Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se afianza como una de las principales potencias y comienza a jugar un papel determinante en la zona que desde Occidente se bautizó como Medio Oriente. Bajo el discurso de la modernidad, conspiró contra los procesos de orientación nacionalista en el área, al tiempo que trazaba alianzas con las monarquías del Golfo Pérsico, hasta el día de hoy puntos neurálgicos de la producción petrolera internacional.
La década de los 90 tuvo la marca de la desaparición del llamado Socialismo Real en Europa del Este, y el significativo aplacamiento de muchos de los procesos de liberación nacional, en el poder o en la disputa por él, que durante la segunda mitad del siglo xx se fueron desatando en América Latina, África y Asia. Sobre lo que ocurrió particularmente en Medio Oriente, conversa con Granma la doctora en Ciencias Históricas y profesora titular del Instituto Superior de Relaciones Internacionales Raúl Roa García, María Elena Álvarez.
Después del 11 de septiembre de 2001, la narrativa de los derechos humanos y de la lucha contra el terrorismo sirve a ee. uu. de justificación para una serie de bombardeos e invasiones que se alargan de una forma u otra hasta hoy. Sin embargo, en los años 90 también se estaba agrediendo la región. ¿De qué se trató entonces?
«Primero, ee. uu. estableció una alianza a partir de la Segunda Guerra Mundial con los países del área, sobre todo tras la agresión de Gran Bretaña, Francia e Israel a Egipto, porque este nacionaliza el Canal de Suez y, a partir de allí, se crea un plan para controlar el comunismo, con organización militar incluida.
«Aunque Gamal Abdel Nasser hablaba de socialismo islámico, realmente lo que se dan son procesos nacionalistas; el de Egipto fue el más radical, pero el socialismo no tuvo la fuerza que en Asia.
«En aquel momento, ee. uu. no tenía una importante presencia militar, pero sí alianzas que le reportaban estabilidad relativa en el área para participar y beneficiarse del petróleo, con una serie de proyectos que tuvieron continuidad hasta que cae el campo socialista.
«Cuando esto ocurre, ee. uu. se quedó sin guerra. Nunca se te olvide que la primera acción militar que desarrolló después de eso fue la invasión a Panamá, el 20 de diciembre del año 89, marcando territorio. No tenía enemigos. Y aquí lo primero que surge desde el punto de vista del constructo teórico es el choque de civilización.
«Es una etapa de unipolaridad, del presunto fin de la historia, pero a la vez empieza la transición intersistémica. Y el enemigo se va creando desde el punto de vista cultural. Es la imagen que después nos da al islámico con la mochila que, dicen, es un terrorista.
«Pero aquí están dados otros elementos que se vinculan también a Irán. ¿Por qué? Porque cuando la revolución islámica triunfa en el 79, Iraq la agrede (1980-1988). Y ee. uu. lo permite. Pero en esa guerra se desconoce la potencia de Irán. A pesar de que había acabado de triunfar la revolución y de que perdieron una gran cantidad de personas, la gente iba y se ponía delante de los camiones. Washington estaba apoyando a Saddam Hussein.
«Pero Iraq invade Kuwait (1990), y ee. uu. entra en la guerra del Golfo, ahora en contra de Bagdad. Es un punto de inflexión, porque se da la proliferación de las bases militares en la región –todas hoy reventadas–. Después, Clinton mantuvo el bloqueo a Iraq y acabó con ese país, a pesar de que habían sido aliados.
«Entonces empieza este constructo de presencia militar, choque de civilización, que a su vez tiene que ver con un elemento de más atrás, que es la guerra de Afganistán, donde los talibanes se conformaron en las madrazas de ese país con mucho dinero de parte de ee. uu. y Arabia Saudita.
«Durante los 90, ya sin la urss, se está cocinando algo. Surgen grupos de la transnacionalización del terrorismo, a partir de los que estaban en Afganistán. No quisieron integrarse y, dirigidos por Bin Laden, construyeron toda esta organización con un porte internacional.
«En medio de todo, mágicamente llegaron las Torres Gemelas en septiembre 2001 y se resuelve esa contradicción de la ausencia del enemigo. Entonces, se explota un ambiente que se había ido conformando en la conciencia de las personas durante los 20 años anteriores, que tiene que ver con lo que es el árabe, con lo que es el islámico, o más bien con un estereotipo funcional para lo que será la “lucha contra el terrorismo”.
«La invasión a Afganistán comienza tan temprano como octubre del propio 2001. Ahí los estadounidenses estuvieron muchos años, no resolvieron nada y tuvieron que irse (2021). Desde el punto de vista geopolítico, fue un desgaste tremendo. Era un área que durante Clinton también se trató de penetrar, porque está en el centro de Asia; había caído la urss, y allí las repúblicas igualmente tenían corte islámico.
«Volviendo a Bush, el terrorismo fue un pretexto y la vida lo demostró. Después, en 2003, llega la guerra contra Iraq, cuya población, tras las guerras del Golfo y los bloqueos de ee. uu., venía de un proceso de penurias. Aquí no fue el terrorismo, sino las presuntas armas químicas, todo fabricado; pero el terrorismo como excusa siguió, y Estados Unidos volvió a incrementar su presencia en el área.
«Mantuvieron la alianza con Israel y aumentaron las contradicciones con Irán, poniendo foco en su programa nuclear con fines pacíficos. Persistieron los vínculos con Turquía y con las monarquías del Golfo, pero siguieron estando países como Siria y organizaciones que ee. uu. e Israel, sobre todo, veían con mucha preocupación, como puede ser Hezbolá.
«Yasser Arafat murió (2004), se comprobó que fue asesinado; se dio la victoria de Hamás en Gaza (2006), que ni la propia Organización para la Liberación de Palestina aceptaba; llegaron operativos israelíes terribles, se mantuvo la dinámica de agresión y no se cumplieron los acuerdos y no pasó nada. Presionaron a Ariel Sharón, se fueron los colonos de Gaza, pero cada vez que Israel tenía un problema en cualquier lugar, le tiraba –tira– a la Franja.
«Entonces llegó la primavera árabe y también se utilizó el factor terrorismo, sobre todo en Siria, con una intervención de ee. uu. que nadie pidió; luego la presencia rusa. También se va a acentuar la agresión de Arabia Saudita a Yemen en 2015.
«Un poco se regionaliza todo esto de la guerra, de la inestabilidad, y se da la entrada de las fuerzas de la otan a Libia y el asesinato de Muamar el Gadafi en 2011. Todo esto va a tener un derrame, llevando la inestabilidad también hacia el centro de África, que todavía está así.
«En Medio Oriente, la primavera realmente resolvió muy poco, pero sí dejó secuelas. Por ejemplo, en Siria, uno de los terroristas por cuya cabeza Estados Unidos daba diez millones de dólares, hoy es quien está al frente del país.
«Parecería que se van resolviendo los problemas, pero en la práctica se van agravando.
«Lo que hizo Bush (2001-2009) fue tremendo en su supuesta lucha contra el terrorismo, acabó…, y apareció Obama, con una política, vamos a decir, diferente, porque llegó a un arreglo con Irán en 2015 y aterrizó en El Cairo, donde trató de hablar y de llevarse bien con los árabes. Pero fue quien entró en Libia, y en Siria. También dejó correr la situación en Gaza y el incremento de colonos en enclaves palestinos; decían que se llevaba mal con Netanyahu, pero al ir de visita, le dejó la ayuda militar más grande que ha dado ee. uu. a Israel.
«Cuando llegó Trump (2017), lo primero que hizo fue salir del pacto con Irán y logró algo que era terrible para los palestinos, la firma de los Acuerdos de Abraham en 2020, donde varios países árabes pactaron con Israel y establecieron relaciones. Faltaba Arabia Saudita, que es muy importante, porque dentro de los países árabes, es quien tiene los lugares sagrados, el que representa el poder del islam, y además es una potencia respetada».
En ese contexto, ante el peligro de que Palestina quedase cada vez más abandonada por los países de la región y bajo la constante y silenciada agresión israelí, Hamás lanza en octubre de 2023 su operación Diluvio de Al Aqsa. La respuesta del sionismo fue desatar aún más su política de genocidio, con saldo de más de 70 000 asesinados en menos de tres años.
También se agudizan las contradicciones de cara a Irán en toda esta etapa. Al respecto, ahondaremos en la cuarta entrega de esta entrevista.













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