Santiago de cuba

Una plaza más joven para un aniversario histórico

La plaza que anunció el triunfo de la Revolución es remozada para la conmemoración

Dilbert Reyes y Eduardo Palomares

SANTIAGO DE CUBA.— Ha existido por casi cinco siglos, el tiempo exacto que separa la actualidad del propio nacimiento de la ciudad.

Con las épocas le han variado los nombres: Plaza de Armas, Mayor, Principal, de la Constitución, de la Reina; pero es Carlos Manuel de Céspedes la identificación última y vigente hasta hoy, aun cuando los santiagueros prefieran llamarle parque y no plaza.

fotos: dilbert reyes Intensas han sido las labores para devolverle su esplendor al Ayuntamiento.

Cualquier edificio, en cualquiera de sus cuatros lados es un símbolo, una historia en sí mismo; pero sin duda es el de aspecto más antiguo (aunque ciertamente no lo es), el del largo balcón saliente desde una fachada blanca, el llamado Ayuntamiento o Palacio Municipal de Gobierno, el que grafica con más elocuencia el capítulo épico del triunfo de la Revolución, hace 55 años.

La memoria santiaguera siempre exalta sobre aquel edificio el instante glorioso de la victoria rebelde, aquel primero de enero en que Fidel anunció el suceso a Cuba y al mundo, y a pesar de la euforia, de la ovación, de la mente prodigiosa ocupada —mientras la voz discursaba— en repasar los hechos sucedidos, en indicar las tareas más urgentes, en señalar los principios éticos de la Revolución triunfante... , no olvidó agradecer a su pueblo por la fidelidad y el incondicional apoyo en los años más duros de la guerra, incluso desde el episodio del Moncada.

En 1984, justo 25 años después, el mismo balcón fue el testigo mudo de un gesto que resumió aquella gratitud en un nombramiento oficial, cuando el propio Fidel entregó a la ciudad el título honorífico de Héroe de la Re-pública de Cuba y la Orden Antonio Maceo.

Dos edificaciones emblemáticas de la plaza: a la izquierda el edificio más moderno; a la derecha el más antiguo.

Por eso, entre otros méritos, inició allí la restauración general de la Plaza Carlos Manuel de Céspedes, con vistas a la celebración del aniversario 55 del triunfo de la Revolución.

"Fue restaurada la cubierta, toda la carpintería que conforman escalera, barandas, balcones y ventanas, las farolas decorativas y las lámparas de estilo. También los baños quedaron rehabilitados, el piso restaurado y brillado, mejorado el mobiliario interno y la pintura general devolvió el esplendor a las paredes y sus detalles", explicó a Granma el arquitecto Omar López, Con-servador de la Ciudad y coordinador principal del remozamiento de la plaza.

Es él mismo quien aclara que aunque lo parezca por su fachada, no es el Ayuntamiento el edificio más antiguo. "Se construyó entre los años 1951 y 1954. Es curioso, pero aún no estaba terminado cuando los hechos del Moncada; sin embargo, le tocó ser escenario principal de la fecha más relevante para los cubanos".

Una vista general de la plaza Carlos Manuel de Céspedes.

"No obstante, el edificio más antiguo, no solo del entorno, sino de la ciudad entera, queda al cruzar la calle. Hoy Museo del Ambiente Histórico Cubano, más conocido por Casa de Diego Velázquez —por haberla mandado a construir el conquistador, aunque ningún documento avala que la vivió—, también recibió acción reconstructiva.

"Con masilla de cal fueron restauradas las paredes —erigidas en el primer tercio del siglo XVI—; reparado el techo de tejas criollas; teñida y uncida con aceite de teca toda la carpintería; restituido el piso de cerámica dañado y pintado todo el inmueble".

Ciertamente luce una imagen rejuvenecida, de tal modo que quien ignore su origen no lo adivinaría como el más antiguo; mucho menos por la curiosa ubicación justo al lado, compartiendo la cuadra, con el edificio más moderno del centro histórico santiaguero: "la sede del Banco Nacional de Cuba, un inmueble racionalista construido en 1956, también pintado para la venidera celebración", calza López.

En la acera opuesta a la del Ayuntamiento, tal como indicaba la Ley de Indias —los poderes civil y religioso, uno frente al otro— se erige la Catedral de Santiago, apretada entre innumerables andamios y encofres que señalan una reparación intensiva con vistas al medio milenio de la ciudad, en el 2015.

"En el sagrado lugar, única catedral concebida con tal condición desde su construcción inicial, primera sede del Obispado de la Isla (1522), y donde hizo casi toda su música Esteban Salas y los maestros sucesivos, es visible el ajetreo de constructores que rehabilitan la cúpula mayor —la más grande de madera en Cuba—, la torre del reloj y todo el sistema eléctrico. No obstante, aunque aquellos objetos de obra demoran, su fachada monumental y atrio imponente ofrecen ya una imagen limpia y reparada, digna de la conmemoración cercana", apunta López.

En el cuarto segmento de acera, a la izquierda del Ayuntamiento, otros dos edificios monumentales exaltan con su elevación y cuidado la relevancia de la plaza santiaguera.

El hotel Casagranda, cercano a sus 100 años, viste sus mejores galas después de un huracán Sandy que le dañó el techo metálico —ya re-puesto— del roof garden del piso superior; y a su costado inmediato destaca la imponente arquitectura de la Casa Municipal de Cultura, que por su empleo actual en beneficio del pueblo, no al divertimento de la burguesía que antes servía, expresa claramente uno de los más revolucionarios principios que llegaron con el primero de enero de 1959: la cultura es patrimonio colectivo, no privilegio de una minoría empoderada.

"Como la catedral, hoy también recibe acciones intensivas de reparación, pero al menos su estructura exterior honra con su pulcritud y engalanamiento la fecha que se avecina. Es preciso resaltar que en uno de sus balcones fue izada la bandera cubana, en gesto de patriótica protesta ante la afrenta que significó el izaje del estandarte imperial de las barras y las estrellas sobre el Ayuntamiento; cuando los interventores norteamericanos derrotaron a los españoles, impidieron a los mambises la entrada a la ciudad y la tomaron ellos en 1898", subraya López.

En fin, que la Plaza Carlos Manuel de Céspedes, de Santiago, luce en todas sus dimensiones una imagen digna del homenaje que significa la fecha más importante para los cubanos.

Hasta la arboleda arrancada de los jardines centrales por los vientos de Sandy, reverdece en los retoños erguidos de los ficus donados por la Oficina del Historiador de Camagüey, y ningún detalle le ha faltado por repasar al mantenimiento puntual de los bancos, el piso de granito, las farolas del "parque Céspedes", como prefieren llamarle sus asiduos.

Es cierto, después de Sandy aún hay muchas casas por levantar y techos por reponer todavía. A un ritmo acelerado se construyen unas y reconstruyen otras; pero el santiaguero no descuida la historia suya, y a la par de las paredes y los techos, también restaura los muros que hablan del arrojo, la tradición, la hospitalidad, y el espíritu de sangre y plomo que lo hizo héroe, a él, y al Santiago de toda Cuba.

 

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