Comprobado que el avión presidencial Air Force One, que transportaba al mandatario de Estados Unidos, Joe Biden, en su visita al Oriente Medio, ya había abandonado el cielo de la región, un bombardeo israelí contra la palestina Franja de Gaza dejaba constancia ante la comunidad internacional de lo seguro que se siente el Gobierno sionista de Tel Aviv tras firmar una Declaración Conjunta de cooperación estratégica con el presidente estadounidense.
Durante esa misma jornada del 16 de julio, último día de Biden en la región, el gobernante había participado en la ciudad de Jeddah, Arabia Saudita, en un encuentro con líderes de Bahréin, Kuwait, Qatar, Omán, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Irak, Egipto y el país anfitrión, en el que expresó el compromiso de su Gobierno con «mantenerse firme junto a sus aliados», ante lo que ha calificado como la «amenaza de un Irán nuclear».
Crear un frente común contra Irán fue, sin lugar a dudas, uno de los objetivos principales del periplo de Biden por esa región.
En forma amenazadora advirtió: «Estados Unidos está comprometido en construir un futuro positivo en la región, en asociación con todos ustedes, y Estados Unidos no se irá a ninguna parte (…) No nos alejaremos ni dejaremos un vacío para que lo llenen China, Rusia o Irán. Buscaremos aprovechar este momento con un liderazgo estadounidense activo y de principios».
Otro objetivo primordial del presidente yanqui fue el de convencer a las autoridades del reino saudita de aumentar su producción petrolera para facilitar una posible baja de los precios del hidrocarburo en Estados Unidos. El tema está muy relacionado con la situación actual en ese país, afectado por la mayor inflación de las últimas décadas y las ya cercanas elecciones de medio término en noviembre.
Todo indica que los demócratas están en una verdadera cuerda floja, y las últimas encuestas solo dan al actual mandatario un índice de aprobación que ha bajado a niveles récords de un 29 %, reveló Telesur, que citó a la empresa encuestadora Civiqs Poll.
Ante la exigencia de Estados Unidos, Arabia Saudita consideró aumentar su producción diaria de petróleo de los actuales 10,5 millones de barriles a 13 millones, aunque dejó claro que no hará nuevos incrementos.
No puede olvidarse que la grave situación con los precios de los combustibles y los alimentos se deriva, fundamentalmente, de las sanciones impuestas a Rusia para que no pueda exportar su petróleo y gas, así como sus granos y otros productos a Europa y Estados Unidos.
En este contexto, el Wall Street Journal publicó, en abril pasado, que Washington pidió a Arabia Saudita aumentar su producción de crudo para bajar los precios, fundamentalmente en su país, donde el costo de la gasolina ha batido récord; pero en aquel momento Riad no respondió a la petición.
Como un tiro en pulmones propios se ha calificado la aplicación de las sanciones a Moscú, con las que han resultado más afectados los propios países cuyos gobiernos se unieron a Washington en esa política que, a la vez, ha prolongado la guerra en Ucrania y solo ha favorecido al Complejo Militar estadounidense, que bate palmas ante el aumento de sus enormes ganancias por la exportación de armas.
De acuerdo con reportes del canal de televisión Al Arabiya, citado por Sputnik, en la reunión del pasado 16 de julio, entre Joe Biden y el príncipe heredero saudita, Mohamed bin Salmán, este advirtió que, «si Estados Unidos quiere que los países compartan el 100 % de los valores estadounidenses, entonces se quedarán, con él, solamente los países de la otan».















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