Cualquier edificio, en cualquiera de sus cuatros lados es un
símbolo, una historia en sí mismo; pero sin duda es el de aspecto
más antiguo (aunque ciertamente no lo es), el del largo balcón
saliente desde una fachada blanca, el llamado Ayuntamiento o Palacio
Municipal de Gobierno, el que grafica con más elocuencia el capítulo
épico del triunfo de la Revolución, hace 55 años.
La memoria santiaguera siempre exalta sobre aquel edificio el
instante glorioso de la victoria rebelde, aquel primero de enero en
que Fidel anunció el suceso a Cuba y al mundo, y a pesar de la
euforia, de la ovación, de la mente prodigiosa ocupada —mientras la
voz discursaba— en repasar los hechos sucedidos, en indicar las
tareas más urgentes, en señalar los principios éticos de la
Revolución triunfante... , no olvidó agradecer a su pueblo por la
fidelidad y el incondicional apoyo en los años más duros de la
guerra, incluso desde el episodio del Moncada.
En 1984, justo 25 años después, el mismo balcón fue el testigo
mudo de un gesto que resumió aquella gratitud en un nombramiento
oficial, cuando el propio Fidel entregó a la ciudad el título
honorífico de Héroe de la Re-pública de Cuba y la Orden Antonio
Maceo.
Por eso, entre otros méritos, inició allí la restauración general
de la Plaza Carlos Manuel de Céspedes, con vistas a la celebración
del aniversario 55 del triunfo de la Revolución.
"Fue restaurada la cubierta, toda la carpintería que conforman
escalera, barandas, balcones y ventanas, las farolas decorativas y
las lámparas de estilo. También los baños quedaron rehabilitados, el
piso restaurado y brillado, mejorado el mobiliario interno y la
pintura general devolvió el esplendor a las paredes y sus detalles",
explicó a Granma el arquitecto Omar López, Con-servador de la
Ciudad y coordinador principal del remozamiento de la plaza.
Es él mismo quien aclara que aunque lo parezca por su fachada, no
es el Ayuntamiento el edificio más antiguo. "Se construyó entre los
años 1951 y 1954. Es curioso, pero aún no estaba terminado cuando
los hechos del Moncada; sin embargo, le tocó ser escenario principal
de la fecha más relevante para los cubanos".
"No obstante, el edificio más antiguo, no solo del entorno, sino
de la ciudad entera, queda al cruzar la calle. Hoy Museo del
Ambiente Histórico Cubano, más conocido por Casa de Diego Velázquez
—por haberla mandado a construir el conquistador, aunque ningún
documento avala que la vivió—, también recibió acción
reconstructiva.
"Con masilla de cal fueron restauradas las paredes —erigidas en
el primer tercio del siglo XVI—; reparado el techo de tejas
criollas; teñida y uncida con aceite de teca toda la carpintería;
restituido el piso de cerámica dañado y pintado todo el inmueble".
Ciertamente luce una imagen rejuvenecida, de tal modo que quien
ignore su origen no lo adivinaría como el más antiguo; mucho menos
por la curiosa ubicación justo al lado, compartiendo la cuadra, con
el edificio más moderno del centro histórico santiaguero: "la sede
del Banco Nacional de Cuba, un inmueble racionalista construido en
1956, también pintado para la venidera celebración", calza López.
En la acera opuesta a la del Ayuntamiento, tal como indicaba la
Ley de Indias —los poderes civil y religioso, uno frente al otro— se
erige la Catedral de Santiago, apretada entre innumerables andamios
y encofres que señalan una reparación intensiva con vistas al medio
milenio de la ciudad, en el 2015.
"En el sagrado lugar, única catedral concebida con tal condición
desde su construcción inicial, primera sede del Obispado de la Isla
(1522), y donde hizo casi toda su música Esteban Salas y los
maestros sucesivos, es visible el ajetreo de constructores que
rehabilitan la cúpula mayor —la más grande de madera en Cuba—, la
torre del reloj y todo el sistema eléctrico. No obstante, aunque
aquellos objetos de obra demoran, su fachada monumental y atrio
imponente ofrecen ya una imagen limpia y reparada, digna de la
conmemoración cercana", apunta López.
En el cuarto segmento de acera, a la izquierda del Ayuntamiento,
otros dos edificios monumentales exaltan con su elevación y cuidado
la relevancia de la plaza santiaguera.
El hotel Casagranda, cercano a sus 100 años, viste sus mejores
galas después de un huracán Sandy que le dañó el techo metálico —ya
re-puesto— del roof garden del piso superior; y a su costado
inmediato destaca la imponente arquitectura de la Casa Municipal de
Cultura, que por su empleo actual en beneficio del pueblo, no al
divertimento de la burguesía que antes servía, expresa claramente
uno de los más revolucionarios principios que llegaron con el
primero de enero de 1959: la cultura es patrimonio colectivo, no
privilegio de una minoría empoderada.
"Como la catedral, hoy también recibe acciones intensivas de
reparación, pero al menos su estructura exterior honra con su
pulcritud y engalanamiento la fecha que se avecina. Es preciso
resaltar que en uno de sus balcones fue izada la bandera cubana, en
gesto de patriótica protesta ante la afrenta que significó el izaje
del estandarte imperial de las barras y las estrellas sobre el
Ayuntamiento; cuando los interventores norteamericanos derrotaron a
los españoles, impidieron a los mambises la entrada a la ciudad y la
tomaron ellos en 1898", subraya López.
En fin, que la Plaza Carlos Manuel de Céspedes, de Santiago, luce
en todas sus dimensiones una imagen digna del homenaje que significa
la fecha más importante para los cubanos.
Hasta la arboleda arrancada de los jardines centrales por los
vientos de Sandy, reverdece en los retoños erguidos de los ficus
donados por la Oficina del Historiador de Camagüey, y ningún detalle
le ha faltado por repasar al mantenimiento puntual de los bancos, el
piso de granito, las farolas del "parque Céspedes", como prefieren
llamarle sus asiduos.
Es cierto, después de Sandy aún hay muchas casas por levantar y
techos por reponer todavía. A un ritmo acelerado se construyen unas
y reconstruyen otras; pero el santiaguero no descuida la historia
suya, y a la par de las paredes y los techos, también restaura los
muros que hablan del arrojo, la tradición, la hospitalidad, y el
espíritu de sangre y plomo que lo hizo héroe, a él, y al Santiago de
toda Cuba.