No siempre un libro nos regala, con transparencia total, y desde la primera página, la clave para entender su propio origen; que es, en el caso de la poesía, ese estremecimiento inicial gracias al cual quien escribe descubrió la existencia de algo más, que le fue imperioso plasmar, al fin y al cabo, en versos.
En Poemas de la remembranza y otros movimientos (Editorial Arte y Literatura, 2023), la poeta, narradora y ensayista brasileña Maria da Conceição Evaristo de Brito (Belo Horizonte, 29 de noviembre de 1946) revela justo al principio, en un poema sin título, esa vivencia:
El ojo del sol sacudía las ropas tendidas en el cordel y mamá sonreía feliz. Goticas de agua rociando mi vida-niña se balaceaban al viento. Pequeñas lágrimas en los pañuelos. Piedrecitas azules, pedazos de añil, hilachas de nubes solitarias caídas del cielo, aparecían alrededor de las bateas y tinas para lavar la ropa. Todo me causaba una gran conmoción. La poesía me visitaba y yo no lo sabía...
Es este un poemario transido por la belleza suave de lo cotidiano y la rabia hacia todo lo injusto que hiere puertas adentro y también fuera. Y la poeta va de uno a otro tema sin incoherencias en su registro: es la misma voz, que susurra o grita, sin perder la identidad.
Como apunta Virgilio López Lemus, quien estuvo a cargo de la traducción, la presentación y las notas, el volumen –que aborda asuntos étnicos, la protesta social, la mujer, la familia, el amor («la palabra amor apenas aparece en este poemario tres veces, pero lo sustenta todo, en su peculiar lirismo»)–«es mucho más que un testimonio de vida: es una canción, un canto al aquí y ahora, al curso confesional, a la alegría, la tristeza y la nostalgia (…) la riqueza de su voz se nos entrega como un regalo de alta, digna, bella poesía. Su humana y fuerte voz crece en nosotros como una luz de letras».
Es, en fin, dice el especialista, una poesía de belleza conceptual. En ella, los lectores cubanos podemos encontrarnos, porque hay coincidencias culturales muy evidentes, desde el sincretismo hasta la manera de concebir y describir el deseo.
Conceição hurga en esos mundos sumergidos / que solo el silencio / de la poesía penetra, para declarar que cada mujer posee en sí la calma y la desesperación.
El suyo es un discurso poderoso y reivindicador de sus iguales: La noche no se dormirá / jamás en los ojos de las hembras, / pues de nuestra sangre-mujer, / de nuestro líquido memorioso, / en cada gota que brota / un hilo invisible y tónico / pacientemente cose la red / de nuestra resistencia milenaria.
Y, a la vez, es un decir íntimo: Sí, yo traigo el fuego, / el otro, / aquel que me hace, / y que moldea la dura pluma / de mi escritura. / Es este el fuego, / el mío, el que me arde / y acuña mi rostro / en la letra-dibujo de mi autorretrato.
La escritora captura la musicalidad de su pueblo y su realidad, y termina haciéndosenos muy cercana, en una completa hermandad. Cuando vino a Cuba en febrero de 2024, invitada a la Feria del Libro, dijo: «En un mundo como el de hoy, tan cruel, duro e inhumano, yo creo que la poesía es el lugar donde las personas se humanizan».
Y leerla, después de encontrar su libro en una muy pequeña librería de Pilón, en el Oriente del país, nos permite sentir a su par que llegamos a la médula de la vida: Cuando yo muerda / la palabra, / por favor, / no me detengan, / quiero mascar, / rasgar entre los dientes / la piel, los huesos, el tuétano del verbo, / para así versificar / la esencia de las cosas.









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