Entrevistados en varios de los principales festivales cinematográficos de este año, algunos creadores argentinos manifestaron que, muy probablemente, las películas presentadas allí serían las últimas que se verían en citas de este tipo en buen tiempo, pues son el remanente de cuanto estaba hecho, o por terminar, antes del descabezamiento de la pantalla local por Milei.
El sábado, al finalizar la reseña de Belén, apuntábamos en esta columna que cintas como la dirigida e interpretada por Dolores Fonzi (u otras mostradas durante 2025 en Cannes, Berlín, Venecia, San Sebastián, Toronto o La Habana) no son del agrado del presidente argentino, el cual ha declarado públicamente que prefiere otro cine.
Esa otra pantalla del gusto del ultraderechista mandatario es la puramente industrial, bien en la cuerda hollywoodense: imaginario, país y gobernantes que, como sabemos de sobra, él venera.
Pues bien, aunque no en la competencia oficial, este 46 Festival permite ver dos exponentes de ese tipo de creaciones, dentro de las secciones En Perspectiva y Presentaciones Especiales. Son, en el mismo orden, El novio de mamá (Nicolás Silbert y Leandro Mark, 2025) y Homo Argentum (Mariano Cohn y Gastón Duprat, 2025).
Nunca ha estado el comentarista en contra del cine industrial, como de ninguno. Todos deben convivir, todos son necesarios y dentro de un arte como el séptimo, que a la vez es industrial, su existencia permite, en ocasiones, alimentar otras comarcas creativas. El punto es que, si solo se filma este, no quedará espacio para la búsqueda, la osadía, el vuelo de las ideas, los nuevos caminos: en fin, el arte.
Humorada simplona cuya particular tabla periódica de Mendeleiev incluye todos los elementos químicos empleados por la comedia familiar hollywoodense de los 80 y los 90, El novio de mamá no nace de la nada. Cada cosa en esta parcela responde a una lógica.
Si Santiago Segura ha conseguido, al hilo, cinco superéxitos comerciales en España mediante su saga Padre no hay más que uno; Mark Whalberg revienta las taquillas mediante las dos partes de Plan en familia; y Natalia Oreiro y Adrián Suar hacen lo mismo en Argentina mediante Campamento con mamá y Corazón loco, u otros títulos, había que meter el dedo en el pastel. Hasta el fondo.
Así lo hace esta comedia familiar, la cual funciona como un todo incluido de una fórmula archiconocida. Y aunque no vaya a resucitar al género y espante en esa primera secuencia con el tipo sentado en el banco, a lo Forrest Gump, antes de caerse y golpearse cuando le cae detrás al perrito Dinamita (slapstick degradado a escala escolar), a la larga se le toma afecto a su personaje central y cobran gracia sus meteduras de pata al intentar conseguir el amor de la viuda y el afecto de sus dos retoños: cosa difícil con la nena.
Con experiencia en el género a través de Socios por accidente, Socios por accidente 2 y Cantantes en guerra, el actor José María Listorti encarna a Leonardo, el referido personaje central, montado sobre una cuerda aún más noblota que la de Adam Sandler rodeado de sus hijas en Happy Gilmore 2. Pero el hombre se hace querer.
Los conocidos directores de la cinta El ciudadano ilustre, los señores Cohn y Duprat, artífices de tres de las series humorísticas más ácidas de los últimos tiempos (El encargado, Nada y Bellas Artes), han suscitado una franca explosión taquillera y sociológica en su país gracias a la tan vista como debatida Homo Argentum.
Filme–pabilo para la discusión entre diferentes sectores en torno, entre otros muchos temas puestos en la mesa, al cine que ven escasos espectadores (ese que detesta Milei), y el de aforo masivo (como este, que él adora), el espacio no permite ahondar en el asunto y solo da para señalar que existe una visible desigualdad creativa en las 16 pequeñas historias de la cinta, defendidas en su totalidad por el gran Guillermo Francella. Cuatro daban para largometrajes completos; 12 nunca debieron filmarse.









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