ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
De gran valor didáctico y mayor disfrute resulta esta nueva entrega de Virgilio López Lemus. Foto: Portada del libro

Acabo de leer de un tirón un libro que son muchos libros. Lo cierro con ganas de volverlo a abrir, como para atrapar en la memoria aquellas sentencias que nos sorprenden asintiendo con la cabeza, o haciendo un gesto facial de aprobación.

Elogios y preludios de poemas cubanos, con sello de Ediciones ORTO, del poeta y ensayista Virgilio López Lemus, es un título anafórico por excelencia. Los 70 textos que desentrañan, desde la visión del autor, 70 poemas cubanos (de poetas nacidos entre 1769 y 1940, excepto dos de ellos), no vienen acompañados de la obra en sí, por más que se hable de ella. Si a cada escrito –explica el autor–  se le hubiera hecho adjuntar el poema en cuestión, el resultado sería el de una antología de la poesía cubana.

Es obvio que concebirla no fue el propósito; pero no es posible –al menos no pudimos conseguirlo– leer la evocaciones, matizadas indistintamente con la historia de la obra; datos biográficos y curiosos de los autores; miradas a otros textos que, por alguna razón, vienen al caso, y anotaciones de versología y teoría literaria, y no recurrir, de inmediato, al poema del que se estaban ofreciendo las valoraciones. De ahí, la percepción de una lectura plural, altamente disfrutable y colmada de enseñanzas.  

Elogios y preludios… es, por donde quiera que se le mire, un acto de convocatoria. Al lector avezado en poesía, le estimula la revisitación de grandes poetas pertecientes a uno de los conjuntos -en consideración del autor– «más sólidos de la lírica de la lengua española de los siglos inmediatamente pasados»; y para los que se inician, una tentación segura hacia los caminos del género mayor. 

Convencida de que el espacio no nos permitiría comentar todas las marcas hechas durante la lectura de este libro –de alto valor didáctico, y que, por su singular metodología, sería de gran provecho para los profesores de literatura–, mencionaremos solo algunos.

Del tantas veces leído Hierro, pieza de inmensa talla que integra el corpus de los Versos libres martianos, nos dice el ensayista que es uno de los más bellos poemas de la literatura cubana, «pero su belleza no consiste en la forma, es un poema contenidista, lleno de ideas: la poesía, hecha con palabras, es portadora de ideas, y estas son faros de ideales. Para Martí la poesía debe decir, debe pasar de la estética a la ética, su sentido lírico debe ir acompañado de un valor moral». De modo que «no resulta solo un poema, es una forja, un planteamiento básico para el oficio del poeta, quien ha de producir su verso como de hierro, no de “oro empañado”, del cual fabrican “sus joyas el bribón y el barbilindo”».

Inevitable nos fue dejar de hacer apuntes en los tratados dedicados a poemas como El gigante, de Villena; La isla en peso, de Virgilio Piñera; La fuga del ángel, de Jesús Orta Ruiz; Isla en el tacto, de Ángel Augier; Cuerpo del delfín, de Fayad Jamís; El cisne, de Wichy Nogueras, entre muchos otros, correspondientes a autores y autoras –Luisa Pérez de Zambrana, Dulce María, Fina, Mirta Aguirre, Carilda, Serafina Núñez, entre otras–  todos de altísimos quilates.     

El texto que aborda No sé si con palabras, de Félix Pita Rodríguez, pulsa con absoluta destreza un grupo de elementos en torno a este poema que «trae algo relativamente nuevo a la poesía cubana: un esoterismo discreto», explica el autor, quien considera que estos versos «lanzan una duda no cartesiana, un no saber sapiente, un sentido de que el amor sabe más que la razón (Pascal) porque las suyas son razones del corazón».

 (…) Este mundo que tengo tan nuevo entre las manos, / viene desde la hondura nebulosa del tiempo. Ayer tú eras, / Y eras también mañana. No sé cómo explicarlo. / Tal  vez pueda decirte solamente esta noche / que el zumo de otras noches es su mismo silencio, / que cinco muertes antes tu mano ahondó en mi pecho, / que cinco muertes antes me dijiste gimiendo / lo que gimes ahora, repitiendo, gimiendo. (...)

Siguiendo el instinto avivado por el libro, y a modo de provocación y cierre, sumé a estas líneas un segmento de No sé si con palabras; poema galante y erótico, que no puede pasar inadvertido –como ninguno de los abordados en el título– dentro del inmenso caudal de la lírica cubana. 

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