¿Qué papel desempeña y ha desempeñado la fe en los procesos de liberación de lo que se conoce como Oriente Medio? ¿Cómo ha sido estigmatizada? ¿A qué se le ha llamado terrorismo desde las potencias coloniales?
Desde estas interrogantes dialoga con Granma María Elena Álvarez Acosta, doctora en Ciencias Históricas y profesora titular del Instituto Superior de Relaciones Internacionales Raúl Roa García.
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«Hay tendencias que predominan en la región. Es un área en la que el factor religioso se convierte en identitario y donde la población autóctona se mantiene. El islam no es la única fe, pero sí la prioritaria.
«Irán, en ese contexto, es persa. Hoy el 75 % de su población asume tal identidad. Ellos llevan siglos allí, inventaron el álgebra, nutrieron a Europa de su medicina… O sea, fue una cultura siempre muy por encima, capaz de asimilar, a la vez de repeler y de hacerse protagónica de determinados fenómenos.
«Son islámicos también porque fueron dominados por los árabes, pero el chiismo surge como una matriz diferente del islam, una de sus ramas. Es la otra ala, con una lectura peculiar, como una forma de rebelión para interpretar el mundo a partir de sus supuestos.
«Han sido capaces, vamos a decir coloquialmente, de aguantar todo lo que les han tirado. No siempre han vencido, pero a la larga se mantuvieron. Entonces, es una civilización que no es superior o mejor o peor, pero con características que Occidente no sabe interpretar.
«En el contexto de la Guerra Fría, fue un área donde realmente el socialismo no tuvo gran presencia. Cuando triunfa la revolución de Irán con el modelo islámico-nacionalista, ahí prácticamente no había partidos comunistas y las otras fuerzas no han tenido grandes resultados.
«A partir de esta revolución, para la década de los años 80, comienzan a surgir organizaciones de corte islámico que muchos autores, incluso hoy, tachan de terroristas. Debemos recordar que estos le daban continuidad a partidos políticos de corte islámico que ya habían estado presentes en el área.
«Hay que interpretarlos en un contexto de liberación nacional, porque el terrorismo se asocia a la acción deliberada de crear terror en la población civil. Pero, por ejemplo, en la guerra de Argelia, el Frente de Liberación Nacional utilizaba métodos que pudieran entenderse como terroristas. ¿Por qué? Porque había tal violencia por parte de Francia, que también los usaba, que fue el único mecanismo que les quedó; la represión colonial era brutal».
En el texto Argelia, inspiración anticolonial y un poco más, publicado en este periódico en septiembre de 2025, recordábamos cómo mientras en París se celebraba la derrota del fascismo en Europa, las autoridades francesas masacraban en Argel a más de 45 000 personas en menos de una semana…
«Cuando lees sobre Medio Oriente –continúa la académica–, Hamás tiró cuatro misiles para Israel y entonces este desarrolló la Operación Plomo Fundido entre 2008 y 2009 y acabó con todo el mundo (1 400 gazatíes asesinados, entre ellos 300 niños); entonces los culpables son los palestinos y Hamás, pero en paralelo se niega el terrorismo de Estado de Israel.
«La pregunta sería: ¿qué debe hacer un pueblo que busca liberarse de una potencia ocupante, que se le niega el derecho a la libre autodeterminación? ¿Qué métodos debe adoptar en ese escenario? ¿O acaso los Movimientos de Liberación Nacional no son aquellos que, con diversas formas organizativas y variados métodos, luchan contra la dominación colonial, neocolonial y extranjera, en pos de la independencia, en el ejercicio de los pueblos a la libre determinación? ¿Cómo tú te defiendes? Esto es complicado. La región lo es.
«En el caso de Irán, en 1953, el gobierno de Mohammad Mosaddeq nacionaliza el petróleo y la opción fue darle un golpe, el segundo en el que actúa la CIA; se habla de Gran Bretaña, pero ya la CIA participa. Después se trata de desarrollar, junto al sha Reza Pahlavi, la Revolución Blanca con grandes inversiones para desarrollar la modernidad. Es más, en la década de los años 70 se hablaba hasta de establecer un armamento nuclear en Irán, porque en esos años la alianza fundamental de EE. UU. estaba en Israel e Irán, además de llevarse muy bien con las monarquías del Golfo.
«Y volvemos a la tipicidad de Irán, que desarrolla un movimiento de liberación, porque ven cómo se están convirtiendo, no en un aliado, sino en un país que hace todo lo que quiere EE. UU.
«Es desde el islam que se comienza a organizar la revolución que triunfó en el año 79. Y no entendemos, y en aquel momento tampoco se entendía, que pudiera ser una revolución de carácter religioso. Y fue una revolución, sobre todo porque fue antimperialista y porque sobre sus normas y sus preceptos, que eran islámicos, se establece todo un constructo de independencia.
«Por mucho tiempo, los procesos socialistas solo leyeron la parte en que Marx dice que la religión es el opio de los pueblos, pero no la otra, en que explica que «La miseria religiosa, es, por una parte, la expresión de la miseria real y, por otra, la protesta contra ella».
«A veces dicen que las contradicciones en el área son religiosas. Estamos hablando de poderes regionales: Irán, Arabia Saudita, Turquía, Israel. Y, además, la tipicidad, porque Emiratos Árabes Unidos es un país diminuto, pero con un peso tremendo desde el punto de vista económico.
«No es menor la influencia del factor religioso, porque Irán es la base del chiismo y en las monarquías del Golfo hay población chií con vínculos históricos con Irán, pero también hay chiitas en Líbano y en Siria. Esa población se ha visto en desventaja con respecto a los suníes y ha sido la más explotada.
«Habría que hacer un análisis clasista y un estudio de los logros y de lo que es una revolución, para entender un poco cómo Irán se desmarca de las otras tendencias, por sus peculiaridades y porque esta revolución islámica antimperialista lleva a que constantemente, en lo adelante, se convierta en el enemigo número uno de Israel».
En esos años se hablaba de teología de la liberación desde el catolicismo. ¿También puede verse desde el islamismo?
«Mira, tú puedes verlo como teología de la liberación, porque los movimientos, ya sean de base religiosa o no, tienen objetivos. La teología de la liberación clasifica como defensora de los pobres y los pueblos, entre otros aspectos, en ese ámbito hay coincidencia con grupos de base islámica en la región.
«Los movimientos de corte religioso han sido un elemento aglutinador y que pueden ayudar a la salvación de las personas en diversos contextos. Y un poco eso lo ves en la teología de la liberación y lo entiendes más. ¡Ah, no, porque es en el cristianismo! Con el mundo islámico también ocurre.
«Entonces, tienes el constructo de la teología de la liberación, pero también que el Estado se apoya en esa autoridad religiosa. En el caso del islam este fue un hacedor de unidad y de defensa desde que llegó Mahoma por allá en el siglo vi.
«Hay otras formas en las que se presenta la religión, igual que en América Latina, aunque con peculiaridades. Por ejemplo, todas las monarquías del Golfo tienen un basamento religioso. Se puede decir, sin embargo, que existe una teología desde el islam; en este caso, con predominio del chiismo, que ha sido esencial en la lucha por la liberación y la independencia de los pueblos.
«Nosotros somos occidentales por la imposición a través de la cruz, por eso es tan interesante la teología de la liberación en América Latina. Acá la religión fue un arma de dominio, también en Medio Oriente. Pero allá se ve no como lo que trae el colonizador, sino desde su propio desenvolvimiento.
«Desde el punto de vista de la ofensiva occidental contra todo eso, incluyendo la afinidad al Estado de Israel, EE. UU. siempre apoyó la tradición, no la modernidad. En Irán, sí, modernización, Revolución Blanca, pero a favor de mi interés, no puedes nacionalizar el petróleo.
«¿Cómo fue la respuesta de ese país? A través de su cultura, que pasa por su religión. Pero el problema no es religioso. La religión es una forma de manifestación que expresa contradicciones; pero, en la práctica, detrás de todo está la contradicción socioeconómica, política y de control, y de la independencia de los países.
¿Entonces el problema es la tierra y no el cielo?
«Así mismo, lo que siempre evocamos el cielo primero».













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