Cuando fui prisionero, por suerte, muchos días después que cesó
la represión y la matanza de compañeros que asaltaron el Moncada, no
me pegaron, a mí no me dieron, no pasé por esa experiencia. Dentro
de esa circunstancia traté de portarme lo más dignamente posible,
sin insolencia, y me pasaron por hileras de soldados que me iban
insultando y el capitán y los oficiales que me llevaban se lo
pedían: "Démelo, Capitán, para hacer justicia".
Cinco años, cinco meses y cinco días después, el primero de
enero, entramos a Santiago de Cuba y yo fui al cuartel Moncada a
hablarle a toda esa gente, y ahora entré entre vítores por el mismo
lugar, y llevé un solo escolta, y les hablé. La misión era recoger a
todos los oficiales y llevarlos a El Escandel, al lado del Caney,
para que hablaran con Fidel. De ahí yo no pude salir, me cargó una
multitud de soldados y sargentos, me llevó al barrio de ellos, ahí
al lado del cuartel Moncada, y allí estuve, no podía salir de allí,
me dieron café, etcétera, etcétera.
Estoy hablándole a la tropa, y empiezan: "Gerolán, Gerolán", y
les pregunto a los oficiales de Batista, ¿Qué es el Gerolán ese?, no
me hacían caso, "¡Gerolán!", y yo hablando a puro pulmón, desde un
balcón, y, ¡qué vá!, nadie me decía lo que era el Gerolán, y no me
dejaban hablar. El que iba conmigo no sabía tampoco; hasta que un
oficial, me parece que era contador, algo ahí de la logística, un
teniente o subteniente, se me acerca y dice: "Oiga, Comandante,
Gerolán es el salarito extra que les dan cuando están en campaña" y
digo: "¿Y qué, no se lo han pagado?" Me responden: "No, porque aquí
ni se reportaban los muertos para poder robarse el dinero los
jefes". Entonces digo: "Mañana, cuando la fortaleza esté en manos
nuestras, Gerolán para todos ustedes". ¡Eeehhh!, se acabó el mundo.
Digo: ¡Qué tropa tenemos delante aquí! Pedimos un préstamo a un
banco y les pagamos el Gerolán...
Bueno, ¿y qué es lo que era el Gerolán? Era un jarabillo malo por
ahí, que creo que tenía propiedades especiales, que los charlatanes
toman.