ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El libro de los discursos, de Roberto Manzano. Foto: Madeleine Sautié Rodríguez

Oí hablar al poeta Roberto Manzano de unos textos suyos que conformarían un libro. Más de un lustro ha pasado  y aún me dura la emoción de sus palabras cuando leyó en la Casa del Alba Cultural, y  ante un público consciente de que estaba consumiendo poesía de la buena, El discurso de Onán, con referencias al personaje bíblico, que en el texto enrumba sentidos hacia la soledad del pensamiento íntimo en ausencia de la amada.

No puedo vivir sin ti, compañera. (…) Me duele el destino como una mala encía cuando me falta / tu calor voluptuoso y envolvente, tu compañía de  / fragancia y deseo. / (…) Cuerpo mío, cuerpo mío afuera del mío, déjame colocar en ti esta energía que es tuya, pues tiene tu /  imagen. / Puerta blanda de mi destino, déjame entrar. / Déjame entrar, umbral dulce de mi vida.

De los otros supe más tarde, cuando invitado a la tertulia Amor de ciudad grande, nos adelantó otras de estas joyas líricas y nos compartió los discursos de Tersites, de Teseo, de José Martí y de Russell H. Conwell, fundador de la iglesia bautista en Philadelphia. Fuerte y seco el aplauso habló entonces por las sacudidas que aquellas piezas líricas provocaron en un auditorio persuadido de que aquellas figuras mitológicas e históricas, según fuera el caso, les hablaban en el presente sin renunciar a sus respectivos contextos. ¡Milagros de la literatura!

Fue allí que lo oí hablar de esa necesidad que tienen los poetas de volver una y otra vez a sus estados primarios por medio de los recuerdos para buscar la orientación de la evolución personal, fue allí donde vi al poeta Roberto Fernández Retamar escuchar conmocionado la lectura de poemas de Manzano, en una tarde lluviosa y lírica que nos devolvió a las afueras con el alma entre estrujada y oronda.

Nadie que hubiera oído alguna vez los textos de marras pudo resignarse a prescindir del título una vez que viera la luz, lo cual sucede por estos días. El libro de los discursos, con sello de Letras Cubanas –de cuya tirada de mil ejemplares es posible queden algunos en las librerías– es de esos objetos con los que se establece un maridaje seguro por el provecho espiritual que su cercanía significa.

Como arengas que son, los parlamentos van dirigidos con toda intención a agitar a sus destinatarios. Entre la prosa y el verso descuella recta la segunda persona para que el distraído reaccione y nadie desestime que es con nosotros mismos, con quienes se está hablando.

No importa si el mensaje llega desde personajes tan conocidos como  Hermes y Hefestos, dioses griegos; Nezahualcóyotl, el rey poeta de México,  o el propio San Francisco de Asís, o si se trata de otros más recónditos en la cultura universal como Venilia y Selacia, olas del mar entre los romanos; Gitoma, héroe mítico entre los huitotos, pueblo amazónico en peligro de extinción, o Danko, personaje de la narrativa gorkiana. De cualquier modo el convite a extrapolar los hechos que aquellos protagonizaron y a pulsar los resortes de sus repercusiones al interior de nuestras vidas –hoy y ahora– es
reacción inercial al frecuentar estas páginas donde conviven cuestionamientos y evidencias.

Si bien los discursos gozan de rangos otorgados por el vocablo esmerado y la hondura filosófica,  también podrían encajar en esas anotaciones salvadoras de las que algunos nos hacemos acompañar en la vida para llevarlas como sabio amuleto.

Olvídate ahora de que ya has nacido, porque hay que volver a nacer. Es necesario cada día, cada hora, cada minuto, cada segundo. La vida es un soplo, y esa es su gestualidad sin fin. (El discurso de Pangu).

Por donde quiera que se abra, El Libro de los discursos puede revertir un bien inestimable. Ya lo ha dicho su autor: «Puedes construir una catedral, pero si los seres humanos que la utilizarán no están comidos (…)  de trascendentalidad y espiritualidad, no has hecho nada; pues quien enciende los cirios, en la noche del alma, es la poesía».

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Gualterio Nunez Estrada dijo:

1

6 de junio de 2018

08:12:07


El articulo es excelente, pero ? donde estan las muestras de poemas del libro del cual se habla ? Sin ejemplos, el lector se queda en ascuas.Es importante lo que dice este autor y lo vemos aqui en el mundo rico donde multimillonarios se suicidan porque atenidos a lo material pierden la esencia del sentido de la vida y es una gran ensenanza lo que nos dice el autor de este articulo: el hombre vive por el espiritu y no por la mateira porque es el espiritu el que domina la materia, y sin poesia, la vida se vuelve vacia y sin sentido.

Madeleine Respondió:


11 de junio de 2018

07:42:02

Estimado Gualterio, los párrafos 2 y el penúltimo completos son poemas del libro. Mis saludos

Enrique A. Diaz dijo:

2

6 de junio de 2018

10:44:34


Recuerdo a Manzano alla cuando asistíamos en el Taller Literario de Camaguey que dirigía Ramirez Pellerano. Ya era en en aquel tiempo un poeta que despuntaba y aunque me he desvinculado de aquellos colegas de dicho taller, desde aqui, en Tampa me place conocer de sus logros, de su buena poesía. Mis saludos para él. y con el deseo de leer su Nuevo libro.

Rendón dijo:

3

11 de junio de 2018

11:55:59


Desde antes de "Canto a la sabana" los avileños sabiamos que ahí tendríamos un poeta de verdad.