Retumbó en Naciones Unidas, una vez más, la voz de los que piden y exigen el fin del bloqueo económico, financiero y comercial de Estados Unidos contra Cuba.
Fueron esta vez 184 los votos a favor de la Resolución cubana. A ninguno de los representantes de países o grupos de naciones que allí hablaron y votaron, se le pidió identificación política o favor alguno. Hubo críticas, y hasta exigencias que para nada tienen que ver con el derecho internacional de respetar la decisión de cada país de ejercer el modelo social que determine. El nuestro, todos lo saben, es el modelo socialista, inclusivo, donde la vida del ser humano está por encima de todo.
Quizá sea el bloqueo la expresión más completa de lo que significa violar los derechos humanos, mutilar el derecho a la vida, a la alimentación, a la medicina, al desarrollo...
Pero Cuba no se cansará de exponer, ante la Asamblea General de la onu, su más enérgica exigencia
porque se ponga fin a esa política de odio y crueldad, por parte de gobiernos de la potencia más rica del planeta, empeñada en hacer rendir por hambre a una pequeña Isla cuyo mayor capital es el valor, la resistencia y la dignidad.
Nuestro Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba y Presidente Miguel Díaz-Canel, el mismo que cada día preside jornadas intensas de trabajo en busca de soluciones a nuestros problemas, que inspira confianza a un pueblo que lo admira por su constancia y desvelo ante aspectos como la pandemia de la COVID-19, que se emociona por el logro de nuestros científicos en la búsqueda y consolidación de vacunas para salvar vidas, ha escrito en su cuenta de Twitter este miércoles, luego de la votación en las Naciones Unidas, que «volvimos y volveremos a la Asamblea General de la ONU mientras exista bloqueo. Porque respetamos a la comunidad internacional, tanto como la desconoce e irrespeta el imperio».
No sería nunca un ejercicio de retórica contra el país del Norte. Se trata, en todo caso, de una advertencia al mundo que sabe muy bien cuánto daño provocan las medidas coercitivas aplicadas contra Cuba, cuántos enfermos ven peligrar sus vidas por falta del medicamento que no podemos conseguir porque algún componente del mismo tenga etiqueta Made in USA.
Debe preguntarse la humanidad, cuánto habría podido hacer Cuba en su desarrollo económico y a favor de su pueblo, si no existiera un bloqueo que nos ha privado en estas seis décadas de no menos de 147 853,3 millones de dólares (a precios corrientes) y que solo el año pasado, en medio de la crisis por la pandemia, entre abril y diciembre de 2020, esa política hostil causó pérdidas por 3 586,9 millones de dólares.
Qué potencia es esa que tiene como política perseguir buques que transporten petróleo a la pequeña Isla caribeña, o que confisque cualquier envío de medicamentos y otros insumos médicos para combatir la COVID-19 si la empresa que los exporta a Cuba tiene algún vínculo con una entidad estadounidense.
Volvió a ser la ONU este miércoles 23 de junio, la expresión del mundo desigual en que vivimos. Allí se oyeron las voces de representantes de gobiernos cercanos o no tan cercanos a la Isla, y no fueron pocos, quienes en medio de las restricciones lógicas por la pandemia, urgieron al Gobierno de Estados Unidos a acabar de poner fin al bloqueo.
Europeos, asiáticos, latinoamericanos, caribeños, africanos, levantaron sus voces de apoyo a nuestro país.
Mientras, un reciclado discurso de un funcionario de la diplomacia yanqui, se aferraba a defender al bloqueo con débiles argumentos, con mentiras cada vez menos creíbles, dando la espalda, una vez más, a gobiernos y pueblos del mundo que aspiran, como Cuba, a que las sanciones no constituyan parte de la política que aplican a la Isla y se respete nuestro derecho a ser libres, soberanos e independientes. Derecho que seguiremos exigiendo y que defenderemos al costo que sea necesario.















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