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María Luisa García Moreno
29 de septiembre de 2008
Me reprochaba un lector que dijera que la palabra
kilobyte no está aún aprobada, porque él la encontró en el
Larousse. Primero, aunque muy prestigioso, este diccionario no es
"académico", o sea de la Real Academia de la Lengua Española.
Segundo, si supiera cuántas palabras usamos cotidianamente y no
están aprobadas: alien; antibélico, -a; archiconocido; audiolibro;
balletómano; bla bla bla; científico-técnico, -a. Y que conste,
los ejemplos escogidos no son de los más nuevecitos.
27 de septiembre de 2008
En medio de esta agitada temporada ciclónica, vale
la pena referirnos al tema. La palabra ciclón, viene del
inglés cyclone y este del griego kyklóö, que significa
"doy vueltas", por los remolinos característicos de estos fenómenos
tropicales; todos ellos se derivan, en última instancia, de ciclo,
del griego kýklos y, por cierto, pertenecen a la misma
familia que cíclope, palabra formada de la combinación de
cyclops –öpis y öpos, "ojo", por el gran ojo
circular del cíclope —¿tendrá que ver con el ojo del huracán?—.
Huracán procede del taíno antillano hurakán; tormenta,
del latín tormênta, "tormento", y temporal, del
francés antiguo tormente, "desgracia".
25 de septiembre de 2008
Algunos se preocupan por la frase, casi obligada en
estos días, Gustav y Ike. En realidad, no me
parece un problema puesto que los nombres de los ciclones están en
inglés y la inicial de Ike, no se pronuncia /i/, sino /ai/;
nadie lo dice de otra manera. La norma que exige sustituir la
conjunción y por e, delante de vocablos que comiencen
con i, pertenece al español y sí sería un error si usted es
de quienes piensan que hay que españolizarlos y pronuncia /y Ike/
—/i I/—: eso sería un disparate. No obstante, si le preocupa,
invierta la frase y diga Ike y Gustav; y si aún le preocupa
el orden cronológico, escriba el Gustav y el Ike. Por suerte,
el español nuestro es muy rico en recursos y capaz de satisfacer
cualquier exigencia.
24 de septiembre de 2008
Me consulta una lectora acerca de la frase o modo
adverbial de hecho, cuyo empleo, según ella ha notado, se ha
incrementado entre nosotros. Pudiera ser; confirmarlo, por supuesto,
requeriría de una investigación. Sin embargo, no resulta nuevo:
aparece en el Diccionario de autoridades en el año 1734. En
el idioma —como en otras cosas— cada época sienta sus normas. En el
IV Congreso de la Lengua, realizado en Cartagena de Indias, se hizo
un llamado a la reutilización de voces en desuso, para evitar "su
extinción". En el Congresito, protagonizado por niños se definieron
las diez palabras desempolvadas: ágape, "fiesta"; cántaro;
chéchere, "algo viejo y deteriorado"; embeleco,
"caprichito"; embrollo; menjurje; modorra;
pipiolo; pañolón y güete, "contento con algo".
23 de septiembre de 2008
Me llena de satisfacción la actitud vigilante de los
lectores; por una de ellas supe que amerizar se dice también
de un hidroavión o aparato astronáutico, que se posa en el mar; sin
embargo, la amiga lectora se equivoca al pensar que este vocablo
elimina a la palabra amarizar, con idéntica significación, al
igual que amarar y acuatizar. Me llama la atención el
hecho de que en la extensa familia de palabras de mar,
amerizar —procedente del francés amerizaje— sería la única con
ese cambio de a en e.
22 de septiembre de 2008
La palabra pebetero, de pebete, da
nombre al recipiente usado para quemar perfumes especialmente el que
tiene cubierta agujereada, como el que se acostumbra a usar en los
templos, y también al recipiente en el que arde una llama
ceremonial, ya sea en monumentos o la llama olímpica. En cada
Olimpiada resulta una sensación el momento en que la llama, al fin y
luego de un largo recorrido, se prende en el pebetero,
preparado a tal fin.
12 de septiembre de 2008
El adverbio detrás está formado a partir de
las preposiciones latinas de y trans; significa "en la
parte posterior, o con posterioridad de lugar, o en sitio delante
del cual está alguien o algo"; mientras que tras, del latín
trans, es preposición y puede usarse aplicado al espacio o al
tiempo e, incluso, como "en busca o seguimiento", por ejemplo: Está
tras los resultados del concurso. También puede emplearse
como prefijo, por ejemplo: trastienda, traspié, trasbordo. En
este caso, se alterna con trans-: trasmitir/ transmitir;
aunque en algunas palabras resulta habitual usarlo de una u otra
forma, sin alternar: transcurso, trasatlántico.
11 de septiembre de 2008
Se llama dequeísmo a las incorrecciones en el
uso de la preposición de antes de la conjunción que,
ya sea por exceso o por defecto. Cuando estamos en presencia de
oraciones subordinadas sustantivas en función de complemento
directo, no se usa nunca esa preposición, pues este complemento solo
admite la preposición a —y solo si se refiere a persona—. Por
tanto, afirmó que, dijo que, explicó que¼
Sin embargo, si la subordinada sustantiva complementa a un
sustantivo o un adjetivo, la preposición es imprescindible: la
certeza de que, seguro de que¼
También hay casos en que la subordinada puede realizar otra función:
se percata (percatarse) de que, me olvido
(olvidarse) de que¼ ; aunque si
este último verbo estuviera conjugado en su forma simple (olvidar),
no llevaría la preposición.
10 de septiembre de 2008
El elemento compositivo -cracia, de origen
griego, "fuerza", indica dominio o poder; se usa en términos como
democracia —"doctrina política favorable a la intervención del
pueblo en el gobierno" y "predominio del pueblo en el gobierno
político de un Estado" o, simplemente, gobierno del pueblo— y
aristocracia —"ejercicio del poder político por una clase
privilegiada"—. Burocracia, palabra relativamente reciente,
pues apareció durante la década del treinta del siglo XIX, procede
del francés bureaucratie, derivado de bureau,
"oficina, escritorio"; una de sus acepciones reza "administración
ineficiente a causa del papeleo, la rigidez y las formalidades
superfluas"; por eso hay que luchar contra ella: no podemos permitir
que la burocracia reine.
9 de septiembre de 2008
Del latín vincere se derivan: vencer,
vencedor, vencimiento, también el apelativo víctor,
que significa "vencedor", y su femenino: victoria, "triunfo"
—Víctor y Victoria los usamos como nombres propios—.
De ambos proceden: victorioso, vítor, vitorear
—"dar vítores"—, invicto, invencible y además
convencimiento, convencer, convincente e, incluso,
convicto. Por su parte, derrota significa "revés
militar" y se deriva del francés déroute, que quiere decir
"desbandada, dispersión"; este término, a su vez, procede de rote,
"romper", en el sentido de "dividir, partir un ejército u otra
agrupación". Entre sus derivados están derrotado y
derrotista. Aunque ambos vocablos están indisolublemente ligados
a la historia de las guerras, por suerte, cada vez se relacionan más
con las competiciones deportivas.
8 de septiembre de 2008
Dos términos relacionados con nuestras primeras guerras de
liberación son carga y tea. Se conoce como carga
la embestida al arma blanca en formación espaciada; los ejércitos
europeos usaron la carga a la bayoneta. Al criollo José
Antonio Gómez Bullones, Pepe Antonio, alcalde mayor de la
villa de Guanabacoa, corresponde el honor de haber sido el primero
en emplear contra los ingleses, el 7 de junio de 1762, la carga
al machete, que luego los mambises convirtieron en terrible arma
de guerra contra el ejército español, con el fin de suplir su eterna
escasez de parque. Por su parte, tea, procede del latín
tëda, "rama recinosa de pino, antorcha"; con ella, los mambises
incendiaban cañaverales y plantaciones poniendo en jaque la economía
del régimen colonial.
3 de septiembre de 2008
Se va haciendo habitual el empleo del sufijo -ing,
procedente del inglés, sobre todo, en sectores como la publicidad y
el mercado. Este, por supuesto, no es un fenómeno que solo ocurra en
Cuba: ha sido estudiado por el Observatorio de Neología, que ha
recogido 1 600 neologismos terminados en -ing. Entre nosotros son
comunes marketing, camping, casting y
shoping. No debe olvidarse el peligro que puede representar para
la lengua la masiva introducción de anglicismos, algunos necesarios;
aunque la inmensa mayoría, no. "La lengua crece, se renueva y avanza
de forma lenta [...] Algunas modas son pasajeras, otras se
consolidan [¼ ] El tiempo dirá", dice
Alba Coll, especialista de la mencionada institución.
1 de septiembre de 2008
A propósito de una película, me preguntan si sería
más apropiado el término curador para quien se encarga de
conservar objetos. Según el DRAE, curador, -a, del
latín curator, -oris, es quien "tiene cuidado de algo;
la persona elegida o nombrada para cuidar de los bienes o negocios
de un menor, o de quien no estaba en estado de administrarlos por
sí". Creo que el uso que se le da a esa palabra, al menos entre
nosotros, es más específico y designa a las personas que se dedican
a la conservación de bienes museables o a la organización y montaje
de exposiciones en galerías y museos. En el diccionario etimológico,
se le define como "ávido de saber" y está emparentado con curioso.
El español nuestro
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