ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Entre las muchas voces con que resuena la lírica cubana en el movimiento poético mundial se alza con singular relieve la de Lina de Feria, una mujer habitada por los versos, una dama cuya obra aquilata  la literatura  nacional y la catapulta con la diligencia de las alturas hacia otros horizontes.

A la poeta —como prefiere ser llamada antes que poetisa, “porque la  palabra se siente más contundente”— no le hizo falta tener el Premio Nacional de Literatura para resultar elegida entre los intelectuales a los que se dedica la 25 Feria del Libro. Una obra exquisita, recogida en 29 libros donde cuentan también el ensayo y la crítica literaria, resultan el aval suficiente para agasajar a esta joven septuagenaria que sigue escribiendo como en aquellos días adolescentes, cuando se le revelaron las primeras urgencias del decir.

“Fue a los 11 años. Ya yo venía de tener una formación determinada, con respecto a lo cultural, porque había leído, por ejemplo, mitología griega. A mí, por encima de mis estudios nor­males de la escuela, mis padres me dieron mucha enseñanza con lecturas específicas. Tu­ve una “tutora” que era muy entusiasta por la poesía, y me enseñó que debía leerla. En­tonces me entusiasmé tanto que terminé es­cribiendo grandes libretas de pastas de la tienda El Re­nacimiento y las llenaba de poesía. No las con­servo, pero sé que era algo bien im­por­tante. Esta es la única entrega completamente verdadera y es entonces cuando yo me proyecto, ya definitivamente con una tendencia vocacional”.

—Entonces ya usted sabía que iba a ser esa poeta que tenemos hoy... traducida a muchos  idiomas… ¿Qué significa poder de­cir su poesía al mundo?

—Eso es de una importancia trascendental para mí… en este año que acaba de pasar, tuve un descubrimiento en Puerto Rico y Estados Unidos. Soy muy conocida, pero to­da­vía quedaba como un remanente. En­ton­ces me doy cuenta de que tengo una comunicación extraordinaria para la poesía internacional. Realmente soy una persona que traspasa las fronteras y llega a convencer también en la poesía del exterior.

—Hablemos de algunos poemarios su­yos, A mansalva de los años, que es el que más gusto le ha dado… ¿No hay peligro en el paso del tiempo para Lina de Feria?

—A mansalva de los años es contra todas las banderas. Es decir, es una poesía que participa de un periodo, un tanto marginal para mí, y entonces estuve 20 años sin publicar, pero en ningún momento dejé de escribir. Y en cuanto salgo con el deshielo, en el año 91, es con un libro que recibe el Premio Nacional de la Crítica inmediatamente. Era la poesía que yo había escrito, que había seguido escribiendo, o sea, para mí escribir es un sentido de vida, yo no lo puedo dejar de hacer.

—No veo nunca en sus palabras rencor, esa amargura que a veces se escucha en muchos de sus coetáneos…

—Para mí lo peor sería sentir rencor. En cierta medida yo no me acuerdo ya de los tropiezos que puedo haber tenido en mi carrera, sean justos o injustos, porque en realidad es tanta la aceptación, es tanto el arraigo de mi país y de mi pueblo, que para mí es una garantía saber que estoy en Cuba… Yo mis­ma me sorprendo porque mi poesía es difícil, muy difícil; y sin embargo es como pi­cante, a la gente le gusta.

—Otro título suyo es Los rituales del inocente. ¿A qué rituales le es fiel Lina de Feria?

—Bueno, el concepto de Los rituales… estaba basado en una serie de experiencias en una edad determinada en que empezaba a surgir, una edad de los “enta”, es decir, yo iba como hacia un viaje de la vivencia, veía una retroversión, veía que la vida es una cadena que quemaba lo que se iba quedando, pero que quedaba como un futuro extraordinario en camino. Y por eso cada ritual fue una posibilidad de seguir creciendo y haciendo mejores cosas.

“En realidad no puedo respirar fuera de Cu­ba, que es para mí el sedimento. Está en la formación, desde niña, en una isla. Yo soy una mujer de isla. Yo estuve en Puerto Rico, que es una isla también, y me maravillé porque se parece mucho a Cuba ¡pero qué va! Siempre me ha pasado que cuando viajo, lo más que puedo estar fuera son tres meses, y tengo que regresar”.

—Leo sus versos y veo en ellos fragmentos de su propia vida, ¿es posible vivir en la obra que se ha hecho?

—En realidad, la poesía que no desnuda al au­tor que la hace, es mediocre, es poco importante, es vacía… Efectivamente, yo estoy contenida en los libros que he publicado. Estoy contenida en todas las etapas, con todas las contradicciones, y con todas las paradojas que pueda tener.

—Usted ha dicho en varias ocasiones que su vida ha sido una novela. ¿Por qué usa esa metáfora?

—Porque una novela debe ser como un espejo que se pasa por la realidad, un espejo que va captándolo todo, entonces, pienso que la novela incluye las cosas buenas, regulares y las que salieron mal, es decir, como una novela, vivo mi vida, lo que me interesa es que quede la poeta a piel viva.

—Ahora sí escribe en la computadora…

—En la computadora y a mano también. A veces el impulso es tan fuerte…, porque po­dría hacer también poemas de oficio, pero no me gusta. Prefiero tener el impulso, y por eso soy una persona en tensión, porque tengo impulsos a cada rato.

—¿Qué son para Lina de Feria el fracaso, el perdón, las rivalidades, el éxito?

—En realidad, fracasos en empresas que he invocado han servido de acicate para otra empresa. Yo no me amilano fácilmente, yo tengo mucha resistencia. Para mí el perdón es importante. Yo pongo el otro lado, la otra mejilla. ¿Las rivalidades? La envidia es algo terrible. Lo peor es que el que envidia es el que sufre más. Del éxito te puedo decir que si de algo estoy completamente segura es de que el éxito ha tocado plenamente a mis puertas. Porque esta dedicatoria de la Feria es lo más grande que me ha ocurrido.

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Violeta Pujols dijo:

1

6 de febrero de 2016

06:57:32


Bravo por Lina gran poeta y mujer extraordinaria. Felicidades

Lina de Cuba dijo:

2

1 de marzo de 2016

13:41:53


Aplaudo a esta mujer sensible que al igual que yo, sin Cuba no puede respirar...soy una compositora y cantante cubana radicada en Bogotá, Colombia, y les digo que a pesar que soy una cantante que le ha ido muy bien, por dentro llevo el corazón mustio... y es que en Cuba están mis raíces, y yo, al igual que un árbol, sin raíces muero.