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11 de Diciembre de 2001 Por favor, no hagan silencio
Carta abierta de los periodistas cubanos a sus
colegas de todo el mundo
Ver un crimen en calma es cometerlo, nos
enseñó el Héroe Nacional de Cuba, José Martí, hace más de un siglo.
Los periodistas cubanos exhortamos a los
colegas de todo el mundo a que no se hagan cómplices de una injusticia.
En Miami, ciudad-albergue de terroristas,
laboratorio de la muerte, desde hace tres años hay cinco cubanos presos. Desde ayer, y en
forma escalonada, la jueza encargada del caso irá dictando sentencias que pudieran
incluir la cadena perpetua al menos para tres de ellos. Ninguno de los cinco es culpable.
Los fiscales no pudieron probar la culpabilidad, los abogados probaron la inocencia.
La mayoría de ustedes tal vez ni han sido
informados. Salvo el caso natural de la prensa de Miami, para el resto de los medios
impresos y electrónicos hasta ahora no ha sido noticia que cinco cubanos estén
injustamente en la cárcel.
El 11 de septiembre el salvajismo destruyó
las Torres Gemelas de Nueva York. El hecho, con razón, conmocionó al mundo. Los medios
de prensa durante semanas no hablaron de otro tema.
En ninguna ciudad cubana los terroristas
pueden destruir rascacielos, porque no existen. En cambio, pueden cometer otras acciones
de horror. Los terroristas que desde hace más de 40 años actúan desde Estados Unidos,
han matado a jóvenes maestros, a indefensos pescadores, a mujeres, a obreros, a
campesinos. O han hecho estallar un avión civil en pleno vuelo. O han explotado bombas en
hoteles para matar turistas extranjeros. Son miles los asesinados, miles los huérfanos
provocados por el terrorismo. A todo esto hay que añadir la guerra biológica, el intento
de asesinar a dirigentes cubanos, el sabotaje a oficinas cubanas en el exterior, el
asesinato de diplomáticos en los propios Estados Unidos.
Por eso los cinco prisioneros del imperio,
tampoco han sido noticia para los grandes medios.
El Buró Federal de Investigaciones y las
autoridades de Estados Unidos conocen perfectamente los planes y acciones de los grupos
terroristas que actúan en Miami. Pero siempre han mantenido la indiferencia o la
complicidad. La tolerancia frente a los terroristas de Miami ha sido el comportamiento de
las autoridades de Estados Unidos. Un terrorista de origen cubano puede hacer estallar un
avión en pleno vuelo, matar a 73 personas, y luego gozar de libertad en territorio
estadounidense.
Todo eso explica que cinco patriotas cubanos
tuvieran que cumplir el honesto, limpio y sagrado deber de proteger a su país, de
proponerse evitar la muerte, de impedir el terror.
Ellos nunca pretendieron dañar al pueblo
norteamericano, ni su integridad; ni intentaron poner en peligro la seguridad de Estados
Unidos. Ni siquiera conocer sus secretos militares.
Estos cinco hombres vigilaban a terroristas
despiadados, enemigos de lo humano, capaces de quemar, al estilo fascista, una obra de
arte.
Por oponerse al terror contra su país,
ahora pueden ser condenados a cadena perpetua, a no disfrutar más de su familia, a no ver
crecer a sus hijos, a no volver a pisar jamás la tierra que los vio nacer.
Gerardo Hernández Nordelo, Ramón
Labañino, Antonio Guerrero, René González y Fernando González, son hombres que aman la
vida, ciudadanos ejemplares, de alto espíritu, sentido del humor, sensibles a la poesía,
dignos, amantes de su familia y elevado patriotismo. Son hombres cultos, exponentes del
alto nivel cultural alcanzado por el pueblo cubano. Hombres de pensamiento y convicciones.
Ellos no merecen ir a la cárcel. No lo
merecen desde el punto de vista legal, porque su inocencia quedó demostrada en el juicio
que se siguió contra ellos, ni desde el punto de vista moral y humano, porque defienden
una causa justa y noble.
Quienes honestamente dicen oponerse hoy al
terrorismo, debieran, lejos de condenarlos, rendirles homenaje a estos cinco patriotas.
Los periodistas cubanos, que sentimos como
una ofensa a la dignidad lo que se hace contra nuestros hermanos en Miami, exhortamos a
nuestros colegas de todas las naciones a que investiguen por su cuenta la verdad y la
expongan ante el mundo.
La palabra no es para encubrir la verdad,
sino para decirla, advirtió José Martí. Nosotros los invitamos a que escriban, hablen,
filmen, hagan artículos y reportajes. Encuentren, por favor, respuesta a esta pregunta:
¿Es posible oponerse al terrorismo en el mundo y a la vez llevar a la cárcel a cinco
personas que combaten a los terroristas? La honestidad de cada colega hará las
conclusiones.
Por nuestra parte, estamos dispuestos a
ofrecerles toda la información que tenemos sobre este caso.
Por favor, colegas del mundo, no hagan
silencio: callar es matar. La ética, la dignidad y el prestigio de la profesión de
periodistas, hay que defenderlo con la verdad. Informen a sus lectores, televidentes y
radioyentes: en Miami, madriguera de terroristas, se condena a luchadores antiterroristas.
La Habana, 11 de diciembre del 2001
III Festival Nacional de la Prensa Escrita
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