ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
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En los últimos días de este verano vivimos otra vez una de las experiencias más conmovedoras, capaz de taladrar los muros que blindan nuestro corazón. Desde el 28 de agosto hasta el 8 de septiembre París arde en la llama de los Juegos Paralímpicos.

Como todo gran evento deportivo, esta cita nos regala espectáculo, emociones, victorias y récords, pero también trepida lo más hondo de la condición humana con el esfuerzo de hombres y mujeres que, ante los contratiempos, siguen adelante y no reservan un rincón tranquilo para llorar y reclamarle al destino. 

«La discapacidad no te define; te define cómo haces frente a los desafíos que la discapacidad te presenta», aseguró con el ejemplo de su propia historia Jim Abbott, lanzador del beisbol estadounidense, rival de Cuba en la épica final del Mundial de Parma 1988 y ganador de casi un centenar de partidos en las Grandes Ligas.

Aunque la pelota nunca ha contado con una variante en estos certámenes estivales, la frase del jugador norteamericano vale para cada atleta con la valentía de desafiar sus infortunios y convertir las horas de dolor silencioso o compartido con escasas personas en la alegría de millones.

Los deportistas entregados a sus sueños en estas jornadas, nos recuerdan el poder de la voluntad para transformar los defectos en virtudes y las adversidades en victorias. Donde falta una parte del cuerpo crece un «ala» y a quienes los abandona la visión les nace –cual guía– una luz interior tan intensa como el fuego encendido nuevamente en Francia.

Necesitamos enterrar para siempre los prejuicios, los estándares de «lo normal», la lástima sobreprotectora. Solo con el respeto y el diálogo de la diversidad fundaremos una verdadera comunión universal. En las diferencias y en las imperfecciones nos esperan las puertas a la belleza.

Esos atletas, sin pretenderlo, nos preguntan cuánto más podemos trabajar, crear, contribuir al surgimiento de una realidad parecida a unos Juegos Paralímpicos, en los que todos nos abracemos con la cadencia de un solo latido, más allá de nuestras pasiones particulares.

A lo largo de estos días, los héroes y heroínas llegados a la ciudad europea desde todas las latitudes, llevan a los estadios, cada trazo del poema La misión de un hombre, del escritor chileno y mapuche José María Memet: «un hombre es un hombre/ en cualquier parte del universo/ si todavía respira// y si todavía respira/ debe inventar unas piernas,/ unos brazos, un corazón/ para luchar por el mundo».

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