Aquí tomo el café, mientras intento ponerle los zapatos a mi hijo y que no me pegue sus manos llenas de migas en el vestido de ir a trabajar. Miro el reloj, no quiero llegar tarde al círculo ni a los tantos pendientes del día.
Allá, una mujer no sabe el momento exacto en que empezarán las bombas a caer, ni si una tocará sobre su edificio, haciéndolo pedazos. El azar entonces no tiene nada de juego, es el sudor frío y esa sensación angustiosa de no poder tragar los alimentos, aun con el estómago vacío.
Aquí escribo y edito, edito y escribo, y río con mis compañeras de trabajo, y me molesto por algo que no sale bien.
Allá, un padre escarba con las uñas entre los escombros, hasta que los dedos se le hacen sangre, creyendo que basta con su fuerza para rescatar a la hijita que se le ha quedado bajo el hierro y el cemento, y el vidrio y los cientos de objetos que sostienen una vida. Pero no bastan sus fuerzas ni su anhelo. Y si bastaran, tampoco llegaría a tiempo.
Aquí, almuerzo despreocupada, pienso en qué estarán haciendo mis hijos a esa hora en el círculo. Llamo a mi esposo. Leo un poco.
Allá, una madre recibe la noticia de que su hijo prematuro ha muerto porque no hay energía eléctrica y no funcionó más la incubadora. Y a ella se le hace la oscuridad dentro, para la eternidad.
Aquí, en una reunión, mi amiga me enseña una foto en su móvil: parece una familia entera, pero apenas se les ven los pies, de distintos tamaños, todos sin zapatos. Tengo el pensamiento terrible de que la escena semeja un emparedado gigante de paredes y carne. Me entristece, profundamente.
Y el aquí y el allá hacen contacto como en tantos otros días, casi todos, desde que Palestina es uno de los infiernos de este siglo.
No son mundos paralelos el nuestro y el de ellos. Es el mismo mundo, donde pareciera que la locura asesina es imparable. Horroriza el pensamiento de que ese allí pueda ser un día nuestro acá.
Aquí vuelvo a casa, preparo meriendas, baño, comida, leche. Vemos una película. El dolor se va haciendo fino, pálido. Pido que no nos gane la indiferencia. Dormimos.
Allá el miedo, solo el miedo.


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Armando Enrique dijo:
1
29 de noviembre de 2023
16:28:13
flores dijo:
2
1 de diciembre de 2023
11:26:56
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