La solicitud formal de Venezuela para la extradición de Posada
Carriles está bien fundada. Existe un Tratado de Extradición entre Venezuela y
Estados Unidos, ratificado por ambos países en 1922, que se ha estado ejecutando
a lo largo de un siglo. Venezuela ha seguido la letra de la ley al emitir su
Corte Suprema una orden de arresto para el fugitivo, que había escapado de una
cárcel venezolana en 1985. El gobierno venezolano transmitió formalmente su
solicitud de extradición al gobierno de Estados Unidos el 15 de junio del 2005.
De acuerdo con el Tratado, Washington debió haber detenido
inmediatamente a Posada y presentado su caso a una corte federal para un proceso
de extradición en el cual la Secretaria de Estado tendría la última palabra. Así
es como supuestamente funciona en Estados Unidos la idea de Montesquieu de la
"separación de poderes".
Pero nada parecido ha ocurrido en más de cuatro años. El
gobierno de Estados Unidos ha preferido no detener a Posada Carriles ni
presentar el caso a una corte federal para su extradición. Estados Unidos podría
también haber detenido a Posada bajo su propia Ley Patriota, que le da al Fiscal
General la autoridad para mantener detenido a un terrorista hasta su salida
definitiva del territorio norteamericano. La Ley Patriota obvia la necesidad de
consultar con los tribunales en el caso de la detención de un terrorista. El
Fiscal General solamente necesita declarar terrorista a esa persona. (Ver
Sección 1226 (A) del Título 8 del Código de Estados Unidos). Al decidir no
declarar terrorista a Posada y permitirle deambular libremente, Estados Unidos
está en abierta violación de su propia Ley Patriota. Y al ignorar el Tratado de
Extradición con Venezuela y varias convenciones internacionales contra el
terrorismo, Washington viola de forma escandalosa la Constitución norteamericana
y específicamente el Artículo VI que establece que tales tratados
internacionales "serán la suprema ley del país".
Bush decidió que la mentira de Posada a un burócrata era un
crimen más grave que 73 cargos por asesinato en primer grado. Y en lugar de
acatar las obligaciones contraídas por la Constitución de Estados Unidos y por
los tratados, prefirió intentar convencer a otros gobiernos a que lo ayudaran a
dar refugio y proteger a Posada. Sin embargo, ningún otro gobierno estaba
preparado para hacer eso.
La Administración ha ignorado rotundamente ciertas convenciones
internacionales que están entre los pilares principales de la lucha contra el
terrorismo internacional: la Convención de Montreal para la Represión de Actos
Ilícitos contra la Seguridad de la Aviación Civil y la Protección de los
Pasajeros y la Convención Internacional contra Actos de Terrorismo Cometidos con
el Uso de Bombas.
Ambas convenciones incluyen una disposición muy específica para
que sea imposible que algún sospechoso de tales crímenes escape del proceso
judicial. Ellas establecieron una alternativa para la extradición: solamente
una. Si algún Estado no cumple con una solicitud de extradición, estará obligado
a procesar inmediatamente y llevar a juicio al presunto criminal por el mismo
crimen, como si este hubiera sido cometido en su propio territorio. Esto tiene
que hacerse, según ambas convenciones, "sin excepción alguna".
En septiembre del 2001, unos días después del atentado a las
Torres Gemelas, la Administración Bush instó al Consejo de Seguridad de Naciones
Unidas a que adoptara medidas concretas y de obligatorio cumplimiento que todo
país debía acatar, bajo la amenaza del uso de la fuerza en caso de no hacerlo.
La Resolución 1373 del Consejo de Seguridad, introducida por la delegación
norteamericana y aprobada por unanimidad, convirtió en una obligación para todos
los estados miembros cooperar en el enjuiciamiento de sospechosos fugitivos,
negándoles asilo, condenando las excusas políticas para no extraditarlos y
exigiendo la completa aplicación de todos los acuerdos internacionales contra el
terrorismo, incluyendo las dos Convenciones referidas anteriormente.
Para garantizar la implementación de la resolución 1373 se
estableció un comité especial permanente del Consejo de Seguridad de Naciones
Unidas que se reúne regularmente en su sede en Nueva York. En cada reunión,
Estados Unidos es denunciado por estar en clara violación de la Resolución 1373
con su hipócrita doble rasero en relación con el terrorismo que se refleja en su
protección a Luis Posada Carriles y en el encarcelamiento de los Cinco Cubanos.
La próxima etapa de la farsa conocida como "juicio" a Posada
está programada para el 1ro de marzo del 2010. Posada será "juzgado" por cargos
de perjurio. Para entonces, ya serán cinco años de firmes esfuerzos de Estados
Unidos por proteger a un terrorista y no permitir que sea juzgado por sus
verdaderos crímenes. Para entonces, cinco héroes antiterroristas estarán en
medio de su doceavo año de injusto y cruel castigo.
Al no respetar sus obligaciones con los tratados
internacionales, Washington está socavando los principales instrumentos legales
que fueron concebidos para sostener la lucha contra el terrorismo que se supone
sea de la más alta prioridad para Estados Unidos. El daño a la credibilidad de
Estados Unidos puede no ser percibido claramente por muchos norteamericanos
porque los grandes medios corporativos no les dejan percatarse de ello. No se
les permite conocer cómo es rechazada universalmente la hipocresía y la
arrogancia que impregna la política de Estados Unidos. Imaginarse la posibilidad
de que Estados Unidos juegue algún papel de liderazgo en el mundo, sin mencionar
la idea de que sea respetado, es permitirse una fantasía irracional y sin
fundamento.