ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
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He escuchado en diversos círculos culpar al reguetón de muchos males que aquejan a nuestra música. También le suman, cuestionan y sacralizan lo obsceno en muchos de sus textos y lo simplista que resulta una propuesta de ese género tan de moda. El vestir, los peinados, la expresión escénica... todo es cuestionado ¿Pero todo es cierto? ¿Tienen verdadera base todas esas afirmaciones? Pienso que objetivamente se impone un análisis serio y sin raseros para no caer en excesos que puedan conducir al radicalismo vacío.

En primer lugar hay que aceptar que es un género de moda en muchos países, y que por cuestiones geográficas, culturales y sociales nos salpica muy de cerca. Pero no solo el reguetón tiene textos ofensivos o vulgares: existen agrupaciones de otros géneros en Cuba cuyas letras son sexualmente ofensivas y en muchos casos hasta racistas, para no hablar de un falso doble sentido bastante grosero por cierto.

Con el vestir sucede casi lo mismo, en ocasiones no se puede discernir visualmente ya que muchos músicos que no «hacen» reguetón utilizan los mismos códigos visuales que identifican al género, además de la gesticulización y la proyección escénica que les son propias.  Por ello es tan importante la autenticidad de cada estilo para poder lograr una comunión total con su público, incluyendo aristas que contemplen la espiritualidad como forma de identificación con determinado artista.

El reguetón por sí mismo no puede ser sacado de contexto, lo cual significa que su función primordial es lograr diversión como género bailable que es: no podemos pedir que sus textos sean obras poéticas de elevada complejidad ni que sirva para una cena romántica tranquila. Por eso sus letras giran en torno a temáticas formales como la separación amorosa, la traición, la diversión... pero con un enfoque bastante simplista y carente de adornos, muchas veces cayendo en una crudeza despiadada.

En el entorno cubano cambian algunos códigos, y desde hace un tiempo se gesta el cubatón, una mezcla que añade elementos de nuestra música popular bailable, de la rumba y hasta del humor, recreando frases conocidas de animados cubanos o soviéticos que son parte de nuestra cotidianidad o creando situaciones nuevas como aquella del grupo Kola Loca: «Padrino, quítame esta sal de encima...» por ejemplo.

Se han añadido elementos ritmáticos que son propiciados por la inclusión de tumbadoras, campana y pailas, además de la riqueza que aportan trompetas, trombones y saxos. Si el reguetón no siempre es vulgar ni sinónimo de decadencia musical o social, ¿por qué muchos de nuestros jóvenes escuchan y a veces prefieren el que ofende y es lascivo en todo sentido? ¿Qué está faltando al respecto? El gran reto es cómo no seguir consumiendo esa zona negativa del género, alejada de nuestro oxígeno musical, pero que tampoco debe ser ignorada.

En estas páginas he abogado por el blindaje musical al que podemos aspirar y que, de haber tenido una articulación coherente de años, hubiesen filtrado esa inoculación de esta y otras malas músicas en nuestro país. Ojalá encontremos prontas soluciones.

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Karlos dijo:

11

25 de abril de 2019

08:42:22


Muy bueno este artículo. Me sumo al criterio de Padura “lo peor no es que oigan reguerón lo peor es que piensan reguerón”. El Reguerón más allá de una música es una forma de proyectarse ante la vida. Ojala existieran políticas culturales y educativas que propiciaran este cambio de forma de actuar sobre todo en los más jóvenes.

Abel Maceo dijo:

12

25 de abril de 2019

08:42:40


Estimado amigo, tristemente, estamos hablando de un reflejo social. La educación que comienza desde el hogar, le sigue por las escuelas, se ha ido bastante de su línea central. Esa,es la base de todo...La mala educación influye hoy en todas las esferas de nuestra sociedad...La música no está exenta de esto...

Melómano dijo:

13

25 de abril de 2019

08:51:41


Satanizar al reguetón como género, equivale a una especie de racismo musical, similar a culpar a un grupo humano entero por los delitos de algunos de sus integrantes. Los reguetones vulgares reflejan la deficiente cultura general de sus creadores y eso tiene solución, trabajando para elevarla. No estoy de acuerdo en conformarnos con reguetones de letras simplonas relativas a "temáticas formales". Este género, como el rap y el hip-hop, por su agresividad ritmática, se aviene de maravillas con la crítica social, razón por la cual los grandes medios al servicio de las élites dominantes sólo promueven las canciones de contenido anodino.

julia dijo:

14

25 de abril de 2019

09:44:04


Soy de la opinión que hay que erradicar este mal gusto e injuria de la música cubana, estoy muy de acuerdo con ALBERTO CANTALLOPS, y que se continue con el rescate de SONANDO EN CUBA. Es muy cierto que en este modo de decir que se hace música ofenden muy duro a las mujeres parece que no se dan cuenta que esto también es VIOLENCIA, pero también es cierto que las muchachas le hacen el juego y se suman al bailoteo, las malas palabras y todo lo grosero que ha esta mal llamada música se suma. FUERA MUY SALUDABLE QUE EXTINGUIERAN ESTE GROSERO FENÓMENO.

Ronaldo Couret dijo:

15

25 de abril de 2019

09:49:13


El reguetón debía ser prohibido porque los jóvenes se corrompen con ese mal llamado "ritmo".