ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El escritor Rogelio Riverón dirige hace ocho años la editorial Letras Cubanas. Foto: Archivo

La prestigiosa editorial Letras Cubanas llega a sus 40 años. Conscientes de que a su cargo está la publicación de lo más selectivo de la literatura nacional, desde los orígenes de la nacionalidad hasta el presente, sus directivos han emprendido la feliz proeza de incluir en su amplísimo catálogo lo que no debe faltar.

Los más exquisitos detalles en torno a la encomienda que este proyecto significa los reveló a Granma el escritor Rogelio Riverón, director de Letras Cubanas hace ya ocho años, quien atendiendo a  las supuestas fortalezas que la editorial posee refirió lo siguiente:

«No sé si aceptarlo como una fortaleza, pero creo que Letras Cubanas ha conseguido reflejar de forma objetiva la producción del movimiento autoral cubano en cualquiera de los géneros a que nos dedicamos. Ello presupone una preparación de las cuatro redacciones en que se ha organizado nuestra labor: Narrativa, Teoría y Crítica, Poesía y Arte y Teatro. Implica además una tarea de gestión editorial que se extiende a todo el país y a la diáspora, puesto que el concepto de literatura cubana no está constreñido a los márgenes de la capital, por dúctil  que esta sea. Digo esto y comprendo que no es suficiente, que por mucho que hagamos no habremos llevado a cabo una gestión realmente abarcadora y que hay poetas, cuentos, ensayistas y novelas que debieran venir a nuestro catálogo con más frecuencia. En esa tensión entre lo que producen nuestros autores y lo que seamos capaces de ofrecer al lector se desarrolla el trabajo, que a veces da algún indicio positivo y siempre mucha angustia, pues una editorial debe cumplir con sus autores e incluso, imaginar a su lector, que es una  categoría menos abstracta de lo que se pudiera suponer».

–¿Cómo tiene lugar el proceso de selección de las publicaciones?

–En efecto, Letras Cubanas debe ocuparse de la publicación de las obras consideradas canónicas, mediante reediciones, ediciones anotadas y ediciones críticas, con prólogos que las coloquen en la perspectiva del lector de hoy. Descendiendo en esa escala difícil, polémica en algunos casos, llegamos a los libros de gran significación cultural que aún no han adquirido la condición de canon «duro». Con esa idea más amplia del patrimonio ha sido pensada la colección Biblioteca de Literatura Cubana, que contiene más de un centenar de títulos de todos los géneros.

«Evidentemente, Letras Cubanas se debe además a los autores contemporáneos de todo el país y de la llamada diáspora, lo que significa un desafío en términos de actualización y de gestión editorial.  De tal modo, los planes de publicación se conforman a partir de una política de reediciones y de acuerdo con el propósito de dar visibilidad a los autores contemporáneos, lo que no excluye la promoción de los más jóvenes. Se nutren de originales propuestos a evaluación por los autores, del trabajo con el Consejo Asesor de la editorial, de gestiones de nuestros propios editores, así como de los concursos que convocamos, cuya capacidad de atraer títulos de valor –presumo– ha sido demostrada».

– ¿Cómo funciona el colectivo laboral?

–El trabajo, organizado por redacciones, garantiza la especialización necesaria de acuerdo con la dimensión de la editorial, que publica unos  60 títulos impresos, más 15 en formato de e-book o libro electrónico cada año. Tenemos un departamento de diseño y otro para el emplane de los libros que se subordina a la subdirección editorial, pero contamos además con una subdirección comercial y otra económica. La comercial tiene a su cargo las relaciones con la industria poligráfica, la actividad comercial propiamente dicha y la promoción de nuestros títulos, autores y eventos, incluida la participación de Letras Cubanas en la Feria del Libro de La Habana y en las de provincias. Coordina igualmente la página web www.letrascubanas.cult.cu, en la cual divulgamos nuestro quehacer. Toda esa labor es llevada a cabo por un colectivo de 46 trabajadores, 16 de los cuales son editores.  

– ¿Qué te ha aportado trabajar ahí?

–Ha sido una experiencia intensa, en la que no han faltado las revelaciones ni los momentos difíciles. Mis inicios aquí fueron en la redacción de Narrativa, de modo que cuando acepté la dirección tenía alguna experiencia. Me enorgullezco de pertenecer al gremio de los editores, cultos, apasionados, maestros en aparecer en segundos planos, cuando en ocasiones merecen la condición de coautoría. Me han iluminado Ana María Muñoz, Teté Blanco, Esther Acosta, Ana Victoria Fong, Daniel García, Rinaldo Acosta, Eliana Dávila, Redys Puebla, Georgina Pérez y otros. También el diseñador Alfredo Montoto, y Jacqueline Carbó y Juana Hernández, expertas en los procesos del libro.

–¿Cómo es la relación entre los escritores y el equipo de trabajo? ¿Demasiados reclamos, incomprensiones, satisfacciones…?

–No puedo caer en vanagloria; sin embargo creo que nuestras relaciones con los autores son positivas. En todo caso les debemos gratitud por  la paciencia cuando se hace evidente la demora en algunos pasos y por la amabilidad al insistir en publicar con nosotros. Tengo evidencias de que, por ejemplo, los autores que residen fuera de la capital saben que Letras Cubanas es una opción real para cualquiera de ellos, con la única condición de que presenten obras de calidad. Así como un autor debería participar de la promoción de su libro, una vez publicado, la editorial está en el deber de mantenerlo al tanto de todos los procesos por los que lo hace transitar, comenzando por la evaluación. Ni un momentáneo agobio, ni una gota de displicencia deberían dificultar la comunicación, tropiezo en el que sé que hemos incurrido, por suerte muy de tarde en tarde.

–¿Cómo se proyecta el trabajo futuro de la Editorial? ¿Alguna novedad? (en las perspectivas, no me refiero a títulos).

–Nos proponemos un trabajo más intenso con el patrimonio literario nacional, apoyado en un diálogo que ya es fructífero con su Consejo Asesor. Hemos planificado una serie de ediciones críticas o anotadas de obras canónicas o de gran valor filológico, como unos exquisitos Croquis habaneros, firmados por el insigne novelista Ramón Meza, el autor de Mi tío el empleado. Pretendemos iniciar la publicación de textos breves de gran significación, en prosa o en verso, en libros de pequeño formato con una intención divulgativa.

–¿Qué falta por hacer en Letras Cubanas? ¿Con qué estás satisfecho? ¿Con qué no?

–Estoy satisfecho: Con la composición de nuestro catálogo en los últimos años, aun cuando no puedo describir como exquisita nuestra gestión editorial. Con que finalmente ofreceremos al lector cubano la novela Oppiano Licario, del maestro Lezama. Con haber concretado algunos proyectos, cuyo éxito no me atribuyo, pero de los que he estado pendiente, como el Diccionario Enciclopédico de la Música Cubana, de Radamés Giro. Con que, llegado el momento de la ausencia por jubilación de los editores que constituían la médula profesional de Letras Cubanas –varios de los cuales ostentan el Premio Nacional de Edición–, fuimos capaces de mantener un ambiente intelectual adecuado, gracias a la formación que supimos dar a otros más jóvenes. Como sabes, casi todo se hace con la ayuda de alguien. Eso lo debemos al Consejo Asesor de la Editorial, a la facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana y al Instituto Cubano del Libro, presto a cualquier apoyo.

«Me deja insatisfecho la promoción que hacemos de nuestros propios libros y autores, la calidad visual de lo que publicamos, la demora para concretar determinados proyectos, el carácter aproximativo de nuestra relación con la obra de los autores radicados en el extranjero».

–¿Qué significa para un escritor ser el director de una editorial como Letras Cubanas?

–En mi experiencia he visto confianza de parte de mis colegas, me he sentido respaldado no solo por el Instituto Cubano del Libro, sino por los escritores en su mayoría. Pero no paso por alto la responsabilidad que heredé, y que mi condición de escritor no atempera. Llegar aquí fue hacerlo al sitio en el que había publicado mi segundo libro –por algunas razones, el primero– y encontrarme con mi editora y con el equipo que lo trabajó. Casi me arredro ante el bagaje por momentos omnisciente de editoras como Teté Blanco y Ana María Muñoz, pero me repuse y aprendí con ellas. No quiero ser pedante: aún aprendo.

LETRAS CUBANAS EN LA FERIA

Melancolía, imputación, insolencia y desconcierto serán el plato fuerte en  Insomnio –the figth club–, de Ahmel Echevarría, una de las propuestas  de la colección El Cuento, de Letras Cubanas.

Los títulos La línea en mitad del vaso, de Emerio Medina, y Demonios, de Alberto Garrandés, respectivos premios Carpentier 2016 de cuento y novela, verán la luz, como es habitual en esos lauros  por esta editorial.

Letras Cubanas - Portada del Libro Insomnio -the fight club- de Ahmel Echevarría
Portada de Demonios, de Alberto Garrandes
Letras cubanas-Portada de La línea en mitad del vaso, de Emerio Medina
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