ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Portada del libro. Foto: Madeleine Sautié Rodríguez

Fue en una antología de poesía de amor latinoamericana, a cargo de Mario Benedetti, donde descubrí a la poeta uruguaya Idea Vilariño (1920- 2009), una voz a la que ni el recogimiento personal que escogió para sí ni las recurrentes negativas de que se hiciera eco, resultaron suficientes para que la desestimaran en su justa dimensión los amantes del género mayor.

Hacia las últimas páginas me estremeció un texto. Fui ilusa al pretender explicarme el porqué de la sacudida. La poesía es inasible y más que buscarle respuestas, lo verdaderamente importante ya había sucedido: desde entonces quise saber todo de la autora de Ya no, aquel poema literalmente alargado, que recordaba la forma de un camino al que nunca se habrá de regresar. 

En cortos versos, con unas 15 veces usada la palabra «no», y otras tantas «ni» y «nunca», la Vilariño escribe el que ha sido considerado uno de los más bellos parlamentos, inspirados en la ruptura sentimental, el que dedicara a su gran amor, el novelista uruguayo Juan Carlos Onetti.

ya no / no viviremos juntos / no criaré a tu hijo /no coseré tu ropa / no te tendré de noche / no te besaré al irme / nunca sabrás quién fui / por qué me amaron otros. / (…) Ya no estás / en un día futuro /no sabré dónde vives /con quién /ni si te acuerdas. /No me abrazarás nunca / como esa noche / nunca. / No volveré a tocarte. /No te veré morir.

Muchas veces  vuelvo al texto, consciente siempre de que habrá otras miles, lo mismo para dar luz al espíritu –que es lo que sucede cuando se lee un buen poema– que para mostrar a otros la belleza que hay también en las necesarias ­despedidas. Sin embargo, Ya no fue apenas el hilo de Ariadna para llegar a la exquisita literatura de esta mujer de férrea postura de izquierda y extraño, pero luminoso nombre, como también lo tuvieran sus hermanos, a los que su padre, poeta anarquista, llamó  Azul, Alma, Poema y Numen.

Desanduve desde entonces el laberinto de Idea, haciendo búsquedas en internet que me llevaran a su lírica y su pensamiento. Y aunque hallé algunas referencias, lo mejor estaba por llegar. Una librería ubicada en la calzada de 10 de Octubre, guardaba, escondido, el tesoro. En un estante con libros de saldo, donde otros también memorables le hacían compañía, hallé En lo más implacable de la noche (sello Casa), poemario de la autora, galardonado con el Premio de poesía José Lezama Lima 2005, que otorga Casa de las Américas.

Como quien lleva consigo un dulce fino para saborearlo en una ocasión especial adquirí el libro añorado, donde Idea se desplegaba en más de cien poemas. Amante del misterio y los encierros, no le fue posible resguardarse en sus escritos, reveladores de un carácter apasionado y rebelde. La mujer militante, desafiante, dueña de sí, la que quiere espantar todo indicio de debilidad, la que no cede, aunque a veces se traicione en materia de concesiones a sí misma, está al trasluz en su obra, como álbum escrutador  de su existencia.

Admitiendo ella misma que solo escribe «en el colmo de las vivencias», la escritura le extiende la alfombra lo mismo si toca fondo o si la dicha se le enseñorea. De otro modo, la siente inútil. Leer En lo más implacable... es un ejercicio que nos pone de cara a esos ­extremos perfectamente dichos en los que nos hallamos tantas veces los lectores.

Toda la razón la asiste cuando define el poema como «un franco hecho sonoro –sonidos, timbres, estructuras, ritmos–. O no lo es». Y a cumplir con su propia sentencia se anima. Así lo deja ver en un texto como El Muñón, sostenido desde una intensísima ironía: En lo hondo / olvidado / late intacto / el muñón / doliendo sordamente.

En El Testigo, otra vez el no, el nada, el «si no para qué todo» suplicante en su decir, anuncia otro de esas situaciones límites: Yo no te pido nada / yo no acepto nada. Alcanza con que estés / en el mundo / con que sepas que estoy / en el mundo / con que seas /me seas / testigo juez y dios. (…).

Marcada de incondicionales sintácticas («si hubiera tiempo», «si pudiera»),  hay en su lírica evidentes desalojos, estigmas de una lucha permanente por lo que no llega o se esfuma cuando apenas nace, como bien se aprecia en Si muriera esta noche: «…Si pudiera morir / si me muriera / si este coito feroz / interminable  / peleado y sin clemencia / alcanzara su colmo y se aflojara / (…) si ahora mismo  / si ahora / entornando los ojos me muriera (…) y que ya no doliera / y que ya no doliera».

La poesía, ya se sabe, sigue siendo para demasiada gente, terreno inexplorado. Idea Vilariño podría con creces ser esa seducción que convida al banquete de la palabra, para que otros degusten, libro en mano, experiencias cercanísimas, casi exactas a las que ella escribiera encendida de amor, de desamores o de tenues esperanzas.

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Maura dijo:

1

1 de agosto de 2018

06:35:14


Conocí ese Poema en el serial Argentino De Poetas y de Locos que trasmitio la Tv Cuabana hace algunos años, siempre lo recuerdo como algo bien especial, saludos