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Haydée y Nuestra América
Roberto Fernández Retamar
(Especial para Granma)*
Heroína del Moncada, la Sierra y la lucha clandestina, Haydée
Santamaría era ya una leyenda viva cuando se le encomendó crear, a
raíz del triunfo revolucionario en 1959, la Casa de las Américas. Y
lo hizo con la misma capacidad y la misma pasión con que hizo todo.
Llevó a la nueva tarea su valor, su carisma, su excepcional
inteligencia, su intuición, su bondad, su don para dirigir, su
lealtad a Fidel. Martiana de raíz, se volcó en lo que el Maestro
había llamado "Nuestra América". Atrajo a grandes figuras del área,
como el argentino Ezequiel Martínez Estrada, el guatemalteco Manuel
Galich, quien fundó la dirección de Teatro, el uruguayo Mario
Benedetti, quien hizo nacer el Centro de Investigaciones Literarias,
los cubanos Mariano Rodríguez y Harold Gramatges, fundadores,
respectivamente, de las direcciones de Artes Plásticas y Música.
(Sobrevivimos en la Casa, del Consejo de Dirección del tiempo de
Haydée, las compañeras Marcia Leiseca, Silvia Gil y Chiki Salsamendi
y quien esto escribe.)
Alfredo
Guevara y Haydée Santamaría, en la constitución del jurado Casa de
las Américas 1978.
Además de cubanos, Haydée mantuvo relaciones estrechas con
muchísimos intelectuales latinoamericanos, como los argentinos
Arnaldo Orfila, Julio Cortázar, David Viñas y Haroldo Conti, los
uruguayos Idea Vilariño, Ángel Rama y Eduardo Galeano, los
colombianos Gabriel García Márquez y Alejandro Obregón, los
dominicanos Camila Henríquez Ureña y Juan Bosch, el venezolano
Aquiles Nazoa, el mexicano Efraín Huerta, el peruano José María
Arguedas, los salvadoreños Claribel Alegría y Roque Dalton, los
chilenos Roberto Matta y Víctor Jara, el brasileño Thiago de Mello,
el nicaragüense Ernesto Cardenal, el ecuatoriano Jorge Enrique Adoum,
el puertorriqueño Manolín Maldonado Denis, para solo mencionar a
algunos. He contado en otras ocasiones lo aleccionador que era, por
ejemplo, ver a un escritor como Cortázar o a un pintor como Matta
escuchar a Haydée con inmensa admiración, reconociendo la sabiduría
de aquella mujer autodidacta y genial.
Se sabe lo decisiva que fue la defensa que Haydée hiciera de
jóvenes músicos cubanos como Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Noel
Ni-cola. En ocasión memorable, Silvio dijo que el útero de la Nueva
Trova había sido la Casa de las Américas: se refería, en verdad, a
Haydée. Igual sentido de justicia la llevó a ella a intensificar su
presencia en la Casa durante lo que Ambrosio Fornet llamó "el
Quinquenio Gris".
Con la conducción de Haydée la Casa, a semejanza de lo que hizo
el ICAIC dirigido por Alfredo Guevara, logró que Cuba conservara
vínculos con los demás países de nuestra América cuando los
gobiernos de estos, salvo la honrosa excepción de México, rompieron
relaciones diplomáticas con Cuba cumpliendo órdenes imperiales. La
conducta inquebrantablemente revolucionaria de Haydée la llevó a
presidir, a mediados de 1967, la conferencia de la Organización
Latinoamericana de Solidaridad (OLAS). Al inaugurarse dicha
conferencia, un telón de fondo ostentaba el rostro de Simón Bolívar;
y al clausurarse, el rostro era el del Che, quien peleaba entonces
en Bolivia. Su asesinato, meses más tarde, hizo que Haydée le
escribiera una conmovedora carta, publicada al frente de la entrega
que dedicó al héroe la revista que es órgano de la Casa.
La Casa de las Américas sigue y seguirá siendo la Casa de Haydée.
Los que tuvimos el privilegio de trabajar junto a ella, y los nuevos
que nos acompañan, sabemos todos que la Casa es su hechura, y que
están vivas sus claras orientaciones.
*Prestigioso intelectual cubano, Presidente de Casa de las
Américas. |
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