CUBA                 

(17 de agosto de 2013)

Álvaro Reynoso Valdés

Sabio de la química y agronomía

Orfilio Peláez

Nacido en el poblado de Alquízar, el 4 de noviembre de 1829, Álvaro Reynoso Valdés ocupa junto a Carlos Juan Finlay, Felipe Poey, Francisco de Albear y otros eruditos un lugar prominente entre las figuras más emblemáticas de la ciencia cubana en el siglo XIX.

Álvaro Reynoso Valdés es considerado el padre de la agricultura científica en nuestro país.

Por decisión de su padre, en 1847 y con apenas 18 años, Reynoso parte para Francia con el propósito de continuar los estudios superiores iniciados en La Habana, y matricula de manera simultánea las carreras de química y medicina, en la Universidad de París.

Finalmente se inclina hacia la primera de las disciplinas mencionadas, y logra doctorarse en Ciencias en 1856, defendiendo una tesis sobre la formación del éter. Durante su etapa estudiantil hizo diferentes investigaciones en química fisiológica humana, cuyos enunciados fueron publicados en prestigiosas revistas del país galo.

Sobresale entre ellas la referida a la presencia de azúcar en la orina humana, de ahí que algunos especialistas lo consideren el primer cubano en analizar científicamente la enfermedad de la diabetes.

foto del archivo El cultivo de la caña de azúcar fue una de las prioridades investigativas del sabio cubano fallecido en agosto de 1888.

Como aparece reflejado en la obra Cien figuras de la ciencia en Cuba, tuvo la oportunidad de apreciar los procesos de institucionalización de la enseñanza y de la investigación agrícola, que tenían lugar en Francia y Alemania.

Asimismo, conoció de primera mano y divulgó después en Cuba las teorías biológicas sobre la inmutabilidad o no de las especies, lo cual enriqueció su formación científica integral.

APORTES UNIVERSALES

Según plantea el Doctor Pedro Marino Pruna Goodgall, coordinador del colectivo de autores del libro Historia de la Ciencia y la Tecnología en Cuba, Álvaro Reynoso retornó a su tierra natal en 1858, y trajo consigo un laboratorio de química y una importante biblioteca, adquiridos con sus propios fondos.

Al año siguiente fue nombrado director del Instituto de Investigaciones Químicas de La Habana, y en sus esfuerzos por dotarlo de equipamiento avanzado, importó desde Francia el primer espectrómetro que existió en el país.

Uno de sus más significativos aportes radica en haber concebido un sistema integral de medidas agrotécnicas dirigidas a garantizar el cultivo intensivo de la caña de azúcar, basado en investigaciones acerca de las condiciones físicas y químicas de los suelos y de la propia planta, en la selección de nuevas variedades, el empleo de fertilizantes y la irrigación del terreno.

El propósito del mismo era pretender reducir las áreas dedicadas a la gramínea, a fin de favorecer la diversificación agrícola y la eliminación gradual de la esclavitud.

Si bien estas acciones fueron aplicadas en otras zonas del mundo donde la caña constituía un renglón clave de la actividad agrícola (por ejemplo en la isla de Java, hoy perteneciente a Indonesia), en Cuba no se tomaron en cuenta hasta mucho tiempo después.

Durante el transcurso de 1862, Reynoso publica su obra cumbre titulada Ensayo sobre el cultivo de la caña de azúcar, que recogía toda la problemática vinculada a tan vital renglón de la economía cubana de la segunda mitad del siglo XIX, incluidas las recomendaciones para mejorar esa actividad.

La primera edición apareció en La Habana, mientras la segunda la publicó en Madrid en 1865 y fue la que se tradujo y publicó en holandés ese propio año, y en portugués, en Brasil, en 1868.

Como manifiesta el Doctor Pedro Pruna, más allá de su talento para la química y la agronomía (se le considera el padre de la agricultura científica en Cuba), Reynoso sobresalió también por sus dotes de innovador e inventor.

Baste mencionar que al trasladarse nuevamente a Francia en 1864, creó una máquina capaz de extraer el doble de jugo de caña que el obtenido en los molinos de los ingenios. De ella llegó a construirse un prototipo comercial, presentado en la Exposición Universal de París, en 1878, donde mereció medalla de plata y fue adquirida para ser instalada en la mencionada isla de Java, entonces colonia holandesa.

Durante su segunda estancia de 19 años en la nación europea, también ideó un proceso encaminado a preservar carnes en cámaras de gas a presión, e incursionó en otros estudios relacionados con preparaciones farmacéuticas.

Quizás una de sus facetas menos conocida sea la de haber sido redactor de artículos científicos en el Diario de la Marina, aun cuando este periódico no era partidario de la línea reformista, de la cual era simpatizante el sabio cubano.

Desde sus páginas divulgó conocimientos agronómicos importantes, propugnó limitar la tala de bosques y abogó por mejorar la agricultura en Cuba.

Académico Fundador y de Mérito de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, y Socio de Número de la Sociedad Económica de Amigos del País, Álvaro Reynoso volvió a su Patria en 1883.

Debido a la falta de apoyo gubernamental para establecer una estación agronómica que había proyectado, pasó los últimos años de su vida haciendo por su cuenta investigaciones experimentales en caña de azúcar, café, cacao, algodón y tabaco.

Enfermo y abandonado, murió en La Habana el 11 de agosto de 1888, hace justamente 125 años. Su estatura como hombre de pensamiento lo sitúa entre las glorias cubanas de todas las épocas.

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