Las protestas en Panamá han alcanzado un nivel imprevisto por las autoridades del país. Miles de personas llevan más de diez días en las calles contra el encarecimiento de los precios de alimentos, medicinas y el combustible.
Las concentraciones comenzaron por el gremio educativo, pero se han extendido a otros sectores, convirtiéndose así en una manifestación inédita por más de 30 años en la historia de ese país.
Se han sumado la Alianza Nacional por los Derechos del Pueblo Organizado, la Coordinadora Nacional de los Pueblos Indígenas, cinco gremios educativos y otros de transportistas, la Central Nacional de Trabajadores y la Asociación de Enfermeras.
El director del Centro Internacional de Estudios Políticos y Sociales, de Colombia, Harry Brown, comentó al diario El Tiempo que «hay una acumulación de demandas insatisfechas que es lo que ha originado las protestas, pero el detonante han sido los precios del combustible».
Añadió que las protestas panameñas son similares, en objetivos, a las que ocurrieron recientemente en Ecuador, Colombia y Chile, pues «las podemos ubicar en el contexto del reclamo en toda la región por una mejor distribución de la riqueza».
Los reportes locales de prensa visibilizan como principales, entre las demandas, que el galón de combustible quede en el entorno de los tres dólares, la creación de una política de generación de empleo, la disminución de los salarios de los altos cargos públicos y la eliminación de los privilegios de los funcionarios del Gobierno.
El 14 de julio el Gobierno anunció varias medidas para paliar el efecto de las protestas, que tienen en pausa al país; sin embargo, los manifestantes rechazaron las medidas y convocaron a nuevas movilizaciones.















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