Fue exactamente un 1ro. de enero cuando la pequeña nación del
Caribe conquistó el triunfo de la insurrección de negros esclavos y
mulatos, quienes aprendieron a sentir la libertad, a procurarse la
justicia por sí mismos, a organizarse en ejército y fundar la
primera república negra del continente, a la que nombraron Ayiti o
Haití (que en su lengua significa tierra montañosa).
Aquellos revolucionarios, encabezados por Toussaint Louverture
—el Espartaco Negro—, lucharon durante 13 años. La sublevación costó
más de 200 000 muertes de criollos y franceses, bajo el mando de
Napoleón. Sin embargo, el primer día de 1804 el general Dessalines
proclamó la independencia del país, que luego se dotó de una
constitución que establecía que todas las personas nacen y son
libres. Desde ese entonces, la primera nación negra emancipada pasó
de la rebelión a la maldición.
Las potencias coloniales le dieron la espalda a la naciente
república. En uno de sus artículos, Ignacio Ramonet apunta: "Ese mal
ejemplo se lo hicieron pagar. Nadie ayudó a la nueva república
negra. Al contrario, todos la boicotearon (... ) como si se
prolongase el escarmiento a los esclavos por haber osado liberarse".
El país se derrumbó en guerras civiles y el paisaje, muchas veces
incendiado y desforestado, se volvió ensordecedor. A la cuenta de
calamidades políticas y sociales se sumaron después la ocupación de
Estados Unidos que duró 35 años; dictadores despóticos como Duvalier;
dos golpes de Estado al gobierno de Jean-Bertrand Aristide; la
presencia de Naciones Unidas mediante el destacamento de la Misión
de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH); las
catástrofes naturales y las enfermedades.
Con una sorprendente historia de liberación y una amplísima y
rica cultura, Haití pudo haber sido el paraíso de este mundo. Pero
lo cierto es que la inestabilidad política, la miseria crónica, la
ignorancia, el abandono, la fragmentación y el ostracismo a nivel
internacional la han convertido en la nación más pobre del
continente.
Hoy, cuando pocos parecen recordar la grandeza de los héroes
haitianos, cuando el país caribeño solo llena titulares en los
grandes medios por su cataclismo histórico, los haitianos se dan a
la tarea de intentar levantar su país. Solo de esa manera serán
capaces de variar el curso de su condición desheredada, de vindicar
su tradición con la misma luz de sus antepasados.
Nuestros países latinoamericanos también lo han asumido como
tarea de todos y es así que, poco a poco, el primer país que
conmemoró el bicentenario de su independencia en América Latina
podrá nuevamente levantar su historia.