
No por casualidad durante la reciente sesión ordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular, tanto en la comisión encargada del tema agroalimentario como a raíz de la información ofrecida al plenario por Gustavo Rodríguez Rollero, titular cubano de Agricultura, afloraron numerosas preocupaciones, dudas, sugerencias e insatisfacciones en torno a esas producciones, cuyos precios y volúmenes distan bastante del poder adquisitivo cotidiano de la población y por tanto de su razón primordial de ser: la satisfacción de necesidades familiares y sociales.
El problema no es nuevo. Ha estado, desde hace casi un cuarto de siglo, en el centro del estado de opinión popular.
Transformaciones en el funcionamiento, envergadura, estructura y composición del sistema de la agricultura (proceso considerado como la medida más profunda y avanzada después de los primeros años de la Revolución) deben conducir a un salto en los niveles productivos, según lo afirmado por el Ministro.
Ojalá así sea, le oí decir a varias diputadas y diputados, no creo que con un trasfondo de incertidumbre o de pesimismo, sino más bien esperanzados en que por fin llegue el día en que, con el salario dignamente devengado, en cada hogar se pueda adquirir la vianda, vegetales, carne, frutas, granos…. que proporcional y adecuadamente requiere todo ser humano para asegurar no solo una alimentación balanceada, sino también salud y calidad de vida.
Para lograr ese noble propósito no basta una gigantesca siembra y resiembra de buenas intenciones. Antes habrá que concebir, diseñar, aplicar y hacer cumplir acciones concretas y una estrategia acertada, sujeta a riguroso control, que permita aprovechar mejor los dos millones 640 mil hectáreas que según el informe cultiva hoy la agricultura cubana, así como el millón 46 mil hectáreas ociosas o deficientemente explotadas, buena parte de ellas infectadas por plagas como el marabú.
Datos contenidos en la propia información del ministerio indican, por demás, que tres cuartas partes de los suelos son poco o muy poco productivos, en tanto apenas un siete por ciento de las áreas en producción están bajo la bendición del riego, en un contexto donde se torna cada vez más impredecible y adverso el comportamiento de las precipitaciones y del clima en general.
Con esas realidades habrá que convivir (se sabe desde hace años) y a sus efectos habrá que sobreponerse de forma creadora, inteligente, científica y productiva. ¿Tendrá en cuenta entonces el amplio sistema de la agricultura esos contratiempos objetivos que han incidido y seguirán incidiendo más allá de la voluntad de directivos, especialistas, profesionales, técnicos y demás trabajadores, para que no continúen derivando hacia pretextos y justificaciones a filo de no pocos “balances” o resúmenes?
Lo más importante no es una u otra estructura, sino que productores estatales y privados siembren mucho y bien, que sean verdaderamente eficientes en la atención cultural a los cultivos y rebaños, que el proceso de contratación transcurra seria y objetivamente, y no haya subdeclaraciones ni grietas por donde las producciones drenen hacia intermediarios y revendedores.
Interesa mucho —y lo demostró el intercambio— que el nivel de planificación, concepción y gestión del ministerio aseguren, por una parte respaldo tecnológico imprescindible y oportuno para quienes de verdad producen y entregan, así como que esos productores no estén cruzados de brazos a la espera, por ejemplo, de soluciones como las que muchos ganaderos tendrían hoy si se ocuparan de garantizar por sí mismos el alimento que demanda el ganado para tributar más leche y carne, sin que el país deba incurrir en importaciones o gastos innecesarios.
Es imprescindible que predomine una mejor y más óptima explotación, cuidado, defensa y preservación de los recursos disponibles o los que se sigan adquiriendo gradualmente, para que no corran la misma “suerte” de miles de tractores, implementos agrícolas, sistemas de riego y otros medios que han sucumbido precozmente durante años, pudiendo haber tributado más y mejores resultados e incluso estar activos todavía.
Si se despejan y trillan bien esos y otros senderos, entonces podría llegar el día en que las viandas, granos y frutas tengan presencia permanente en nuestros hogares, y no se echen a perder en puntos de venta por la absurda postura de vendedores y revendedores que prefieren perderlo todo antes que bajar el precio a favor del último y más importante eslabón en todo ese proceso: el consumidor.
Confiemos en que sí; en que sobre la base del empeño endógeno y de la inyección que pueda generar la aplicación de la Ley de Inversión Extranjera (dentro de la rama agropecuaria) comencemos a ver un cambio favorable en un terreno tan decisivo como ese, al que tampoco por casualidad el propio informe define como “de importancia estratégica y factor de seguridad nacional”.


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cubitabella dijo:
1
30 de julio de 2014
23:49:41
Rosa C: Báez dijo:
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eustaquio dijo:
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31 de julio de 2014
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Sulfuro dijo:
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31 de julio de 2014
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Leandro R. Chávez dijo:
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31 de julio de 2014
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REY dijo:
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31 de julio de 2014
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erundino dijo:
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31 de julio de 2014
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Robespierre dijo:
8
31 de julio de 2014
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Leandro R. Chávez dijo:
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Gonzalo Hernández dijo:
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abelardo dijo:
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31 de julio de 2014
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Ulises dijo:
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Placeres dijo:
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MatraK dijo:
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1 de agosto de 2014
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Pedrito dijo:
15
3 de agosto de 2014
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martin de jesus Rodriguez Perez dijo:
16
3 de agosto de 2014
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MARCIAL FERNÁNDEZ TEJEDA dijo:
17
3 de agosto de 2014
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SALVADOR HERNANDEZ dijo:
18
3 de agosto de 2014
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carlos dijo:
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4 de agosto de 2014
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Mary dijo:
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4 de agosto de 2014
10:41:16
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