Finaliza el año con guerras sin concluir y países ocupados por
fuerzas militares foráneas; con añoranzas coloniales; bombardeos a
poblaciones indefensas y una buena carga de incertidumbre respecto a
las armas atómicas.
Millones de personas protestan en las calles de Europa mientras
que, el país patrón del modelo capitalista, Estados Unidos, se
debate entre una persistente crisis económica, social y de
credibilidad, y las instituciones financieras internacionales como
el FMI y el Banco Mundial, "hacen zafra" según el argot popular, con
los préstamos condicionados y la salvaguarda de las grandes
instituciones bancarias.

Los
jóvenes sin empleo y sin presente encabezan la mayoría de las
movilizaciones populares en Europa.
Como si la crisis fuera irreal, tanto el Complejo Militar
Industrial de Estados Unidos como los vendedores de armas, han
conducido al gobierno de Barack Obama a mantener y emprender nuevas
guerras que faciliten la venta de equipos bélicos.
A la vez, el llamado lobby militar se concentra en hacer desistir
al Presidente de la idea de un mayor control para la venta de armas
dentro del territorio norteamericano, donde mueren niños, jóvenes y
adultos, estudiantes y hasta espectadores de un cine, cuando alguien
que pudo comprar libremente una o varias ametralladoras, embistió
contra personas inocentes.
Esa filosofía ha sido más fuerte y predominante que la de llevar
adelante reformas sanitarias y migratorias en bien de millones de
ciudadanos carentes de seguro médico o declarados ilegales en el
rico país que tanto ha necesitado de esa fuerza de trabajo que mal
paga.
En Europa, mientras tanto, la larga penumbra de la crisis no solo
se agudizó en el 2013, sino que llega al 2014 sin augurio alguno de
una pronta recuperación.
En Bruselas, la sede de la Unión Europea, la única solución
"encontrada" a la crisis de cada país es la imposición de políticas
de recortes sociales, a la vez que las cabezas calientes de la OTAN
continúan con la absurda tesis de que los recortes de defensa en la
región ponen en peligro la seguridad de los estados que la componen.
Al respecto el secretario general de la Alianza Atlántica, Anders
Fogh Rasmussen, insiste en cada discurso en que los países de la UE
inviertan en el sector armamentista.
Por ejemplo en España, el gasto militar en la última década
aumentó un 29%; mientras en las listas por países según los gastos
bélicos, Reino Unido ocupa el cuarto lugar mundial, Francia el
quinto, Alemania el noveno e Italia el undécimo.
Las cien mayores empresas del sector en el Viejo Continente
vendieron armas por valor de unos 318 mil millones de euros en el
2011, un 51% más, en términos reales, que en el 2002.
Mientras el desesperanzador debate se centra en esos temas que
más que solucionar lo que hacen es agravar la crisis, la revista The
Lancet advierte en un artículo firmado por decenas de médicos, sobre
la pérdida de la calidad sanitaria en España.
En los últimos años, dice la publicación, los presupuestos de
servicios sociales y salud fueron recortados un 13,7 % en el 2012 y
en un 16,2% en el 2013.
Contradictorio en su más alta expresión es que en este mismo
periodo de crisis y de aumento del gasto militar, en el mundo unos
200 millones de trabajadores perdieron sus puestos de labor; lo que
significa que de cada 100 personas en edad de trabajar, 40 no tienen
ocupación, según datos del FMI.
Se trata de una crisis sistémica que ha llevado a la humanidad a
vivir bajo el paraguas de la insolvencia y la incertidumbre y con la
mirada puesta en un año 2014 lleno de incógnitas y donde los
gobiernos europeos parecen comprometidos solo con las políticas
neoliberales.