Compañero
José Ramón Machado Ventura, Segundo Secretario del Comité Central
del Partido y vicepresidente de los Consejos de Estado y de
Ministros;
Habaneras y habaneros;
Dirigentes del Partido, el Gobierno, la UJC y las organizaciones
de masas que nos acompañan; Combatientes del Ejército Rebelde, de la
lucha clandestina, de las FAR y el MININT;
Cubanas y cubanos:
El acontecimiento más trascendental para nuestro pueblo en estos
últimos cincuenta y cinco años es el triunfo revolucionario del
primero de enero de 1959, y en cada nueva celebración se vive un
desborde de júbilo y homenaje al hecho en sí y de agradecimiento
entrañable a la generación que concibió, realizó y protagonizó la
epopeya.
Con la entrada entusiasta de pioneros y jóvenes destacados, junto
a históricos caravanistas, que reeditaron el recorrido de la
Caravana de la Libertad desde Santiago de Cuba a La Habana, imagino
cuántos recuerdos pasan por las mentes de muchos de los presentes y
percibo el honor que siente la juventud cubana al revivir aquella
historia.
Corrían los primeros días de enero de 1959 cuando los cubanos
vivieron las emotivas horas que siguieron al anuncio del
derrocamiento de la sangrienta dictadura. Las calles habaneras se
engalanaban con la bandera nacional. Durante el trayecto, el pueblo
delirante de entusiasmo aclamaba a aquellos valientes hombres de
verde olivo, barbas y melenas. El recuerdo imborrable de esas
jornadas quedó expresado por el Indio Naborí en antológico poema al
decir: "Jóvenes barbudos, rebeldes diamantes, / con trajes de
olivo vienen de las lomas, / y por su dulzura, los héroes
triunfantes/ parecen armadas y bravas palomas".
En este propio lugar, la antigua fortaleza de Columbia, hoy
Ciudad Escolar Libertad, cuartel convertido en bella escuela, que ha
graduado ya desde 1960 más de 184 713 estudiantes de diferentes
niveles de enseñanza, el 8 de enero de 1959, en medio de una enorme
multitud, en tarde histórica en la que la libertad se convirtió en
un hecho y para simbolizarlo una paloma blanca se posó en el hombro
de quien dirigió la lucha, y en memorable discurso, del que se
recuerda, siempre, su repetida pregunta: "¿Voy bien, Camilo?",
el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz expresó su profética frase y
cito: "Creo que es este un momento decisivo de nuestra historia:
la tiranía ha sido derrocada. La alegría es inmensa. Y sin embargo,
queda mucho por hacer todavía. No nos engañamos creyendo que en lo
adelante todo será fácil; quizás en lo adelante todo será más
difícil".
Así ha sido, siempre enfrentando, superando y venciendo
adversidades, limitaciones, planes de desestabilización,
conspiraciones para atentar contra Fidel y otros dirigentes, injusto
bloqueo y calumnioso cerco mediático que no han cesado en 55 años.
Nuestro pueblo ha pagado un alto precio en vidas y en privaciones a
causa de la implacable agresividad imperial. Pero no pudieron
dividirnos ni derrotarnos. Ni fueron capaces, a pesar del enorme
poder de los medios a su servicio, de silenciar el ejemplo de Cuba.
¿Qué crímenes cometimos para merecer ese continuo hostigamiento?
Liquidar el analfabetismo, convertir los cuarteles en escuelas e
implantar la enseñanza gratuita a todos los niveles; atender al
campesinado: el sector de la población históricamente más olvidado;
ofrecer acceso universal, sin costo alguno, a los servicios médicos
y elevar los indicadores de salud y la esperanza de vida a niveles
de los países desarrollados; poner al alcance de todos la cultura,
la ciencia y el deporte; recuperar el patrimonio de la nación que
estaba en manos de las corporaciones extranjeras; repartir la
tierra; trabajar por la igualdad, por la genuina democracia, por
sacar a la nación del cenagal en que la habían hundido el
capitalismo y la dependencia.
Hace 55 años dejamos de ser una oscura colonia de los Estados
Unidos. Los cubanos rescatamos nuestra dignidad plena en enero de
1959. El nombre de Cuba, relacionado hasta entonces con una imagen
degradada y caricaturesca, se instaló de un modo nuevo en el mapa
del mundo. Se convirtió en un símbolo de heroísmo, de independencia,
de decoro y de humanismo.
El triunfo de la Revolución que arribó a la capital aquel 8 de
enero con la Caravana de la Libertad, es el acontecimiento que ha
signado nuestras vidas. Llegó ya a los cincuenta y cinco años con
una obra madura, consolidada y que se renueva, con la peculiaridad
de ser la única de las revoluciones que cumple esa edad con su
dirección histórica viva y al frente, razón más que suficiente para
convocarnos al más sentido y alegre de los homenajes, conscientes de
que hay sobrados motivos para sentirnos legítimamente orgullosos y
rememorar estos hechos.
La significación histórica de la Revolución Cubana fue
ampliamente argumentada por el General de Ejército Raúl Castro Ruz
en el discurso pronunciado el pasado primero de enero en Santiago de
Cuba. Compartimos esas reflexiones que destacan la obra y afirman
que en los momentos más difíciles el pueblo cubano no se rindió,
confió en la dirección revolucionaria, dio muestras excepcionales de
firmeza y legó lecciones cotidianas de heroísmo y espíritu de
sacrificio. Esta capacidad de resistencia alcanzaría más tarde una
relevancia particular cuando en nuestra América empezó a conformarse
un bloque progresista que pudo contar con las contribuciones
solidarias de la Revolución Cubana.
Se asumió el ejercicio de la solidaridad como uno de los valores
básicos más entrañables que nos guían. El gran Nelson Mandela, a
quien rendimos homenaje póstumo hace pocos días, reconoció, con
emotivas palabras, el desprendimiento de los cubanos que viajaron a
África y su papel en la independencia de Angola y Namibia y en el
fin del apartheid. Si después de Girón, como señaló Fidel, los
pueblos de América fueron más libres, puede decirse que los pueblos
de África fueron también más libres después de Cuito Cuanavale.
Precisamente por toda la obra de la Revolución, que trasciende
las fronteras de Cuba, el imperialismo no ceja en sus propósitos de
destruirla. En Santiago, el pasado primero de enero, el General de
Ejército Raúl Castro Ruz, en histórico y memorable discurso
alertaba, refiriéndose a la permanente campaña de subversión
político-ideológica: "En nuestro caso, como sucede en varias
regiones del mundo, se perciben intentos de introducir sutilmente
plataformas de pensamiento neoliberal y de restauración del
capitalismo neocolonial, enfiladas contra las esencias mismas de la
Revolución Socialista...
Sus palabras son una convocatoria a la reflexión y a la acción.
Como apuntó nuestro Presidente, la Revolución dispone de fuerzas
para salir victoriosos en la batalla. Para lograrlo debemos dar
cumplimiento a los objetivos aprobados en la Primera Conferencia
Nacional del Partido con la misma pasión y sistematicidad con que se
han seguido los Lineamientos de la política económica y social
refrendados por el Sexto Congreso.
En tal sentido, desde el Partido, en cada lugar en que actuamos,
debemos cultivar la interrelación incesante y despojada de
formalismos con las masas; desterrar el inmovilismo, los dogmas y
consignas vacías; conjugar la sensibilidad política con la
intransigencia ante las violaciones y la defensa de la
institucionalidad, en un ambiente de orden, disciplina y exigencia.
Nuestros intelectuales, que en abril celebrarán el Congreso de la
UNEAC, tienen en las palabras de Raúl un acicate adicional para
actualizar y defender la política cultural de la Revolución,
consolidar la pertinencia de las instituciones del sector,
contribuir con una mirada crítica y revolucionaria al análisis
colectivo para trazar un programa de ideas y de conceptos que se
contrapongan al bombardeo nocivo de concepciones nihilistas,
supuestamente desideologizadas, con las que pretenden desarmar a
nuestra sociedad. La cultura es y ha de seguir siendo la espada y el
escudo de la nación ante el imperio.
Igualmente las universidades y los centros de investigaciones
sociales, son productores de ideas y cultura, escenario por
excelencia para discutir y reflexionar sobre los grandes problemas
de la sociedad. Deben conceptualizar los procesos que vive la
nación, en particular trabajar en la fundamentación teórica de
nuestro modelo socioeconómico. Tienen un papel insustituible en la
difusión de las ideas marxistas, leninistas y martianas, que no en
balde son motivo de crítica y tergiversación permanentes por parte
de los alabarderos de las peores causas. Debemos estimular el debate
ideológico y la polémica, la capacidad de análisis crítico,
comprometido y revolucionario, el conocimiento y respeto de la
historia, que es la base de la cultura política del ciudadano.
En su estrategia subversiva contra Cuba, el imperialismo tiene
entre sus objetivos priorizados a los jóvenes, en particular a los
estudiantes. Apuesta a la falta de experiencia de vida y a la
rebeldía innata de la juventud. Sueña con introducir una cuña entre
las distintas generaciones que llevamos adelante la Revolución. Lo
sabemos, y no estamos cruzados de brazos: la dirección del Partido
le presta a este tema estratégico una atención especial. Ello
reclama igualmente una labor intencionada de la Unión de Jóvenes
Comunistas y las organizaciones estudiantiles. Aprovecho para
recordar que recientemente se efectuaron los Congresos de la FEU y
la Asociación Hermanos Saíz, cuyos provechosos acuerdos son objeto
de un seguimiento sistemático.
Por otra parte, estamos obligados a perfeccionar los canales de
comunicación en nuestra sociedad. Los Organismos de la
Administración Central del Estado y los Consejos de Administración
tienen una cuota de responsabilidad en la existencia de dudas,
incomprensiones o falta de información sobre las políticas
aprobadas, las normas jurídicas que se establecen o las decisiones
que puntualmente se toman. Otra parte le corresponde a los medios de
comunicación masiva, a los que les falta mucho todavía para ser una
plataforma de debate de los problemas cotidianos del país. No
podemos olvidar que la no atención a las quejas y preocupaciones de
la población, así como la existencia de vacíos informativos,
autocensura y secretismo inútil, son terreno fértil para los que
pretenden destruirnos.
En resumen, el mejor antídoto contra los intentos de subversión
del enemigo es hacer las cosas bien en cada lugar. Es a eso, en
esencia, a lo que nos llamó el General de Ejército el 7 de julio
pasado, cuando nos convocó a dar una batalla frontal contra la
corrupción, el delito, las ilegalidades y las indisciplinas
sociales. Y es que los asuntos abordados en ambas intervenciones de
nuestro Primer Secretario están íntimamente vinculados.
La acción coherente y certera, hasta sus últimas consecuencias,
tiene que encabezarla el Partido, cohesionando a la sociedad en su
conjunto. Que a nadie quepa dudas: no vamos a cejar en ese empeño.
Compañeras y compañeros:
Celebramos este acto en la imponente Habana, capital orgullosa de
todos los cubanos, donde nació José Martí.
Esa es la ciudad que recibió hoy a la Caravana de la Libertad, y
que dentro de unas semanas será sede de la Segunda Cumbre de la
Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños.
La Cuba revolucionaria, que fue expulsada de la OEA bajo las
presiones de los Estados Unidos, ocupa hoy la Presidencia protémpore
de una organización que hubiera sido impensable hace 55 años: la
CELAC. En el presente colaboramos en la construcción de una nueva
unidad latinoamericana y caribeña, concebida dentro de la más amplia
diversidad, e inspirada sin duda en los sueños de Bolívar y Martí,
de Fidel y Chávez.
Este es el país, al que llegarán los representantes de los otros
32 estados de Nuestra América.
Sin triunfalismos, pero con un análisis justo y objetivo, es
innegable lo logrado en 55 años como nación soberana: un país
verdaderamente independiente, con un pueblo libre, instruido,
consciente, solidario y valiente.
Se cumplieron las promesas del Moncada, prevalece la verdad sobre
el engaño, aprendimos a leer para entonces creer y hacer. Son
realidades y derechos conquistados: educación, salud, cultura,
deportes, seguridad social, inclusión, igualdad, participación,
poder popular, democracia, unidad, justicia e internacionalismo. Es
la obra de un pueblo heroico que ha enfrentado los mayores peligros
y soportado dolorosos sacrificios sin perder la alegría, la
confianza, la fe y la esperanza.
Tenemos desaciertos e insatisfacciones. Somos los primeros en
reconocerlo. Hay una economía bloqueada que debemos enmendar y
potenciar, pero que —y decirlo, es hacer justicia— ha sostenido lo
social. Actualizaremos nuestro modelo, lo conceptualizaremos,
enfrentaremos la subversión, seguiremos creciendo desde nuestra
historia y cultura y perfeccionaremos nuestro socialismo, que será
más próspero y sostenible.
Tenemos un sano orgullo por lo logrado, y rendimos un permanente
homenaje a los que abrieron el camino cuando parecía imposible: a
Fidel y Raúl, Camilo, Che y Almeida, a los comandantes de la
Revolución y del Ejército Rebelde, a los combatientes del llano y la
Sierra, a Frank, Vilma, Celia, Haydée, Melba y a las Marianas. Ellas
y ellos arriesgaron muchas veces y ofrendaron sus vidas, en
permanente ejemplo para las generaciones que llegamos después.
Justo es reconocer también a los heroicos combatientes
internacionalistas; a nuestros Cinco Héroes, a los que nacidos
después de la Revolución han asumido dignamente desafíos y
sacrificios, en tiempos de bonanza y en medio del periodo especial;
y a los más jóvenes, esos que también han comprendido que la Patria
es ara y no pedestal.
Este momento es decisivo para nuestra historia, para los cubanos
dignos que acompañamos a la generación histórica en la realización
de nuevos sueños y mayores aspiraciones. ¡Nosotros continuaremos
adelante, conscientes de la fuerza que emana de la unidad y la fe en
la justeza revolucionaria!
Ante nuevos retos obtendremos nuevas victorias.
Patria o Muerte, ¡Venceremos!