— ¿Y de qué tamaño es esa aldea?, le interrogó Guevara.
Armando, un veterano luchador comunista de la zona, convertido
luego en guerrillero de la Sierra Maestra e invasor de la Columna 8
Ciro Redondo, había calculado tan bien el alcance de la acción que
no vaciló un segundo en hacérselo saber: "No es una aldea —le dijo—,
es la ciudad más grande tomada hasta hoy por el Ejército Rebelde".
Él tenía instrucciones expresas del Che de hostigar a Sancti
Spíritus, pero sin pretender ocupar aquella plaza defendida por
cientos de soldados bien armados. "Le tiras unos tiritos al cuartel
y luego te vas", le había encomendado Guevara, cuyas tropas a la
sazón combatían también en Cabaiguán, Guayos y La Trinchera, un
punto de la Carretera Central que colinda con la actual cabecera
provincial espirituana.
Pero como en la guerra no siempre dos más dos suman cuatro, la
incursión de los pelotones comandados por Armando y el también
capitán Julio Castillo se combinó con la sublevación espontánea de
los espirituanos y el pánico de una soldadesca que se creía sitiada
por un millar de asaltantes, en una suerte de concertación que a la
postre decidió la victoria del 23 de diciembre.
Ya de recorrido por la ciudad —le contaría muchos años después el
luchador espirituano a este reportero— el Che supo aquilatar
verdaderamente la magnitud de una acción con la que, según dijo,
Sancti Spíritus había ganado su independencia y Armando, los grados
de Comandante.
La euforia de entonces fue recordada este lunes por miles de
espirituanos de todas las edades en acto efectuado en la Plaza de la
Revolución Mayor General Serafín Sánchez Valdivia, donde también se
dieron cita protagonistas de aquella gesta y las principales
autoridades de la provincia, encabezadas por José Ramón Monteagudo
Ruiz, miembro del Comité Central y primer secretario del Partido en
Sancti Spíritus, y Teresita Romero Rodríguez, presidenta de la
Asamblea Provincial del Poder Popular.
Osbel Lorenzo Rodríguez, primer secretario del Partido en el
municipio de Sancti Spíritus, al concluir el homenaje evocó el valor
de aquellos hechos y significó el deber de las actuales generaciones
de preservar la libertad conquistada.