Derrotado
el tema del cambio de la sede, el resultado del juicio de los Cinco
ya estaba predeterminado. Siguió estrictamente la profecía de la
Reina.
Los medios norteamericanos jugaron un papel muy
importante en dos direcciones. Fuera de Miami un silencio total;
como muy hábilmente describió el abogado Leonard Weinglass, en
contraste con el papel que jugaron en el Condado de Dade, ofreciendo
ambos, medios y Corte, un show de impresionante disciplina.
Los medios locales no solo cubrieron el caso
intensamente, sino que intervinieron activamente en él, como si
fueran parte de la Fiscalía. Los Cinco fueron condenados por los
medios incluso antes de ser acusados.
Muy temprano en la mañana del sábado 12 de
septiembre de 1998, cada medio de comunicación en Miami hablaba sin
parar acerca de la captura de unos "terribles" agentes cubanos,
"dispuestos a destruir los EE.UU." (la frase que la Fiscalía adoraba
y repetiría una y otra vez durante todo el proceso). "Espías entre
nosotros", fue el titular esa mañana. Al mismo tiempo, a propósito,
el jefe del FBI en Miami se encontraba con Lincoln Díaz-Balart e
Ileana Ros-Lehtinen, representantes de la vieja banda de Batista en
el Congreso.
Una campaña de propaganda sin precedentes se lanzó
contra cinco individuos que no podían defenderse, porque estaban
completamente aislados del mundo exterior, día y noche, durante un
año y medio, en lo que se conoce en la jerga de la prisión como "el
hueco".
Un circo de los medios ha rodeado a los Cinco desde
su detención hasta ahora. Pero solo en Miami. En el resto de los
lugares de los EE.UU. la dura situación de los Cinco solo ha
recibido silencio. El resto del país no conoce mucho del caso, y se
le mantiene en la sombra, como si todo el mundo aceptara que Miami
—esa "comunidad muy diversa, y extremadamente heterogénea", según la
descripción del Fiscal—perteneciera efectivamente a otro planeta.
Esto podría haber sido una proposición razonable, si
no fuera por algunos hechos vergonzosos que se han descubierto
recientemente. Algunas de las personas de los medios involucradas en
la campaña de Miami —"periodistas" y otros—fueron pagados por el
gobierno de los EE.UU., figuraban en sus nóminas como empleados de
la máquina de propaganda anticubana de la radio y la televisión, que
ha costado muchos cientos de millones de dólares de los
contribuyentes estadounidenses.
Sin saberlo, los estadounidenses se vieron obligados
a ser muy generosos, de hecho. Hay una larga lista de "periodistas"
de Miami que cubrieron el juicio completo de los Cinco, y, al mismo
tiempo, recibían jugosos cheques federales (para conocer más del
"trabajo" de estos periodistas consultar el sitio
www.freethefive.org).
La decisión de la Corte de Apelaciones en el 2005
también brinda un buen resumen de la campaña propagandística, antes
y durante el juicio. Esa fue una de las razones que llevó al panel a
"invalidar las sentencias y ordenar un nuevo juicio". Miami no era
un lugar para tener siquiera presencia de la justicia. Como dijeron
los jueces "la evidencia presentada [ante el Tribunal de Miami]
respaldando las mociones para cambio de sede fue masiva". (Court
of Appeals for the Eleventh Circuit, No. 01-17176, 03-11087).
Vamos a aclarar algo. Aquí no estamos hablando
acerca de periodistas, en el sentido que pueden estar pensando los
estadounidenses fuera de Miami. Nos estamos refiriendo a los
"periodistas" de Miami, que es algo muy diferente.
Su papel no era publicar las noticias, sino crear un
clima que garantizara las condenas. Incluso convocaron
manifestaciones públicas fuera de las oficinas donde se reunía la
defensa y acosaron a los presuntos miembros del jurado durante la
fase anterior al juicio. El tribunal en cuestión, mostró
preocupación por la "enorme cantidad de solicitudes de vistas
previas a los interrogatorios, aparentemente con el objetivo de
informar a los oyentes, incluidos los posibles miembros del jurado,
acerca de las preguntas antes de que el tribunal las hiciera".
Estamos hablando sobre un grupo de individuos que
acosaron a los miembros del jurado, persiguiéndolos con cámaras por
las calles, filmando sus licencias de conducir y mostrándolas en
televisión; los rastreaban hasta adentro del edificio de la Corte,
por la puerta de la habitación del jurado, durante los siete meses
completos que duraron los procedimientos del juicio, desde el
primero hasta el último día.
La jueza Leonard más de una vez protestó y suplicó
al gobierno que detuviera una mascarada tan deplorable. Lo estuvo
haciendo desde el comienzo del juicio, en varias ocasiones, y hasta
el final. No fue escuchada. (Official transcripts of the trial,
p. 22, 23, 111, 112, 625, 14644-14646).
El gobierno no estaba interesado en celebrar un
juicio justo. Durante el proceso de selección del jurado, la
Fiscalía estaba ansiosa por excluir a la mayoría de los miembros
afro-estadounidenses, así como excluyó a los tres individuos que no
mostraron tener fuertes sentimientos anticastristas.
Por esa fecha Elián González había sido rescatado, y
permanecía en las mentes de los miembros del jurado. Uno de ellos
dijo durante la vista previa de los testigos: "Me preocuparía por la
reacción que podría haber... no quiero que sucedan reyertas ni nada
parecido a los sucesos del caso de Elián". O citando a otro: "Si
quieren saber la verdad¼ yo
estaría hecho un manojo de nervios, tendría miedo por mi propia
seguridad si no regresara con un veredicto de acuerdo con los
intereses de la comunidad cubana".
En medio de esa atmósfera de miedo comenzó el mayor
juicio hasta el momento en la historia estadounidense, y el que los
grandes medios "decidieron" ignorar.