Muchas frases en el español sirven para nombrar la falta de compromiso, la indisposición para entregarse a proyectos colectivos, el desentendimiento con las cosas ajenas siempre que exigen dar de sí algo que no es para beneficio propio.
Así, se hace común escuchar «eso no afecta mi municipio», «total, si esa no es mi familia» o «ese no es mi maletín».
En estos casos las palabras clave son usadas para nombrar lo que solo tiene valor o interés particular. «Mi municipio», «mi familia», «mi maletín», adoptan un sentido personal, que en estos contextos frisan con un egoísmo bochornoso que no deja lugar a dudas de que para quienes las usan nada más que ellos importan.
Si alguien no vino a trabajar, y esa persona debía cumplir ese día una tarea impostergable; si la bulla insufrible de la música afecta más a los otros, porque mi casa está más lejos; si la dependienta de la farmacia se niega a ubicar uno de esos medicamentos que otro necesita, o lo mira de reojo, o le dice que no hay lo que reservó a un conocido… ¡ese no es mi maletín!
Si aquel la está pasando mal, porque está siendo incomprendido, o porque no le está yendo bien en su equipo de trabajo; si bebe litros de alcohol como si fuera agua, y después la emprende violentamente contra su hijo o su mujer; si aquella irresponsable se queda dormida a diario y no lleva al hijo a la escuela ni lo atiende como es debido, si maltrata a la madre desvalida… ¡esa no es familia mía!
Si la calle recién barrida se llena de las cáscaras de mango que el desconsiderado botó en la acera de enfrente; si el claxon toca insistentemente en pleno amanecer a más de 30 metros de la casa propia; si los vagos se trasladan hasta las zonas donde hay turistas para «ganarse» el pan diario con la fuerza del rostro impúdico; si la tienda cierra reiteradamente, por inventario, en el horario más efervescente, si la dependienta avisa desde el día antes a los revendedores de productos que la han surtido..., habrá quienes sabiéndolo, al no tener afectación directa con tales desajustes, dirán que eso no afecta su municipio.
Aislarnos en el individualismo, pensar que mientras no caiga en nuestros ojos la molesta paja, todo está perfecto; creer que si el mal no hunde nuestra hacienda el mundo seguirá su curso natural, creyendo que estamos a salvo de debacles mientras el torbellino no arrastre a uno de los nuestros, es un modo triste de engañarnos, porque por elemental razonamiento, si para todos solo importa lo propio, a su vez lo nuestro, nuestras insatisfacciones, disgustos, trabas tampoco importarán a nadie.
Una sociedad que se respete –como también una en la que sus hijos se respeten a sí mismos y entre sí– procura, precisa y cuida que cada uno de sus servicios, sus instituciones y su gente tomen en consideración sus deberes impostergables.
Concordias, compromisos, obligaciones tienen absolutamente todos los centros que se abren a la vida de la comunidad y también los tienen todos sus ciudadanos.
En un país como el nuestro, solo el que no quiere salvarse de la ignorancia y la ociosidad sucumbe en sus ruinas. Que un salario no satisfaga todas las necesidades de una persona, que las condiciones de trabajo no sean las ideales, que un problema íntimo no abandone a quien lo sufre mientras permanece en su establecimiento no le da derecho a hacer en su jornada la mitad, poco o nada de lo que le corresponde a la plaza que se ocupa.
Cuando se rinde escasamente, cuando la indolencia corroe la calidad de nuestras entregas, cuando se actúa con desparpajo, sin amor ni respeto por lo que se hace, la obra personal –sea la que sea– afecta a los otros. Si todos asumimos que lo que no es nuestro maletín, lo que no es nuestra familia, o no afecta nuestro municipio, puede tener luz verde para andar mal, matemáticamente, nada funciona.
¿Cómo es posible la dicha de una persona si todo el que la rodea piensa solo en sí mismo? ¿Si nadie se involucra, si triunfa la indiferencia? ¿De qué forma podríamos, más allá de limitaciones y obstáculos por vencer, recibir la atención que merecemos, si para quienes deben suministrárnosla no somos su maletín?
Si no somos su familia, si nuestro «municipio» no los afecta ¿cómo podemos nutrirnos de lo que necesitamos de los otros? ¿Cómo podremos ser bien atendidos en las tiendas?, ¿cómo serán nuestros hijos bien enseñados?, ¿cómo nos indicarán sobre nuestras dudas en una recepción, si no somos «el maletín» de cada una de esas personas?
¿Cómo podremos ser seres humanos completos sin sacar afuera lo mejor de que estamos hechos para atomizarlo entre la gente? ¿Acaso puede generalizarse un decir y con ello un calco en la memoria colectiva a fuerza de repetirlo? ¿Será que no es degradación, en pleno siglo XXI, recusar que uno de los caminos hacia la prosperidad del espíritu es dándonos a los otros?
Si el «maletín» no es de nadie solo nosotros mismos veremos la cara nefasta de las consecuencias. Nadie escapará, como no escapamos hoy –a fuerza de desidias– de inconformidades en el trato, en las atenciones, en el respeto por nuestro tiempo cada vez que precisamos de los otros y como no somos ni su familia ni su paquete, nos retiramos con los asuntos a la espalda sin el menor atisbo de solución, cuando a veces, con solo levantarnos de la silla o hacer una consulta en el acto, podemos hacer que quien nos solicita un servicio se vaya satisfecho a casa. Pero para eso lo ajeno tiene que «afectar nuestro municipio».
Los que no nos sirvieron como debían tampoco serán servidos por quienes no los consideran su familia, al no ser que el canje de ayudas y ganas interesadas de cooperar se produzca. Y ni así, trocando codiciosamente lo que la confianza de un puesto o la capacidad de extender la mano permite, podríamos habitar una sociedad equilibrada y equitativa en el tomar y el recibir, imprescindible mecanismo de retroalimentación ciudadana. Para ello el maletín tendría que cambiar de dueño. Un dueño mayor y colectivo que delimite parcelas, que despoje de posesiones al inconsciente. Un «maletín» que sea de todos y que así lo sientan los que hoy, en la oscuridad de su cueva, degluten para los suyos, sin comprender que de este modo se está inmensamente solo.


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NICOLÁS PADRÓN dijo:
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23 de junio de 2017
07:22:41
Jorge Respondió:
27 de junio de 2017
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pablos dijo:
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23 de junio de 2017
08:36:09
Ray Luciano dijo:
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23 de junio de 2017
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Adolys Sarduy Velazco dijo:
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23 de junio de 2017
09:06:57
rmontoto dijo:
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23 de junio de 2017
10:03:44
wbc dijo:
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23 de junio de 2017
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Magaly Medina dijo:
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23 de junio de 2017
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eduardo dijo:
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23 de junio de 2017
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Barbarita dijo:
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Orestes Oviedo dijo:
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Marco Antonio dijo:
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Nelson Figuera dijo:
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er incurto dijo:
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manolo dijo:
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Beatriz Garcia dijo:
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Ariel Moreno dijo:
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23 de junio de 2017
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felix dijo:
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24 de junio de 2017
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Frank dijo:
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CARLOSLEY dijo:
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24 de junio de 2017
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Roberto dijo:
20
26 de junio de 2017
08:44:22
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