La colosal obra de la Farola

120 años después del reclamo de los pobladores de Baracoa, el triunfo del 1ro. de Enero hizo posible esta maravilla de la ingeniería civil cubana

Jorge Luis Merencio Cautín

GUANTÁNAMO.— En su experiencia de más de 40 años como jefe de obras de la construcción, el guantanamero Luis Enrique Destén Ruiz tuvo a su cargo la ejecución de la emblemática Avenida Camilo Cienfuegos, de las presas La Yaya y Jaibo, del tortuoso vial de acceso a la torre de transmisión radiotelevisiva Los Guineos (en Baracoa) y de otras cuantiosas instalaciones en esta oriental provincia.

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Vista parcial de la majestuosa obra.

Pero su tarea magna la tuvo, sin duda, en la construcción del Viaducto La Farola, majestuoso tramo de la carretera Vía Azul incluido en febrero de 1997 entre las siete maravillas de la ingeniería civil cubana.

La construcción de los 36 km del Viaducto La Farola inició en abril de 1964 y concluyó en diciembre de 1965. Fueron 20 meses de trabajo descomunal, de derroche de heroicidad y soluciones técnicas para vencer el recorrido adosado a la ladera de la montaña en el macizo Sagua-Baracoa.

"Las condiciones del terreno eran muy peligrosas, pues abundaban las pendientes, los abismos, las lluvias, los derrumbes. Además, el terraplén era sumamente estrecho, lo que dificultaba la circulación de los camiones y otros medios automotores de trabajo", repasa una y otra vez en su memoria Luis Enrique, ahora con 85 años de edad.

Auxiliado en el diálogo con Granma por uno de sus hijos, Destén Ruiz, opina que el mérito del vial no solo está en el tiempo récord en que se concluyó, sino también en la calidad con que se hizo y en el hecho de construirse sin parar la circulación de vehículos, lo que implicó mantener la transportación de mercancías y pasajeros entre Guantánamo y Baracoa y entre esa antiquísima urbe con el resto del país.

FOTOS DEL AUTORLa construcción de La Farola fue una obra colosal, comenta Luis Enrique Destén.

Rememora que para facilitar el tránsito de vehículos en medio de los trabajos, se definieron horarios para los que circulaban desde Baracoa y para los que buscaban llegar a esa bella ciudad.

Según nuestro entrevistado, quien entonces tenía 37 años, hubo momentos en que los trabajadores sumaron más de 500 y las labores se extendieron las 24 horas del día. "Para ello se organizaron diferentes brigadas, de manera que cuando unas laboraban, otras descansaban y viceversa".

LA OBRA, TÉCNICAMENTE HABLANDO

El macizo montañoso de La Farola se ex-tiende desde el puente de Las Guásimas, en el poblado de Veguita del Sur, hasta el lugar conocido por El Mirador de Alto de Cotilla. Ejecutar el viaducto por ese trecho exigió profundos estudios técnicos, ya que la montaña está formada por rocas de serpentina, cuyas masas alcanzan en algunos casos hasta 200 metros sobre el nivel de la vía.

En esa zona, además, el régimen pluvial es muy abundante, lo que hacía recomendable utilizar pavimento de hormigón. Por otra parte, la serpentina impedía el uso de la dinamita, pues esta le hubiera restado fortaleza a la roca y provocado deslizamientos.

Esos elementos fueron estudiados por los ingenieros Maximiliano Isoba García, como proyectista general, y su auxiliar Luis Pérez Cid, quienes determinaron hacer una carretera de hormigón, de 6 metros de ancho, y en los lugares donde el terraplén no daba el ancho, en lugar de ampliar los cortes en la loma, se levantó un viaducto sobre el precipicio con vigas de hormigón prefabricadas, sobre pilotes del mismo material.

La solución contemplaba vigas prefabricadas en forma de T, colocadas perpendiculares al eje de la vía y apoyadas en pilotes de mortero fundidos in situ, de 40 cm de diámetro, con una cimentación en forma de dado, de 1,2 x 1,2 metros y altura variable, anclado a la roca.

"En no pocas ocasiones los operarios de martillos neumáticos tuvieron que perforar el terreno colgados de sogas ante el precipicio. En otros momentos se colocó una silla en la punta del boom de la grúa, y el operador sentado en ella, prácticamente en el aire, martillaba el sitio escogido hasta cumplir la tarea", relató a este periodista hace unos años Santiago Daissón (más conocido por El Guardia), quien fuera jefe de una de las brigadas constructoras.

Con la terminación del Viaducto La Farola, Baracoa salió de su histórico aislamiento. Desde 1840 los habitantes de la Primera Villa de Cuba fundada por Diego Velázquez, habían logrado que la Junta de Fomento aprobara créditos para la obra, pero solo fue con el advenimiento de la Revolución, casi 120 años después, que aquellos sueños se hicieron realidad.

Por esta vía transita hoy alrededor del 96 % de las personas que entran o salen de Baracoa, y del 80 % de las mercancías. Esas cantidades expresan, en sí mismas, la trascendencia económico-social del viaducto, el que por su calidad, majestuosidad y derroche del pensamiento ingenieril se erige como permanente reconocimiento a los constructores cubanos.

Unos 30 trabajadores de los municipios de Imías y Baracoa, integrados en tres brigadas, tienen como tarea la preservación del vial. Ellos, empero, se dedican a reparaciones meno-res, a la higienización de la calzada, alcantarillas y tragantes, corrección de las juntas y grietas, así como a la evacuación de los pequeños derrumbes, entre otras labores como la chapea de faja, la poda de árboles y la pintura de pilotes, puentes y barandas.

La Farola, sin embargo, opina este reportero, necesita, cuando las condiciones del país lo permitan, una reparación capital que corrija los hundimientos (baches) existentes sobre todo en el centro de la vía. Esos hoyos, contados por decenas en un reciente viaje a Baracoa, por lo general acumulan agua, que acelera el daño. También es necesario corregir el deterioro de las barandas y pilotes, causado principalmente por el impacto de los vehículos y los accidentes.

Mantener para tener, aconseja el sentido común.

 

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