses de incertidumbre y larga espera; pero gracias a Dios ya estoy de regreso a casa».

Como ella, más de un centenar de viajeros, fuera de Cuba hasta ahora por uno u otro motivo, aprovecharon la reapertura de los vuelos a través de la terminal aérea camagüeyana para retornar a la Isla luego de un prolongado periodo de «cuarentena».                                                                               

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Desde un ángulo discreto, Silvia Ferrer Veranes, la jefa de la unidad aeroportuaria, siguió atenta cada una de las diligencias de los recién llegados. En los 16 años que lleva en el cargo, nunca había pasado por un trance similar, que vino a trastocar las rutinas cotidianas de una instalación como aquella.

Antes de iniciar las gestiones de inmigración, en una secuencia que transcurrió relativamente rápido, a los pasajeros se les revisaron las declaraciones de sanidad, se les tomó la temperatura corporal y se les recogieron las muestras de exudado nasofaríngeo para las pruebas de PCR.

«El año 2019, explicó Silvia Ferrer, fue uno de los mejores en la historia del aeropuerto, a razón de 37 operaciones semanales como promedio y un movimiento por mes, entre entradas y salidas, de más de 24 000 pasajeros. Todo eso cambió a partir de diciembre de ese año».

Se refirió la ejecutiva a la decisión adoptada entonces por el Gobierno de Estados Unidos de prohibir los viajes a varias provincias cubanas de las aerolíneas comerciales JetBlue Airways y American Airlines, cada una de las cuales realizaba un vuelo diario a suelo camagüeyano.

«A ese duro golpe, precisó, se añadió luego, debido a la pandemia, la interrupción total en el mes de marzo de los servicios de la terminal aérea, que para esa fecha mantenía conexiones con ciudades de México, Canadá, Rusia, Haití y Surinam, es decir, poco más de una decena de operaciones semanales».

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Al no haber vuelos que atender, el colectivo del aeropuerto no se cruzó de brazos: los trabajadores dieron su aporte en el hospital militar Octavio de la Concepción y de la Pedraja, en el centro de aislamiento ubicado en el Instituto Preuniversitario Vocacional Máximo Gómez y en labores de pesquisa en las áreas de Salud.

Quienes permanecieron en la instalación se dedicaron, por su parte, a tareas de mantenimiento, que incluyeron, entre otras acciones, pintura, cambio del falso techo, revisión y reparación de las esteras y otros equipos tecnológicos, chapea de las áreas exteriores y mejoramiento de la cerca perimetral.

«En esos meses de inactividad relativa, recordó Silvia Ferrer, se intensificó también la preparación del personal, se adquirieron medios de protección y se organizaron los flujos de pasajeros, de acuerdo con las exigencias de los protocolos sanitarios, para cerrar cualquier brecha a la entrada del nuevo coronavirus».

Creadas las condiciones necesarias, una comisión integrada por especialistas de Control Sanitario Internacional del Ministerio de Salud Pública, junto a expertos de Inmigración y Extranjería, Aduana, Turismo y Aeronáutica Civil, otorgó la certificación correspondiente para el reinicio de las operaciones.

«Todos los trabajadores participaron, además, en un ejercicio de simulacro previo, unos en sus funciones habituales y otros en el papel de pasajeros, lo que nos permitió detectar algunos problemas y resolverlos de manera oportuna para ofrecer un servicio seguro y de calidad», puntualizó la jefa de la unidad aeroportuaria.

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Buena parte de la responsabilidad por el funcionamiento riguroso de las tres líneas de vigilancia establecidas dentro del aeropuerto, como primera barrera de contención de la COVID-19, recae en el equipo de Control Sanitario Internacional que dirige la doctora María Leticia Costa García.

Cada uno de esos pasos aporta información acerca del estado de salud de los pasajeros, si alguien viene con algún síntoma u otros detalles de interés, que posibilitan, ante la presencia de un caso sospechoso, la adopción de decisiones, incluida su ubicación en un local de aislamiento temporal acondicionado para ello.

«A este lugar, aclaró la especialista, acuden aquellas personas que se presume son portadores de una enfermedad transmisible o necesitan una atención médica diferenciada. Aquí se examinan y se define la conducta a seguir, que puede ser la remisión inmediata a una institución hospitalaria».

Al resto de los pasajeros se les informa que deben mantener una movilidad restringida en sus hogares o en el sitio donde van a permanecer hasta tanto llegue el resultado de la prueba de PCR, la que se repite al quinto día del arribo, independientemente de que la primera haya resultado negativa.

Comentó María Leticia Costa que todos salen de aquí instruidos sobre cómo proceder mientras estén en Cuba. «Solo solicitamos cooperación, responsabilidad y mucha disciplina, pues una minoría incumple las normas de conducta y expone, con su negativa actitud, a los familiares, amigos y vecinos».

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De vuelta, poco a poco, a la normalidad, el Aeropuerto Internacional Ignacio Agramonte Loynaz ofrece, a quienes lo escogen como punto de destino, protocolos sanitarios rigurosos y seguros, en medio de una situación epidemiológica compleja a nivel mundial que está lejos de estabilizarse.

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