ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
«Solo el futuro no deja huellas», escribió el Wichy en su poema 54. Foto: del autor

En estos días de pérdida he pensado mucho en ese sentido otro de la vida, que va más allá de simplemente respirar. Creo que todos, alguna que otra vez, lo hemos hecho. Nuestra fragilidad material nos compulsa a ello. Algunos se cobijan en un dios, otros se rinden al destino y hay quien encuentra consuelo en el refugio y la inmortalidad que la palabra ofrece.
Por eso he vuelto a un poema, rotundo en su sencillez, de Luis Rogelio Nogueras (La Habana, 1944-1985), Es lo mismo de siempre: «Estamos todos sentados a la mesa: / papá se reía, yo chupo un mango, / mamá corta el pan con su vestido a cuadros. / Entonces ocurrió el milagro: / Gerardito apretó el obturador de su/ Kodak 120. /
«Ahora papá está enfermo/ pero siempre ríe, yo estoy en otra parte/ pero chupo un mango interminable, / mamá se pasará la muerte cortando el pan/ con su vestido a cuadros».
El amor que otros hayan sembrado en nosotros nos ayudará a, rebasada la tristeza, recordarlos con una sonrisa. El amor que enraizamos en quienes nos rodean es lo que nos garantiza cierta forma sublime de eternidad.
Lo que hayamos fundado, con bondad, nos definirá aún después del polvo. Por eso Luis Rogelio Nogueras todavía me habla,  y a otros muchos que ni por asomo pudimos ser sus contemporáneos, con versos desenfadados y estremecedores. Él, el Wichy, sabía que la poesía «empieza en todas partes/ y termina siempre en los papeles» y que «es un deseo jamás insatisfecho».
Ante ella, al poeta  no le queda más que rendirse y dejarla venir del mundo para hacerse letra mediante sus dedos. Tal vez él, como yo, hubiese desconfiado entonces de los poetas por oficio, los que trabajan para el próximo concurso o la venidera antología.
La naturalidad del Wichy, su talento indiscutible, la aureola de hombre hermoso y de conquistador feroz, su muerte prematura y de cierta forma trágica, lo han hecho leyenda.
Cuesta hablar de la poesía posrevolucionaria sin él, pero –paradójicamente– también cuesta encontrar sus libros.  Imagino que se agoten pronto, pero sé que las ediciones han sido escasas. Por la antología que hace años le hizo Letras Cubanas, pagué en una librería de uso un precio escandaloso.
A él, del olvido, no solo lo salva su palabra insoslayable, sino además el empeño de los seres que en vida lo amaron  y que no pueden dejar de hacerlo latir. Tal es el caso de Neyda Izquierdo Ramos, compiladora del libro Me quedaría con la poesía (Editorial Letras Cubanas, 2014), que en tres secciones: Cumpleaños, Arte Poética y Poesía, reúne alrededor de 75 poemas de Nogueras; y constituye un tesoro que aún se puede encontrar en las librerías.
A él, responsable del guion de una película memorable como El brigadista, autor de la gran novela policíaca Y si muero mañana; premio David por el poemario Cabeza de Zanahoria, y premio Casa por La forma de las cosas que vendrán, hay que leerlo cuando se requiera esperanza y también cuando se sienta que «solo se oye el goteo incesante de la vida que continúa,/piedra sobre piedra,/ hasta el final».
Entonces, por ejemplo, nos dirá: «Llueve; / volverán a crecer los geranios en las macetas del patio; / un escarabajo brillante se paseará de nuevo entre las tablas podridas; / cantarán las ranas; / mejorarán las cosechas a lo largo del país. / Y habrá también –¿por qué?– / como un regreso largo de tu ausencia».

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Pablo Goldberg dijo:

1

30 de mayo de 2018

05:07:08


por qué tanta tristeza, ustedes que son LA ALEGRÍA del mundo?

Alejandra dijo:

2

1 de junio de 2018

16:22:35


Inolvidable Wichy