ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
ficha de Carbó Foto: Archivo de Granma

«Martínez, quédate tranquilo, que pronto vamos a dar otro golpe. Entrégale al médico lo que necesita para curarme".

«Esta pequeña nota me la envió Juan Pedro Carbó Serviá uno o dos días después del ataque al Palacio Presidencial», relata el doctor Heliodoro Martínez Junco, quien en aquella época trabajaba en el Hospital de Emergencia, de La Habana, y fue uno de los que le facilitaron al valiente revolucionario la fuga del mencionado centro, la tarde del 13 de marzo de 1957.

«Al Hospital de Emergencia eran trasladados muchos de los jóvenes que resultaban apaleados o heridos cada vez que se producía un enfrentamiento de los estudiantes con los esbirros de la tiranía batistiana.

«Debido a esta situación, en el hospital había un grupo de médicos que ayudaban a los estudiantes en todo lo que estuviera a su alcance, además, de conspirar de otras formas contra el régimen.

«Conocí personalmente a casi todos los dirigentes de la FEU —cuenta Martínez Junco—, especialmente a Echeverría y a Fructuoso. José Antonio, en algunas ocasiones, me llevaba compañeros a la consulta para que yo los atendiera; inclusive, hasta a él mismo lo traté como médico.

LA VERDADERA IDENTIDAD DE JUAN FAIFER SOSA

«La tarde del 13 de marzo yo me encontraba fuera del hospital. Estaba de vacaciones, pero trabajando en mí consulta. No sé si eran las tres y media o las cuatro de la tarde, cuando me dijeron que habían oído por Radio Reloj una alocución que anunciaba la muerte de Batista.

«Inmediatamente me dirigí al hospital de Emergencia, ya que, con anterioridad, un grupo de médicos nos habíamos comprometido con Echeverría a reportar allí en caso de cualquier acción.

«Al llegar al hospital, un médico del grupo nuestro, el doctor García Toledo, me llama y me dice: Mira, allá arriba, en la sala E, está Juan Pedro Carbó Serviá, y lo hemos ingresado con el nombre de Juan Fáifer Sosa. Viene trasladado de la casa de socorros.

.“Su cuerpo estaba impregnado de pólvora, olía a humo, y las paredes del tórax y del abdomen presentaban muchas partículas de metralla” Foto: Archivo de Granma

«Subo a la sala, me identifico —porque yo no lo conocía y él, a mí. sólo de referencias—, y me dice: Martínez, todo esto ha fracasado, nos quedan una o dos horas para poder actuar, porque hay algunas confusiones. Me informa que Wangüemert está muerto, y que Menelao había sido herido de gravedad en la columna.

«Me pidió que lo sacara de allí porque "dentro de una hora viene la gente de Masferrer, y si me encuentran me van a asesinar".

«Rápidamente hice una orden de placa y lo trasladé para el piso de abajo, donde estaba el departamento de Rayos X.

ACABAMOS DE AJUSTICIAR A BATISTA

«Allí lo examiné bien. Recuerdo que tenía múltiples heridas: en uno de los brazos, creo que en el derecho, en la parte posterior, tenía una especie de fragmento de metralla, sin fractura ósea, pero sí se sentía que allí había un cuerpo extraño. En la planta del pie, en el calcáneo, tenía también alojado otro cuerpo extraño.

«Su cuerpo estaba impregnado de pólvora, olía a humo, y las paredes del tórax y del abdomen presentaban muchas partículas de metralla. Me dijo que eso se lo había producido una ráfaga que le tiraron y que había motivado la explosión del arma que llevaba en la mano.

«También me contó que, a pesar de que le era difícil caminar, pudo salir del lugar de la acción y que, cuando iba por el parque frente al propio Palacio Presidencial, un militar lo quiso detener, y él le gritó: ¡Acabamos de ajusticiar a Batista! Después, se montó en una máquina y fue para la casa de socorros de la calle Corrales, en donde dijo que se llamaba Juan Fáifer Sosa.

“En esos momentos nos esperaba frente al hospital una doctora, que ese día estaba de guardia, con su máquina, y a quien yo le había pedido que escondiera a Carbó Serviá en su casa” Foto: Fernando Lezcano

«El estado general de Carbó Serviá era bueno, aunque tenía dificultades para caminar.

«Después de curarlo, le busqué un traje y se lo puse, auxiliado por varios alumnos que trabajaban conmigo. Fue necesario descoserle una manga al saco, para poder entrarle el brazo, ya que lo tenía muy inflamado.

«En esos momentos nos esperaba frente al hospital una doctora, que ese día estaba de guardia, con su máquina, y a quien yo le había pedido que escondiera a Carbó Serviá en su casa, situada en una de las calles laterales al hospital. Ella tenía que curarlo, y al otro día me llamaría para informarme sobre su estado.

«La doctora lo dejó en su casa, donde vivía con su anciana madre, y regresó al hospital para continuar su guardia normalmente.

«Luego me contaron que, saliendo nosotros con Carbo Serviá, entraron por el fondo del hospital Masferrer y sus esbirros.

«Masferrer registró todas las salas identificando a los heridos. Advirtió que faltaba uno: Juan Faifer Sosa.

Después de curarlo, le busqué un traje y se lo puse, auxiliado por varios alumnos que trabajaban conmigo” Foto: Archivo de Granma

«OYE, LA GENTE DE VENTURA TE ESTUVO BUSCANDO AQUI»

«Al día siguiente salí de mi casa, como a las siete de la mañana, para la clínica donde trabajaba. Allí recibí una llamada telefónica de mi esposa: "Oye, la gente de Ventura te estuvo buscando aquí; van para allá".

«Logré escapar de los esbirros por el fondo de la clínica, e inicié entonces una vida clandestina, hasta unos días después, en que me asilé en la embajada de México.

«Con anterioridad a esto, un médico de la clínica me trajo una nota de Carbó Serviá. El se la había entregado a un estudiante que trabajaba con nosotros y en ella me decía lo siguiente:

«Martínez, quédate tranquilo, que pronto vamos a dar otro golpe. Entrégale al médico lo que necesita para curarme».

«Ordené que le entregaran al médico un bisturí, unas pinzas, y otros elementos, que seguramente utilizaría para extraerle el cuerpo extraño que tenía en el pie. Supe, además, por el médico, que Carbó Serviá no se había quedado esa noche en la casa de la doctora, sino que llamó a unos compañeros y se marchó a otro lugar. Que su estado de salud era bueno.

«En la embajada, conocí de su asesinato, efectuado el 20 de abril de 1957.

«Conservo una gran impresión de Juan Pedro Carbó Serviá. Fue un revolucionario muy valiente que se enfrentaba casi a diario a la policía batistiana.

«A pesar de que el ataque al Palacio Presidencial no logró los objetivos planeados, Carbó Serviá no perdió su confianza en la lucha. Aún no le habían extraído los fragmentos de metralla, cuando ya estaba planeando otra acción».

Fuente: Entrevista publicada en el Periódico Granma en 1976

Heliodoro Martínez Junco, quien en aquella época trabajaba en el Hospital de Emergencia, de La Habana, y fue uno de los que le facilitaron al valiente revolucionario la fuga del mencionado centro, la tarde del 13 de marzo de 1957. Foto: Liborio Noval
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Palax dijo:

1

15 de marzo de 2021

09:25:23


Estos jóvenes del Directorio Revolucionario tenían mucho coraje, eran hombres de acero. Excelente artículo.

Mimisma dijo:

2

15 de marzo de 2021

11:09:11


Que coraje el de aquellos jovenes, Cuba no los olvida.