Decididamente la llamada industria del entretenimiento le viene
ganando la carrera a la cultura, no pocas veces disfrazándose esa
industria ––y es lo que más duele–– de "producto cultural".

El desarrollo tecnológico ha hecho que niños y jóvenes miren
desconcertados a sus padres y abuelos cuando estos les reprochan no
haber leído uno solo de los libros que ellos, "en su tiempo",
devoraron.
Recriminación ante la cual los aludidos se defienden alegando que
los progenitores vivieron en la edad de piedra, sin "Play Station
Portable", y otras delicias electrónicas que hacen grata la
vida.
El entretenimiento nació para hacerle frente al aburrimiento y
como tal no puede criticársele, pero gradualmente la industria
globalizada que lo aúpa se ha ido introduciendo en el campo de la
cultura y la desvaloriza por día, tratando de reducirla al concepto
de espectáculo vendible.
Es más fácil entonces vender filmes sustentados en los efectos
especiales, que cualquier cinta de calidad premiada en prestigiosos
festivales para satisfacción de aquellos que todavía creen en la
naturaleza de la creación artística y la defienden a cualquier
precio.
La trivialización de la cultura trae aparejada confusiones y
desconciertos. los encargados de lidiar con ella tienen la
responsabilidad de conocer el terreno que pisan para no convertirse
en tontos eficaces, divulgadores de lo que fabrican otros, la mayor
parte de las veces con una intención nada ingenua en lo que a
ideología y política respecta.
Hoy son unos cuantos los que consideran demodé y hasta cansino el
análisis teórico de lo que se consume en el campo del
"entretenimiento cultural", mientras que los fabricantes de esos
productos se aprovechan del repliegue de neuronas para seguir
difundiendo a los cuatro vientos la misma bazofia contaminante y,
para ellos, millonaria.
El desarrollo tecnológico de las últimas décadas ha traído un
aire renovador en no pocos aspectos de la creación artística y
también en sus soportes de divulgación, por lo tanto, restituir la
cultura al sitio que le corresponde no es devolverla mecánicamente a
los cánones del pasado.
Pero la cultura tiene que seguir siendo cultura y ello deben
saberlo tanto los que la juzgan y la difunden, como los que la
crean.