AMBIENTE             

(22 de noviembre de 2008)

Cruzada por el escudo

Orfilio Peláez
pelaez@granma.cip.cu

Para beneplácito de la humanidad, el Protocolo de Montreal relativo a la eliminación gradual de las Sustancias Agotadoras de la Capa de Ozono (SAO), es hoy el acuerdo multilateral en materia ambiental más respaldado del orbe y el que muestra avances realmente significativos en su aplicación.

Cada paso exige rigor.

Firmado el 16 de septiembre de 1987 en la citada urbe canadiense, hasta principios de este año lo habían ratificado 194 estados. La aplicación de sus postulados permitió reducir en apenas dos décadas más del 90% del empleo de las SAO en el denominado Primer Mundo, y entre un 50 y un 70%, en los países en vías de desarrollo.

Al ser buena parte de esas sustancias potentes gases de efecto invernadero, el Protocolo beneficia los esfuerzos internacionales contra el calentamiento global del planeta. Baste decir que según datos del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, gracias a su puesta en práctica de 1990 al 2000 se dejaron de emitir a la atmósfera unos 25 billones de toneladas de dióxido de carbono.

La eliminación de los CFC en la moderna planta de aerosoles industriales es una realidad.

Como signataria de ese tratado y del Convenio de Viena (los ratificó en 1992), Cuba cumple de manera rigurosa sus compromisos para ir disminuyendo el uso de las SAO en los plazos establecidos.

ADIOS A LOS CFC

Bajo la dirección de la Oficina Técnica del Ozono (OTOZ), perteneciente al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, desde 1997 el país libra una suerte de cruzada nacional para dar su modesto aporte a la protección de la Capa de Ozono, el bien llamado escudo de la vida que impide la llegada a la Tierra con toda su intensidad de las nocivas radiaciones ultravioletas procedentes del Sol, lo cual haría imposible la supervivencia del hombre, las plantas y los animales.

Uno de los proyectos fundamentales es la supresión del uso de los clorofluorocarbonos (CFC) en la fabricación de aerosoles industriales e inhaladores con fines médicos, desarrollado en estrecha colaboración con la Oficina del Fondo de las Naciones Unidas para el desarrollo (PNUD) en Cuba, y otros organismos.

Fruto de ese esfuerzo fue la construcción de la planta de aerosoles industriales presurizados de Trasval, dotada de una tecnología de punta que sustituye el gas freón 12 dañino a la Capa de Ozono.

Inaugurada el 7 de septiembre del pasado año, tiene como principales renglones de producción la línea de insecticidas y repelentes Lomaté, ambientadores, y protectores de superficie, libres de CFC.

En opinión de René Ruiz Contreras, su director, la fábrica está en condiciones de abastecer las necesidades del mercado nacional, tanto del sector empresarial, como del comercio minorista, de ahí sus crecientes posibilidades de sustituir importaciones.

Más allá de los beneficios ambientales mencionados, el lugar es un ejemplo del quehacer científico del Centro de Investigación y Desarrollo Tecnológico (CIDT), del MININT, pues la totalidad de las formulaciones empleadas han sido tributadas por sus especialistas y patentadas en la Oficina Cubana de la Propiedad Industrial.

Cuenta, además, con el certificado emitido por la Comisión de Auditoría de Seguridad del PNUD, que avala internacionalmente su labor productiva.

Otro paso importante para erradicar los CFC en el sector de la fabricación de aerosoles, es la próxima terminación de la moderna planta de spray de salbutamol en la Empresa Farmacéutica Julio Trigo, ubicada en la avenida de Boyeros, la cual podrá hacer alrededor de siete millones de unidades al año.

Sin duda, Cuba exhibe hoy un abanico de resultados notables en la protección de la Capa de Ozono, como son la eliminación completa del bromuro de metilo en el cultivo del tabaco, y la reducción del consumo total de clorofluorocarbonos en un 91%. En esta parte de la geografía caribeña el escudo de la vida respira mejor.

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