Luis Posada Carriles es un genuino VIP* que disfruta
cortesías y privilegios únicos que no se brindan a dignatarios y celebridades.
Pero también es un terrorista internacional confeso y debidamente certificado.
Posada comenzó su larga carrera con tempranas acciones contra
la Revolución cubana, incluyendo el fiasco de Bahía de Cochinos y fue durante
varios años el hombre de la CIA en la policía política de Venezuela donde se
convirtió en líder de algunos bien conocidos torturadores;
Era buscado por la Interpol desde que escapó de una cárcel
venezolana en 1985 —Hugo Chávez era todavía un joven desconocido— mientras lo
juzgaban por planear y organizar la primera destrucción de un avión civil en
pleno vuelo y el asesinato a sangre fría de 73 seres humanos;
Apareció inmediatamente en Centroamérica como figura
principal en el escándalo Irán-Contra, siendo mencionado varias veces durante la
investigación del Senado de Estados Unidos y en el diario de Oliver North;
Publicó su autobiografía —un bestseller en Miami— y ha
comparecido muchas veces en los medios locales y norteamericanos;
Dos veces aterrizó en la primera plana del New York Times, en
números consecutivos, describiendo su responsabilidad en la campaña de atentados
con bombas en Cuba en los años noventa;
Encontrado culpable por un tribunal panameño de crímenes
asociados con un intento de atentado con bombas en la Universidad con el
objetivo de asesinar a Fidel Castro y a cientos de estudiantes y profesores, fue
perdonado ilegalmente por la Presidenta de Panamá, la víspera de su último día
en el puesto y después de haber recibido emisarios especiales enviados a la
carrera por George W. Bush;
De nuevo volvió a "esconderse" en algún lugar de
Centroamérica, pero mantuvo constante comunicación con sus socios en la
Fundación Nacional Cubano Americana y otros grupos terroristas y recaudó dinero
en frecuentes y bien publicitados eventos con esos fines.
Sí, ha sido una larga carrera de infamia, siempre a nombre de
los intereses y objetivos de Estados Unidos, como proclamó orgullosamente su
abogado de Miami.
Si vamos a creer en sus palabras, durante todo ese periodo
Posada visitó Estados Unidos en varias ocasiones, aunque pasando inadvertido. Un
día decidió establecerse allí para siempre. Después de todo, su familia ha
estado residiendo en Miami por décadas.
Y entonces regresó a casa.
Posada Carriles entró a la Florida en marzo del 2005, de
forma clandestina, sin visa norteamericana, como millones de latinos tratan de
hacer infructuosamente una y otra vez. Pero no fue arrestado, y mucho menos
deportado. La historia de cómo lo hizo, en el barco Santrina con la ayuda de su
red terrorista radicada en Estados Unidos, fue descrita en el periódico Por Esto
de Yucatán, en una crónica ampliamente difundida por todo el continente. Todo el
mundo sabía esto, excepto la administración Bush, que insistió durante dos meses
en que no sabía nada de su paradero, hasta que Posada convocó a una conferencia
de prensa en mayo para anunciar su disposición de continuar haciendo desde Miami
su guerra total contra la Revolución Cubana.
No teniendo otra opción, la administración Bush detuvo a
Posada y lo llevó a un centro de inmigración en El Paso, donde prepararon para
él un área VIP, completamente separada de la población general, con comida
especial y servicios de cualquier tipo, incluso con posibilidades de reunirse
con amigos y periodistas. La única queja de Posada: el protocolo norteamericano
no pudo proporcionarle pastelitos de guayaba cubanos.
De acuerdo con documentos oficiales presentados por el
Gobierno de Estados Unidos a los tribunales de inmigración, Washington desplegó
arduos esfuerzos diplomáticos tratando de convencer a otros países a que le
dieran amparo y protección a Posada. Los diplomáticos norteamericanos se
acercaron a gobiernos en América Central y América del Sur, e incluso en Europa,
pidiéndoles que recibieran al tan famoso VIP. Sin excepción la respuesta siempre
fue: No, gracias.
Irónicamente Washington tiene todavía que responder a la nota
diplomática presentada por Venezuela el 15 de junio del 2005 para su detención y
subsiguiente extradición a Caracas conforme al Tratado de Extradición existente
entre ambos países.
La Administración Bush, y hasta ahora su sucesor, optaron por
acusarlo de ser un mentiroso y entrar en un litigio deliberadamente confuso con
el señor Posada acusado de no haber sido sincero con los funcionarios de
inmigración acerca de cómo entró en el país. Como resultado, un tribunal
administrativo envió a Posada a casa para que pueda cómodamente seguir
reclamando su admisión formal a unas autoridades, que han mostrado una paciencia
y comprensión sin paralelos.
¿Cuántos pobres latinoamericanos indocumentados han tenido
esa oportunidad? ¿Cuántos de ellos, mientras tanto, han sido liberados y se les
ha permitido irse sin ser molestados y hacer lo que les venga en ganas?
Ya Posada no se queja más. Es un hombre libre en Miami
comiendo muchos pastelitos de guayaba.