Habiendo agotado todas las posibilidades de
apelación, los Cinco solicitaron a la Corte Suprema que revisara su
caso. No estaban pidiendo demasiado. Este era un caso que merecía la
atención de los magistrados de la Corte Suprema por una serie de
razones, algunas de naturaleza realmente excepcional.
Durante todo el proceso —el más prolongado en su
momento en la historia de Estados Unidos— estuvieron presentes un
grupo de violaciones de derechos constitucionales, así como
contradicciones con otros circuitos (consideradas como los asuntos
principales a tratar por la Corte Suprema) en importantes temas,
tales como la sede, la discriminación racial durante la selección
del jurado, las sentencias y los derechos de los acusados y sus
abogados.
Este era, además, un caso vinculado directamente con
grupos terroristas y sus actividades dentro del territorio de
Estados Unidos —en un momento en que el terrorismo se suponía que
era el tema más importante— y con claras implicaciones desde el
punto de vista de las relaciones internacionales; un caso en el cual
generales y jefes militares e incluso un asesor principal de un
Presidente habían declarado como testigos. Tuvo la distinción de ser
único en varios sentidos.
La decisión unánime del panel original de la Corte
de Apelaciones, después de haber examinado todos los aspectos del
caso durante varios años, de anular todas las condenas y ordenar un
nuevo juicio, fue única en sí misma, como lo fue el documento de 93
páginas que la contenía. La decisión del Gobierno, tomada al más
alto nivel, de solicitarle a la Corte en banc que la revocara fue
muy excepcional y fue muy raro que se lograra que la Corte accediera
a una petición tan inusual.
Por otra parte, no es algo corriente para un juez de
apelaciones solicitarle a la Corte Suprema que revise un caso, mucho
menos hacerlo dos veces como lo hizo el Juez Birch, quien reiteró
esa demanda mientras que paradójicamente se unía a Pryor en su
vergonzoso fallo.
Este caso fue único también en cuanto a la
preocupación y el interés en todo el mundo.
En el 2005, antes de la decisión del panel de la
Corte de Apelaciones, una decisión muy importante y también única
fue adoptada de forma unánime por el Grupo de Detención Arbitraria
de las Naciones Unidas. Esta es una entidad completamente
independiente, no un organismo intergubernamental, con cinco jueces
—uno por cada continente— que no representan a ningún estado miembro
de las Naciones Unidas y que actúan exclusivamente en su capacidad
personal. Esos jueces estudiaron la situación de los Cinco a pedido
de sus esposas y madres. El Grupo pasó varios años investigando el
caso en su totalidad e interactuando con los Estados Unidos mediante
correspondencia oficial. El Gobierno cubano nunca fue consultado, y
no debía serlo, porque Cuba no era parte en ese proceso.
Fue una decisión que hizo historia. El Grupo llegó a
la conclusión que la privación de libertad de los Cinco fue
arbitraria y en contravención de los Convenios de Derechos Humanos
de Naciones Unidas pertinentes y llamó al gobierno de Estados Unidos
a que tomara medidas para remediar la situación.
El grupo señaló que: "el juicio no tuvo lugar en el
clima de objetividad e imparcialidad que se necesita" y "el Gobierno
[de Estados Unidos] no ha negado que el clima de predisposición y
prejuicio contra los acusados en Miami persistió y contribuyó a
presentar a los acusados como culpables desde el principio. No fue
impugnado por el Gobierno el hecho de que un año más tarde él mismo
admitió que Miami no era el lugar adecuado para celebrar un juicio
donde estaba probado que era casi imposible seleccionar un jurado
imparcial en un caso vinculado con Cuba".
"El Gobierno no ha refutado el hecho de que los
abogados de la defensa tuvieron un acceso muy limitado a la
evidencia debido a la clasificación del caso por parte del Gobierno
como de seguridad nacional", lo que "ha socavado el equilibrio
equitativo entre la acusación y la defensa y afectó negativamente la
capacidad [de la defensa] para presentar evidencia contraria".
Los expertos de Naciones Unidas señalaron que los
acusados "fueron mantenidos en confinamiento solitario durante 17
meses", y como consecuencia "la comunicación con sus abogados y el
acceso a la evidencia y, con ello, las posibilidades de una defensa
adecuada se vieron debilitadas".
Para concluir fallaron que estos "tres elementos
enunciados arriba, en conjunto, son de tal gravedad que confieren a
la privación de libertad de estas cinco personas un carácter
arbitrario". (Informe del Grupo de Trabajo sobre Detención
Arbitraria E/CN.4/2006/7/Add.1 p. 66, Opinión No. 19/2005 - Estados
Unidos de América)
Esta fue la primera y única vez en la historia de
Estados Unidos y en la historia de las Naciones Unidas en que un
organismo de la ONU haya declarado un proceso judicial en los
Estados Unidos injusto y contrario a las normas establecidas
universalmente de derechos humanos y al Derecho Internacional.
Pero esas conclusiones de cinco jueces
independientes, ninguno de ellos, por cierto, de izquierda o
radical, no se encontraban fácilmente en los medios norteamericanos
y la mayoría de los estadounidenses probablemente nunca han oído
hablar de ellas.
Muchos norteamericanos no conocen acerca de los
Cinco porque a ellos no se les permite saber.
No solo el largo juicio de los Cinco fue mantenido
en las sombras, a los norteamericanos no se les ha permitido saber
que este caso ha estado muy presente en las mentes de muchos
millones de personas en todo el planeta. Los grandes medios
corporativos que no informaron sobre su batalla legal colocaron una
cortina de silencio similar alrededor del amplio y creciente
movimiento de solidaridad que los Cinco han recibido de
prácticamente todas partes, desde Irlanda hasta Tasmania, desde
Canadá hasta Namibia. Iglesias, parlamentos, organizaciones de
derechos humanos, sindicatos, escritores, abogados y personas de
todas las posiciones y condiciones sociales han expresado su
preocupación e interés en todos los idiomas, incluyendo el inglés.
Pero la Corte Suprema no se tomó la molestia de
escuchar.