Carácter subversivo del bloqueo económico contra Cuba (III)

Revanchismo por la humillación del fracaso en Girón

Mayo de 1961 a enero de 1963: la Operación Mangosta, la oficialización del bloqueo a Cuba y la política de tierra arrasada de su economía

ANDRÉS ZALDÍVAR DIÉGUEZ*

Un segundo momento en la toma de decisiones y ejecución de acciones anticubanas, con gran incidencia en la esfera de las presiones económicas, fue el período comprendido entre mayo de 1961 y enero de 1963, en que se gestó, se echó a andar y fracasó la Operación Mangosta, en que la administración Kennedy intentó hacer pagar caro a la Revolución cubana la humillación del fracaso en Girón, y que no hizo más que pasar a la posteridad como otro Girón, pero esta vez en secreto.

Foto: ISMAEL FRANCISCOLa tarea número 24 encomendó a la CIA, entre otras cosas, impedir las exportaciones cubanas de níquel, persecución que hoy se mantiene.

La idea operacional de Mangosta, que luego de su etapa preparatoria emergió en noviembre de 1961, era provocar una desestabilización interna tal en el país que trajese consigo un levantamiento popular programado para el mes de octubre de 1962, el que se complementaría con la invasión militar directa. Todo ello debía acabar con la Revolución. Se aplicarían medidas de diverso tipo, desde propagandísticas hasta intentos de asesinato del Comandante en Jefe. Las medidas económicas eran las cuantitativamente más numerosas, y en estrecha interacción con las medidas de sabotaje y otras de carácter militar elevaron la guerra en esta esfera a un nivel inimaginable en aras de lograr una tábula rasa en la economía cubana, que las dificultades de ellas derivadas compelieran al levantamiento popular perseguido.

Un aspecto que nunca ha recibido la suficiente divulgación es que la oficialización del bloqueo económico a Cuba, y con ello su profundización, fue resultado de la primera de las medidas económicas de la Operación Mangosta.

Según el plan elaborado, que contemplaba manipular a la Organización de Estados Americanos (OEA), tal y como hoy lo hace contra la Revolución bolivariana, la diplomacia norteamericana se empeñó a fondo para que la Octava Reunión de consulta de los Ministros de Relaciones Exteriores de esa organización, cuyas sesiones se realizarían a fines de enero de 1962 en el balneario uruguayo de Punta del Este, emitiese una resolución de condena de la Revolución cubana, que se utilizaría como justificación para la asfixia económica de Cuba. Por haberlo conseguido, tras su regreso de ese cónclave el secretario de Estado, Dean Rusk, fue recibido como héroe en los jardines de la Casa Blanca y de inmediato, el 3 de febrero, el presidente Kennedy firmaba la Orden Ejecutiva Presidencial 3447, Resolución Federal 1085 del 6 del mismo mes, que entró en vigor al día siguiente, bajo la autoridad legal de la sección 620 (a) de la Ley de Asistencia Extranjera del 4 de septiembre de 1961, estableciendo el bloqueo económico, comercial y financiero a Cuba.

La pauta establecida en la Operación Mangosta se cumplía, al justificarse tal medida en su preámbulo de la forma siguiente: "Considerando: que la Octava Reunión de los Ministros de Relaciones Exteriores, sirviendo como Órgano de Consulta en la aplicación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), en su declaración final resuelve que el actual Gobierno de Cuba es incompatible con los principios y objetivos del Sistema Interamericano...". Emergido del contexto clandestino de la Operación Mangosta, el bloqueo económico, comercial y financiero a Cuba rápidamente se convirtió en el punto focal de las relaciones entre los dos países, sin abandonar en los 42 años transcurridos la finalidad subversiva para la que fue concebida la guerra económica: que la insatisfacción y las dificultades económicas, el hambre y la desesperación creen condiciones para la destrucción de la Revolución.

La extraterritorialidad se reflejó en las tareas 22 y 23 de Mangosta: en cumplimiento de ellas trabajaron en aras de lograr la cooperación en las medidas económicas anticubanas por parte de sus aliados de la OTAN, tanto bilateralmente como en aquel foro integrador, así como de Japón.

La execrable guerra biológica fue expresamente reflejada en la tarea número 21, encomendada a la CIA "para provocar fracasos en las cosechas de alimentos en Cuba", iniciando una práctica también encaminada contra la población animal de valor económico e incluso la salud humana, que posteriormente a través de la epidemia del dengue hemorrágico en 1981 cobró 158 vidas, de ellas las de 101 niños. También se le encomendó a este organismo de inteligencia y subversión la tarea 24, encaminada a impedir las exportaciones cubanas de níquel, iniciando una persecución al comercio de ese producto que aún hoy se mantiene.

La destrucción de las principales industrias cubanas era tarea a cumplir mediante la realización de los miles de sabotajes que se programaron con la utilización de medios y métodos clandestinos, encomendada a la CIA como parte de la tarea 30, incluida en el epígrafe de las acciones militares. El Grupo Especial (Ampliado) del Consejo Nacional de Seguridad de Estados Unidos se esmeró a fondo en la precisión de cuáles debían ser las principales industrias del país a destruir a través de métodos terroristas. Ello es facilmente verificable en los documentos desclasificados del Gobierno norteamericano de ese período.

El pueblo cubano enfrentó aquella escalada terrorista y salió vencedor en la contienda. La nueva situación creada tras la Crisis de Octubre obligó al Gobierno norteamericano a cancelar la Operación Mangosta, lo que se hizo firme a partir de enero de 1963. Pero el ya complejo sistema de medidas contra la economía mantenía toda su vitalidad, y en muy poco tiempo, en los meses venideros, ya alcanzaría la totalidad de rasgos básicos, lo que acaeció en la siguiente etapa.

*El autor es investigador del Centro de Estudios de la Seguridad del Estado. Su más reciente obra: Bloqueo, el asedio económico más prolongado de la historia, fue presentada en vísperas de ser sometido a la Asamblea General de las Naciones Unidas un nuevo proyecto cubano de rechazo al bloqueo de Washington contra la Isla.

(parte II)