Se juega mucho, es verdad. No solo en Cuba sino en todos los
rincones del planeta donde este deporte va más allá de un
espectáculo para convertirse en pasión: Estados Unidos, Canadá,
México, Japón, Taipei de China, Venezuela, por citar algunos entre
los más sobresalientes.
Y si alguien tiene protagonismo en el béisbol, si resulta una
figura imprescindible, acaparadora de las miradas de la afición
constantemente, ese es el lanzador. Cada movimiento, cada
lanzamiento, es escrutado por técnicos, scouts, aficionados,
etc. Tiene que ser así, pues mientras el pitcher no suelte la pelota
el juego está como en suspenso.
Es, además, el jugador que mayor esfuerzo realiza durante el
desafío. Tirar a 60 pies y 6 pulgadas de distancia una bola de no
menos de 5 onzas de peso y no menos de 9 pulgadas de circunferencia,
a velocidades superiores a las 85-90 millas, como promedio, por
espacio de dos horas o más, constituye un trabajo agotador.
Por esa razón el brazo del lanzador es algo así como una gema, a
la cual hay que cuidar de forma exquisita para que mantenga su
brillo. De ahí la moderna especialización, la división en abridores,
relevistas intermedios (también llamados "preparadores") y
cerradores, para compartir una labor intensa a través de todo el
juego.
Lamentablemente, en este momento pasan de 30 los serpentineros
que han realizado —al menos en una ocasión—, esas funciones
indistintamente, algunos debutantes que, al parecer, aún no han
definido cuál será su status definitivo y veteranos a los que se les
ha echado mano en aras de preservar una victoria, apoyados en su
experiencia.
La Serie Nacional se asemeja a una carrera de maratón, de largo
aliento, donde de nada vale arrancar en punta desde el primer metro
si no se tienen reservas para arribar a la meta. Los buenos
maratonistas trazan una estrategia y se ciñen a ella, metro a metro,
pues el más mínimo error les puede costar muy caro.
No es, no puede serlo, un evento de distancias cortas, un veloz
sprint donde el tiempo no alcanza ni para respirar más de una vez y
donde la estrategia es una sola: avanzar lo más rápido que se pueda.
Treinta o más pitchers trabajando indistintamente como abridores
o apagafuegos cuando estamos solo a un sexto del final de la etapa
clasificatoria, sin contar los play off, motiva la pregunta que le
da título a este comentario: ¿sprint o, maratón?