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17 de septiembre de 2009
La Historia no contada de los Cinco (Parte VIII)
El juicio de Pryor
Ricardo Alarcón de Quesada, Presidente de la Asamblea Nacional
del Poder Popular
Cuando la histórica decisión unánime fue revocada a instancias
del Fiscal General de W. Bush (Remember Elian? CounterPunch,
Agosto 11, 2009), el mismo panel de tres jueces tenía que escuchar
los temas que quedaban además del de la sede, que había sido sobre
el que ellos habían expresado su memorable opinión. Sin embargo,
mientras tanto, uno de los jueces, el mayor y el más liberal, se
había retirado y otro fue designado para sustituirlo. El elegido
para ese papel fue uno nombrado por Bush durante un receso del
Senado, William H. Pryor, cuya nominación, descrita como "una de las
más polémicas de la historia reciente", había provocado un gran
revuelo en el Senado, que lo confirmó con la oposición de 45
senadores.
El Senador Kerry, afirmó que el nuevo juez "ha sido un constante
defensor de la disminución de los derechos garantizados por la
constitución" con su "constante búsqueda de opiniones legales
extremas e incorrectas... como resultado nuestro sistema jurídico
federal tendrá menos habilidad para proteger los derechos
constitucionales que nos son tan caros" (Actas del Congreso,
Senado Junio 14, 2005).
Pryor fue criticado por algunos de los principales periódicos, y
fue descrito como un "fanático de derecha que no está capacitado
para juzgar". Sintetizando su historial Jeffrey St.Clair manifestó:
"Él va mucho, mucho más allá que incluso muchos de los ideólogos más
extremistas en su partido". ("Pryor unrestraint", CounterPunch,
Junio 14, 2003).
El Sr. Pryor escribió la opinión de rechazo de la Corte a los
otros temas presentados por la defensa con un lenguaje que en
momentos era más cercano a la vulgar diatriba y a las calumnias
anticubanas que al estilo balanceado y sobrio de los documentos
legales (incluso algunos terroristas bien conocidos, descritos
correctamente como tales por el panel anterior, fueron ahora
convertidos en patrióticos luchadores por la libertad).
Curiosamente, la acusación de "espionaje" fue fabricada de forma tan
torpe y el juicio de Miami incluía otros errores tan obvios, que
Pryor tuvo que estar de acuerdo con los otros dos jueces en anular
las sentencias de tres de los acusados. (Espías sin Espiar,
CounterPunch Agosto 28-30, 2009).
Esta vez el panel estuvo dividido en un punto crucial: el Cargo 3
- conspiración para cometer asesinato. Uno de los jueces, J. Birch,
a pesar de coincidir con la opinión de Pryor reconoció que "este
tema presenta un caso muy cerrado" y reiteró "que la moción para
cambio de sede debió haber sido otorgada" agregando que "Los
acusados estuvieron sujetos a tal grado de daño basado en el
demostrado prejuicio dominante en la comunidad que sus condenas
debieron ser revocadas". (US Court of Appeals for the Eleventh
Circuit N. 01-17176, DC Docket No. 98- 00721 CR-JAL, Page 83).
La Jueza Phillys Kravitch en una impresionante opinión
discrepante de 15 páginas demostró la terrible injusticia cometida
por sus colegas en contra de Gerardo Hernández.
Ella señaló: "Un país no puede legalmente derribar una aeronave
en el espacio aéreo internacional, en contraste con un país que
derribe una nave aérea extranjera dentro de su propio territorio
cuando los pilotos de esas aeronaves que han sido advertidos en
repetidas ocasiones que respeten los límites territoriales, han
dejado caer objetos sobre el territorio, y cuando el objetivo de los
vuelos es desestabilizar el sistema político del país".
Así, la cuestión de si el Gobierno suministró suficiente
evidencia que apoyara la condena a Hernández depende de si presentó
suficiente evidencia para probar que él estuvo de acuerdo en
derribar los aviones en el espacio aéreo internacional, en
contraposición con el cubano. (Ídem Págs. 94-95) y a este
respecto "el Gobierno no pudo señalar ninguna evidencia." (Ídem
Pág. 98).
Pero más allá del tema de la ubicación del incidente "el Gobierno
no pudo aportar en lo absoluto suficiente evidencia de que Hernández
estuvo de acuerdo en el derribo de los aviones. Ninguna de las
comunicaciones interceptadas que el Gobierno presentó en el juicio
muestra un acuerdo para derribar los aviones. Como mucho, la
evidencia muestra un acuerdo para "confrontar" a los aviones de
"Hermanos al Rescate". Pero una "confrontación" no significa
necesariamente un derribo."
Para demostrar que tenía razón hizo referencia a los testimonios
y cintas de video presentadas en el juicio: "Esta evidencia
demuestra lo obvio: existen muchas formas en las que un país puede
"confrontar" a una nave aérea extranjera. Pero el Gobierno no
presentó ninguna evidencia de que cuando Hernández estuvo de acuerdo
en ayudar a "confrontar" a "Hermanos al Rescate" él haya accedido a
que la confrontación fuera un derribo. Concluir que la evidencia sí
muestra esto va más allá de meras inferencias a una total
especulación... Debido a que
tanta evidencia señala hacia una "confrontación" y no hacia un
derribo, yo no puedo decir que un jurado razonable —dada toda la
evidencia— pueda concluir más allá de una duda razonable que
Hernández estuvo de acuerdo con el derribo". (Idem Págs. 96-97)
Esto era tan obvio que el mismo Gobierno había reconocido en una
petición de emergencia "sin precedentes" a esa misma Corte de
Apelaciones que demostrar la inventada culpabilidad de Gerardo en un
crimen tan fabricado constituía un "obstáculo insuperable" para la
fiscalía.
Ese habría sido el caso con un "jurado razonable" en cualquier
otra sede. Pero no en Miami, donde los intimidados jurados estaban
rodeados en la sala del tribunal de una banda de individuos que
proclamaban sus proezas terroristas y habían sido capaces de
secuestrar a Elián González, siempre con total impunidad y que se
unieron al Gobierno en la solicitud del peor castigo para Gerardo.
Eso pudiera haber sido comprendido por cualquier juez razonable.
Pero no por un "fanático de derecha que no está capacitado para
juzgar".
Alguien en la Casa Blanca estaba feliz. Su nombrado en el cargo
le sirvió bien. A Gerardo le confirmaron sus dos cadenas perpetuas
con el voto renuente y paradójico de un juez, Birch, que insistió en
que las "condenas [de todos los Cinco] deben ser revocadas" y una
digna dama que mantuvo su opinión discrepante: "El Gobierno no
presentó ninguna evidencia" para sostener su acusación.
Después del vergonzoso fallo de Pryor los Cinco apelaron a la
Corte en banc. Esta vez ellos no estaban cuestionando una decisión
unánime y bien fundada —como hizo el Gobierno en el 2005— sino una
claramente injusta y prejuiciada que había dividido profundamente al
panel en relación con el Cargo 3, con la Kravitch rechazándola con
impecable consistencia y Birch —después de reconocer sus argumentos,
pero ignorando la presunción de inocencia y sus propias "dudas
razonables"— decidiendo de una manera rara unirse a la posición
pro-Gobierno y a la lógica neoconservadora de Pryor.
Pero esta vez la Corte de Apelaciones confirmó las discutibles
conclusiones del panel. Los jueces de Atlanta incluso se olvidaron
de que fue a ellos a los que el mismo Gobierno les había hecho una
"petición de emergencia" admitiendo que no habían podido probar la
culpabilidad de Gerardo.
(Tomado de CounterPunch y CubaDebate)
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