Santiago de Cuba

“Mi compromiso con los que cayeron en el Moncada”

Eduardo Palomares Calderón

Entre el enjambre de constructores que frente a los muros del otrora cuartel Moncada transforman la más antigua edificación del área monumental en galería para obras de arte de gran formato, resalta un veterano albañil que suele almorzar o merendar sobre el andamio donde labora más de 12 horas diariamente.

foto del autorMucho más quisiera hacer Juan Arístides por la Revolución.

Seleccionado entre los más destacados en la emulación especial, organizada por el Sindicato Nacional de la Construcción en las obras dedicadas al 26 de Julio, en Santiago de Cuba, Juan Arístides Reusaux González confiesa que, tras jubilarse con 42 años de labor, tomó la cuchara a punto de cumplir los 70 de edad por lo que ha significado Fidel en su vida.

"Conocí lo que es el capitalismo —confiesa—, pues mi familia, con 15 hermanos, fue desalojada del bohío detrás de la Gran Piedra, y perdí a una hermana pequeña porque mis padres no tenían dinero para comprarle medicinas. Sufrí mucho hasta que la Revolución dignificó mi vida, y por eso juré defenderla hasta la muerte.

"Fiel a ese compromiso participé en la Lucha Contra Bandidos en el Escambray, cumplí misión internacionalista en Angola, llegué a cortar más de 100 mil arrobas de caña en una zafra, solo tuve tres ausencias justificadas en mi vida laboral y volví a coger la cuchara respondiendo ahora al llamado de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana".

Puntualmente Juan Arístides llega a la obra a las 6 de la mañana, se cambia de ropa, acondiciona el lugar de trabajo y tras el matutino de las 7 sube al andamio que jamás abandona hasta entradas las 8 de la noche, cuando incluso su ayudante se ha marchado dejando abundante material preparado.

"Yo creo que es poco lo que hago", enfatiza. "En mis 45 años como militante del Partido me he formado en el cumplimiento del deber, en la disciplina y el aprovechamiento del tiempo. Si me separo del andamio para ir a almorzar o descansar en un rincón pierdo tiempo y no cumpliría mi compromiso con los que cayeron en el Moncada.

"A ellos les debo también tener entre mis hijos a un psicólogo, una ingeniera eléctrica, un médico veterinario, un chofer de turismo, un mecánico, un técnico en instalaciones hidráulicas, un jefe de brigada de lucha contra vectores y un sastre por cuenta propia, que no tuvieron que pasar lo que sufrí yo antes de la Revolución".

Concluido con la maestría de un Albañil A el delicado arco de una de las grandes puertas de que dispondrá la galería, Juan Arístides no espera por el ayudante y monta sobre sus hombros partes del andamio, "para seguir en este ventanal, mi Moncada, a unos 30 metros frente a la histórica Posta 3, atacada por Fidel".

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