En su andar constante por toda Cuba, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz estuvo varias veces en Villa Clara, una provincia que consideraba entrañable, donde habían nacido o protagonizado hazañas algunos de sus más cercanos compañeros de lucha como el Che y Abel Santamaría, entre otros revolucionarios muy vinculados a este territorio.
Aquí vino siendo estudiante, cuando ya comenzaba a destacar como figura descollante de la juventud cubana, y también en tránsito hacia el hecho que lo inmortalizara ante la historia, el asalto al cuartel Moncada, en Santiago de Cuba.
Luego, a seis días del triunfo de la Revolución, una Santa Clara enardecida recibió al líder rebelde que venía al frente de la Caravana de la Libertad. A partir de entonces, sus visitas serían frecuentes, convocado por la inmensa obra trasformadora de la Revolución. Fábricas, escuelas, recorridos y encuentros con el pueblo, marcarían la impronta del líder que este 13 de agosto cumpliría cien años de vida.
Tal vez por esa afinidad, cuando hombres, mujeres y niños pronuncian su nombre, lo hacen con un amor nacido de una relación muy cercana, como la de un familiar querido, que siempre ha estado y estará presente.
PRIMEROS ENCUENTROS
Aunque La Historia me Absolverá es la más famosa de sus autodefensas, esa no fue la única, ni la primera vez que el joven abogado asumiría su propia protección. Casi tres años antes, el 14 de diciembre de 1950, en el Palacio de Justicia de la antigua provincia de Las Villas, Fidel Castro Ruz pasó de acusado a acusador para denunciar la corrupción existente durante el gobierno del presidente auténtico Carlos Prío Socarrás.
Ese día, el letrado de apenas 24 años llegó a la Audiencia de Santa Clara, acusado de haber provocado disturbios estudiantiles en la ciudad de Cienfuegos. En el momento del juicio, el doctor Rodríguez Valdés, presidente del Tribunal, le preguntó si tenían abogados, a lo que Fidel respondió que él asumiría su propia defensa.
Durante el acto por la Causa 543, el futuro jefe de la Revolución denunció la política corrupta del régimen de Prío, la falta de garantías constitucionales, la malversación de nuestras riquezas, el asalto a los sindicatos por pandilleros y otros males que sufría su querida Patria.
Jamás en la Audiencia de Las Villas se había hablado en esos términos, ni se creía posible que alguien se pronunciara de aquella forma. El Tribunal también recibió el impacto del ¡yo acuso! de Fidel. Al final, él y su compañero Enrique Benavides fueron declarados absueltos.
Al salir de allí, y camino a casa del doctor Benito Besada, Fidel reafirmaba con satisfacción: «No importa la suerte que corramos, Benny, estas verdades había que decirlas, y las dije».
Tres años después, y camino a Santiago de Cuba, el 25 de julio de 1953, Fidel volvería a la entonces capital de la provincia de Las Villas. En la óptica López, ubicada en la calle Cuba, en Santa Clara, haría una breve escala para reponer los espejuelos que había olvidado en casa de Melba Hernández, los que fueron confeccionados en menos de una hora por Rafael Gutiérrez, técnico del establecimiento.
Así, por esas casualidades de la historia, el líder de la Revolución llevaría al Moncada los anteojos confeccionados en la ciudad de Marta Abreu y del Che.
Ya como figura principal de la Revolución, el joven revolucionario llegó a Santa Clara por primera vez el 6 de enero de 1959. Entonces, esta ciudad, que acababa de ser liberada por el Che, aún mostraba las heridas recientes de la guerra contra la tiranía de Batista.
Luego de descansar en la casa de los padres del revolucionario santaclareño Guillermo Rodríguez del Pozo, dirigente del 26 de Julio en Las Villas, Fidel se dirigió a la sede del antiguo edificio del Gobierno Provincial, hoy Biblioteca Martí, donde pronunció un discurso trascendental.
«He venido a conversar con ustedes un rato. Desde que el pueblo manda hay que introducir un nuevo estilo: ya no venimos nosotros a hablarle al pueblo, sino venimos a que el pueblo nos hable a nosotros», fueron sus primeras palabras, secundadas por prolongados aplausos.
Habló, asimismo, por vez primera de lo que sería la Campaña de Alfabetización: «Aquí no debe estar nadie, ningún maestro tranquilo mientras haya un ciudadano que no sepa leer ni escribir, porque es una vergüenza», diría entonces.
Tras aquel encuentro llegarían otros cada vez más frecuentes, propios del estilo que lo caracterizó durante toda su existencia, de mantenerse en contacto permanente con el pueblo y de comprobar con sus propios ojos la marcha de las transformaciones revolucionarias.
Actos por el Día de la Rebeldía Nacional, fundación de fábricas como la Textilera Desembarco del Granma, visitas a la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas, participación en importantes reuniones y visitas motivadas por el impacto en el territorio de fenómenos meteorológicos, sellarían su impronta.
Sin embargo, ningún evento marcaría más a esta provincia, que aquel 30 de septiembre de 1996, cuando después de varios años de ausencia, Fidel estuvo en la Plaza del Che, en Santa Clara.
Bastó que se anunciara, para que una muchedumbre desbordara la plaza de una manera nunca antes vista en ese escenario, donde aún no reposaban los restos del Comandante Ernesto Che Guevara.
Fidel sabía de ese anhelo villaclareño, y lo reveló aquel día a la multitud: «Muchos compañeros me hablaban y me decían: Hace tiempo que no visita Santa Clara, y se preguntan que por qué no visita, si estuvo por acá, si estuvo por allá. Yo les puedo asegurar, con la sinceridad que me ha caracterizado siempre, que eso no tiene absolutamente nada que ver con el cariño, el respeto y la admiración que yo he sentido siempre y sentiré siempre por Santa Clara y por Villa Clara», dijo al comenzar el acto.
Un año después de aquella apoteosis, nuevamente el líder de la Revolución estaría en ese sitio sagrado de la Patria para recibir los restos del Che y de varios de sus compañeros de lucha, traídos desde Bolivia. Fue un día de mucha solemnidad y de honda conmoción para él y para el pueblo.
Recibir al Héroe de la Batalla de Santa Clara y rendirle los honores que él merecía, no era tarea fácil, por los conocidos lazos que unen a esta ciudad con el líder guerrillero. «No venimos a despedir al Che y sus heroicos compañeros. Venimos a recibirlos», dijo Fidel aquel día histórico.
Precisamente, por esa afinidad que caracterizó las relaciones entre Fidel y el Che, el Mausoleo que guarda los restos del Guerrillero Heroico en Santa Clara sería el lugar escogido para cobijar las cenizas de Fidel, en su tránsito hacia Santiago de Cuba.
La noche del 30 de noviembre de 2016, ambos líderes estuvieron unidos una vez más por la historia y la comunidad de principios. Al otro día, temprano en la mañana partió el armón desde la plaza y recorrió por última vez las calles de Santa Clara, no en señal de despedida, sino a modo de recordación de que Fidel estuvo y siempre estará presente en el corazón de los villaclareños.










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