Hace un tiempo, durante la matiné de un cine de Inglaterra, los niños se encontraron de súbito en pantalla con una mujer desnuda que era arrojada ensangrentada contra una cámara. Habían ido a ver junto a sus padres el último filme de la saga infantil Madagascar, y en su lugar se comenzó a proyectar la cuarta parte de Paranormal Activity 4, una cinta de terror para adultos.
Gritando horrorizados, los niños corrieron hacia la salida y, detrás de ellos, los padres. Los dueños del cine pidieron disculpas y regalaron entradas gratis para próximas funciones con la promesa de que nunca más volvería a suceder algo semejante, pero los padres se quejaron en periódicos y otros medios aduciendo que no olvidaban las caras de terror de sus hijos y bien sabían que, a esa edad, imágenes como las que habían visto no se borran fácilmente, y hasta pudieran resultar traumáticas.
El hecho nos sirve para recordar que con la explosión del audiovisual pueden entrar en nuestros hogares escenas escabrosas de todo tipo, desde el asesino a sueldo disparándole en el rostro a su víctima –con profusión de masa encefálica regada contra las paredes– hasta los más ardientes actos sexuales, sonido estéreo incluido, sin olvidar ciertos videos musicales en los cuales las vulgarización sinonímica del sexo masculino es una constante en las letras de los cantantes, siempre dispuestos ellos a dejar constancia (a puro mandarriazo poético) de sus proezas amatorias.
Hay quienes se preocupan por que los niños no vean ni oigan lo que no deben, pero no faltan los que opinan que si ellos, por casualidad, se asoman y tiran un vistazo, pues «mientras más rápido descubran, más rápido conocen y aprenden».
Discutible escuela de la vida que olvida, lastimosamente, lo que es la fragilidad infantil en unos primeros años en que cualquier pistoletazo fuera del almanaque deja su marca. Que no por gusto se exigen en todos los cines del mundo la clasificación de películas por edades, detrás de las cuales se encuentran no pocos estudios de sicología y de otras ciencias.
Una clasificación que también debiera existir en nuestros hogares, si no en letreros, al menos sí inviolable en la mente de los padres.


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Yolaimis dijo:
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