ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
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La música coral ocupa un espacio singular en Cuba desde hace muchísimos años. Foto: Otmaro Rodríguez

En nuestro país, la música coral ocupa un espacio singular desde hace muchísimos años, a la vez que ha estado emparentada con la enseñanza en diferentes etapas.

Si nos remontamos al pasado colonial cubano, hallaremos antecedentes directos en esa dirección, dictados principalmente por el catolicismo traído e impuesto como doctrina religiosa central; no solo el culto, sino también el acceso y aprendizaje académico en importantes colegios vinculados a la teología, fueron importantes puntos de partida para el tema de marras.

Llegado el siglo xix, ya existían en todo el país academias de música donde se impartían asignaturas diversas; y, ya fuera el estudio de la polifonía coral propiamente, o la existencia de agrupaciones de ese tipo para actuar en graduaciones u ofrecer recitales de manera regular en teatros, liceos e iglesias, era algo común.

Incluso, el auge era tal, que diferentes entidades públicas y privadas poseían sus propios coros: cuerpos de bomberos y de policía, universidades, el ejército en sus diferentes ramas, colegios de ingenieros, de arquitectos, de médicos, etc.

Todo ese cúmulo de corales llevó no solo a que el aprendizaje de ese arte fuese necesario y se perfeccionara en varios niveles académicos, sino a que fuera surgiendo –y a la larga consolidándose– una importantísima zona de obligatoria necesidad: los compositores.

Y así, lo que en un momento iniciaron nombres como Esteban Salas para un determinado contexto histórico y musical, sería continuado por tradición entrado el siglo xx, gracias a figuras como Olga de Blanck, Gisela Hernández o Cuca Rivero, la inolvidable y querida «Profesora Invisible». Este último proyecto, liderado por ella, estaba dirigido únicamente a estudiantes de primaria y transmitido por radio con la participación directa del profesorado en el aula; llegó hasta avanzada la década del 80, y ayudó sobremanera a la difusión del amplio repertorio coral existente por aquellos años, a la vez que introducía lecciones básicas en cuanto a la apreciación musical con vistas a la integralidad cultural general en nuestras escuelas primarias.

Paralelo a este colosal proyecto educativo y recién iniciada la década del 60, otras aristas del movimiento coral nacional iban en ascenso: se fundaba el Coro Nacional de Cuba, con la participación de cantores que provenían de diferentes ámbitos musicales; que incluían, entre otras, compañías de ópera y antiguas corales, como el famoso coro del circuito cmq.

El Orfeón Santiago, en el oriente cubano, mostraba su pujanza; y en el plano popular muchos eran los formatos vocales, mayoritariamente cuartetos, que nacían por aquellos años. Es justo destacar la impronta de maestros como Serafín Pro y Electo Silva en el orden anteriormente expuesto, quienes guiaron con sacrificio y creatividad sus respectivos proyectos.

En el caso de Electo debemos hacer énfasis, porque más allá de su permanencia como director del Orfeón, su mayor legado se cristaliza como compositor y como la figura que consolida un estilo único para el universo coral, al dotar al mismo de un repertorio hasta ese momento casi inexistente; en el que sobresale, por un lado, la inclusión de temas referenciales de la trova y el son, tales como Juramento, Mercedes o Bilongo y, por el otro, una excelente musicalización de la llamada poesía mestiza de Nicolás Guillén. De esta última descuellan poemas como Canción, Muchacha recién crecida, A veces, Yo nunca digo y muchos más que, por suerte, quedaron registrados en un ld homenaje al Poeta Nacional.

Existen muchos nombres imprescindibles del movimiento coral cubano: Octavio Marín (durante muchos años al frente del Coro icrt), José Antonio Méndez, Digna Guerra, Alina Orraca, María Felicia Pérez, Zenaida Romeu, Carmen Collado, Carmen Rosa López, Beatriz Corona, Corina Campos y una extensa lista que hace aún más prestigiosa una tradición que nos identifica como nación desde hace más de 200 años.

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