Las desproporcionadas condenas impuestas a los Cinco
—Gerardo Hernández Nordelo (dos cadenas perpetuas más 15 años),
Ramón Labañino Salazar (una cadena perpetua más 18 años), Antonio
Guerrero Rodríguez (una cadena perpetua más 10 años), Fernando
González Llort (19 años), y René González Seheweret (15 años)—
contrastan claramente con las que se han aplicado en años recientes
en los EE.UU a otras personas acusadas por practicar realmente el
espionaje, a veces a escalas inusuales, e incluso en algunos casos
vinculadas a acciones armadas violentas en contra de los EE.UU.
Ninguno de ellos fue condenado a cadena perpetua; todos recibieron
sentencias inferiores a las de los Cinco cubanos, algunos ya incluso
cumplieron sus sentencias y se encuentran en libertad, y otros,
condenados por espionaje, les han sido retirados los cargos por la
administración de Obama y han sido liberados.
La naturaleza excesiva de las sentencias de los
Cinco constituye una muestra de la motivación política vengativa de
todo el juicio, como también lo son las condiciones de su
encarcelamiento, incluyendo los muy severos obstáculos para las
visitas familiares, que llegan al extremo de haber negado todo el
tiempo las visas a las esposas de René y Gerardo.
Sin embargo, hay un aspecto todavía más revelador
que demuestra que el propósito del gobierno estadounidense era dar
refugio y proteger a los terroristas anticubanos, para evitar que se
descubrieran sus siniestros planes, convirtiéndose así en cómplice y
encubridor de sus futuras atrocidades.
Para la administración Bush, esto era tan importante
o más, que los desproporcionados años de encarcelamiento. Esto fue
lo que la fiscalía dijo, de manera vehemente y en términos bastante
gráficos, cuando solicitó al Tribunal un castigo adicional: la
"inhabilitación".
¿Qué significa esto? En sus propias palabras, para
el gobierno era esencial asegurar que estos cinco individuos, luego
de cumplir sus condenas, nunca más pudieran hacer nada que pudiese
afectar las actividades de los terroristas que operan en Miami bajo
la protección del gobierno estadounidense. Para garantizar esto, los
fiscales solicitaron, y el tribunal les concedió, disposiciones
especiales en cada sentencia, asegurándose de que, luego de
completar su período de encarcelamiento, incluso una o más cadenas
perpetuas, los acusados queden imposibilitados de hacer aquello que
los llevó a la cárcel.
Gerardo, Ramón y Fernando nacieron en Cuba, y como
extranjeros indeseables, una vez terminado su tiempo en prisión
serán expulsados inmediatamente del territorio estadounidense. Esto
fue específicamente incorporado en cada una de sus sentencias,
incluida la de Gerardo, que luego de pasar en prisión 15 años de su
segunda vida será inmediatamente deportado. (Transcripción de la
Audiencia para las Sentencias ante la Honorable Joan A. Lenard, 12
de diciembre del 2001, página 93).
René y Antonio planteaban un problema particular.
Habiendo nacido en Chicago y Florida, respectivamente, ambos son
ciudadanos estadounidenses por nacimiento, y no pueden ser obligados
a abandonar el país. Esto requirió de ideas más imaginativas y de
una inspirada retórica por parte de los fiscales, que hicieron gala
de ambas.
Era necesaria una explicación más franca y precisa
de la "inhabilitación".
Primero vino René, sentenciado "solo" a 15 años. Los
fiscales expresaron sin rodeos su grave preocupación con la
posibilidad de que un hombre todavía joven, fuera liberado y
volviera a intentar hacer de nuevo lo que una vez hizo.
El Tribunal, en atención a la preocupación del
gobierno, añadió este peculiar requisito a la sentencia de René:
"Como una condición especial adicional a la liberación supervisada
se le prohíbe al acusado asociarse con o visitar lugares específicos
donde se sabe que están o frecuentan individuos o grupos tales como
terroristas, miembros de organizaciones que propugnan la violencia o
figuras del crimen organizado". (Transcripción de la
Audiencia para las Sentencias ante la Honorable Joan A. Lenard, 12
de diciembre del 2001, páginas 45-46).
Entonces llegó el turno de Antonio Guerrero, que ya
había recibido una cadena perpetua más 10 años en prisión. Los
fiscales tuvieron que emplear todos los recursos de su elocuencia.
Para el gobierno la "inhabilitación" era de vital importancia. No
podía correr riesgos, y cuando Antonio se enfrentó al Tribunal el 27
de diciembre del 2001, se le añadió a su sentencia, palabra por
palabra, la misma "condición especial" impuesta previamente a René.
Todo esto sucedió en diciembre del 2001, solo 3
meses después del horror del 11 de septiembre. Desde ese fatídico
día, George W. Bush se hizo famoso exigiendo una guerra masiva
contra los terroristas y contra cualquiera que les diera algún tipo
de ayuda. Solo una cita de su reiterativo discurso: "Cualquier
gobierno que apoye, proteja o refugie a terroristas será cómplice en
el asesinato de inocentes, e igualmente culpable de crímenes
terroristas".
Tenemos que tomarle la palabra a George W. Bush.
P.D. En octubre del 2011 René González habrá
cumplido su condena si la defensa no logra sacarlo antes. En
cualquier caso, él estará bajo libertad supervisada durante la
actual administración.¿Intentará el presidente Obama
"inhabilitarlo"? ¿Se le prohibirá a René hacer cualquier cosa que
moleste a los terroristas donde "se sabe que están o frecuentan"?