Seleccionado entre los más destacados en la emulación especial,
organizada por el Sindicato Nacional de la Construcción en las obras
dedicadas al 26 de Julio, en Santiago de Cuba, Juan Arístides
Reusaux González confiesa que, tras jubilarse con 42 años de labor,
tomó la cuchara a punto de cumplir los 70 de edad por lo que ha
significado Fidel en su vida.
"Conocí lo que es el capitalismo —confiesa—, pues mi familia, con
15 hermanos, fue desalojada del bohío detrás de la Gran Piedra, y
perdí a una hermana pequeña porque mis padres no tenían dinero para
comprarle medicinas. Sufrí mucho hasta que la Revolución dignificó mi vida, y por eso juré defenderla hasta la muerte.
"Fiel a ese compromiso participé en la Lucha Contra Bandidos en
el Escambray, cumplí misión internacionalista en Angola, llegué a
cortar más de 100 mil arrobas de caña en una zafra, solo tuve tres
ausencias justificadas en mi vida laboral y volví a coger la cuchara
respondiendo ahora al llamado de la Asociación de Combatientes de la
Revolución Cubana".
Puntualmente Juan Arístides llega a la obra a las 6 de la mañana,
se cambia de ropa, acondiciona el lugar de trabajo y tras el
matutino de las 7 sube al andamio que jamás abandona hasta entradas
las 8 de la noche, cuando incluso su ayudante se ha marchado dejando
abundante material preparado.
"Yo creo que es poco lo que hago", enfatiza. "En mis 45 años como
militante del Partido me he formado en el cumplimiento del deber, en
la disciplina y el aprovechamiento del tiempo. Si me separo del
andamio para ir a almorzar o descansar en un rincón pierdo tiempo y
no cumpliría mi compromiso con los que cayeron en el Moncada.
"A ellos les debo también tener entre mis hijos a un
psicólogo,
una ingeniera eléctrica, un médico veterinario, un chofer de
turismo, un mecánico, un técnico en instalaciones hidráulicas, un
jefe de brigada de lucha contra vectores y un sastre por cuenta
propia, que no tuvieron que pasar lo que sufrí yo antes de la
Revolución".
Concluido con la maestría de un Albañil A el delicado arco de una
de las grandes puertas de que dispondrá la galería, Juan Arístides
no espera por el ayudante y monta sobre sus hombros partes del
andamio, "para seguir en este ventanal, mi Moncada, a unos 30 metros
frente a la histórica Posta 3, atacada por Fidel".