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(26 de
junio de 2010)
“Célula madre” de una profecía
ORFILIO
PELÁEZ
pelaez@granma.cip.cu
El aval de haber formado más de 32 000 especialistas
durante más de cuatro décadas bastaría para calificar de verdadero
"aldabonazo" el surgimiento del Centro Nacional de Investigaciones
Científicas (CNIC), el 1ro de julio de 1965.
La
joven microbióloga Gretel Barreras analiza muestras de orina con el
sistema Diramic, que mereció la Medalla de Oro conferida por la
Organización Mundial de la Propiedad Intelectual.
Más allá de su indiscutible protagonismo en la
creación de capital humano capaz de gestar el futuro de hombres de
ciencia y pensamiento, avizorado por Fidel el 15 de enero de 1960,
la apertura del CNIC rompió esquemas y marcó un hito en el complejo
camino de apostar por la soberanía tecnológica.
Jóvenes que con el paso de los años se convirtieron
en descollantes figuras de la ciencia cubana adquirieron en el
emblemático edificio las cualidades y conocimientos que luego los
harían brillar como investigadores o directivos.
El
desarrollo de un juego diagnóstico serológico para detectar la
infección por Helicobacter pyroli es uno de los proyectos más
promisorios del área de Biotecnología.
Baste mencionar, entre otros, los nombres de la
desaparecida doctora Rosa Elena Simeón, Ismael Clark, Gustavo Kourí,
Luis Herrera, Lidia Tablada, José Luis Fernández Yero, Agustín Lage
y Mitchel Valdés.
Así, la primera gran institución creada en Cuba para
fomentar el progreso de las diferentes ramas del saber al servicio
del desarrollo económico y social de la nación, devino una suerte de
"célula madre", porque muchos de los especialistas preparados en sus
laboratorios contribuyeron a fundar otras entidades de primer nivel,
entre ellas el Centro Nacional de Sanidad Agropecuaria, el de
Inmunoensayo, y el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología.
TIEMPO DE IMPACTOS
Con una plantilla de 700 trabajadores y un claustro
integrado por 72 investigadores y cinco profesores, de ellos 39
Doctores en Ciencia y 19 Máster, el CNIC genera fármacos, equipos,
kits diagnósticos, tecnologías y servicios, que representan nuevos
fondos exportables, sustituyen importaciones y contribuyen al
bienestar de los ciudadanos.
Solo en el último quinquenio le fueron reconocidas
114 patentes de invención en 60 países, obtuvo 44 registros de
productos, 25 en Cuba y el resto en más de 15 naciones, mientras sus
especialistas mantienen una alta presencia en la publicación de
artículos en revistas internacionales de reconocido prestigio.
Para el doctor Carlos Gutiérrez Calzado, director
general del Centro, es imposible pasar revista a los resultados
científicos de mayor impacto en estos 45 años sin nombrar el célebre
Policosanol o PPG, medicamento obtenido a partir de la cera de la
caña de azúcar para el tratamiento de la hipercolesterolemia.
Este fármaco mereció una de las dos Medallas de Oro
conferidas a productos del CNIC por la Organización Mundial de la
Propiedad Industrial (OMPI).
Tiene patente en más de 50 países, incluidos la
Unión Europea, Japón, Estados Unidos y Australia. Fue premiado en el
2004 con la Medalla de Oro del Buró Conjunto de Salud y
Biotecnología de Taiwán.
En estudios de seguimiento hechos a más de 3 000
pacientes que lo toman, pudo observarse una notable reducción en la
frecuencia de eventos vasculares severos.
La relación de impactos relevantes incluye el
desarrollo de sistemas de desinfección de agua y aguas residuales,
basado en el empleo del ozono, la red de ozonoterapia extendida hoy
a cerca de 45 centros de salud en todas las provincias, y la
obtención de la Hidroxiapatita Coralina HAP 200, un efectivo
biomaterial utilizado como implante para reconstruir o sustituir el
tejido óseo dañado por diferentes causas, y en la confección de
prótesis oculares.
Tampoco puede dejar de mencionarse la generalización
del sistema Diramic para el diagnóstico rápido microbiológico de
agentes causantes de infecciones, ganador en el 2007 de la otra
Medalla de Oro otorgada por la OMPI.
Según precisó el doctor Rolando Contreras Alarcón,
director del área de Diagnóstico, en la actualidad unas 40 unidades
de salud disponen del Diramic, de los cuales más de la mitad se
encuentran en hospitales del programa materno infantil. Actualmente
trabajamos para incrementar la sensibilidad del equipo y acortar así
el tiempo requerido en saber el resultado de los análisis, indicó.
A TODA VELA
Al frente del área de Biotecnología está el doctor
en Ciencias Biológicas Rafael Fando Calzada. Entró al CNIC como
estudiante en el año 1991 y de inmediato se incorporó al proyecto
encaminado a lograr el desarrollo de una vacuna cubana contra el
cólera.
Fando precisa que el promisorio candidato vacunal
está en la etapa de evaluación clínica fase II, consistente en
valorar su nivel de protección en voluntarios residentes en lugares
donde hay cólera. Si los resultados son los esperados, el producto
tendrá enorme valor para las naciones del Tercer Mundo, pues como
dijo Fidel una vez, a ninguna transnacional del sector farmacéutico
le interesa hacer una vacuna que no le proporcione significativas
ganancias económicas.
También habla con entusiasmo de los avances
registrados por el colectivo de su área en el diseño de un juego
diagnóstico serológico para detectar la infección por Helicobacter
pyroli, patógeno que puede llegar a desencadenar tumores del sistema
digestivo.
A casi medio siglo de creado, el CNIC es un
paradigma en los esfuerzos para que la ciencia continúe siendo una
potente fuerza productiva. El barco insignia del sector sigue
navegando a toda vela. |